KISKE SOMERVILLE / K/S


Un dueto que pocos esperarían en el camino del heavy metal, Michael Kiske, ex vocalista de Helloween y Amanda Somerville, una cantante que ha deleitado con su voz en distintos proyectos y como solista.

Se unen en esta producción que bien pudo llamarse igual K/S pero cambiando los nombres por (Magnus) Karlsson / Sinner (Matt), quienes en realidad son los genios compositores de todos los temas. Se hacen acompañar por Sander Gommans, Martin Schmidt y Mimmy Kresic, lo cual quiere decir que no estamos hablando de un juego, si no de un grupo que puede o debe consolidarse debido a la categoría de cada uno de sus integrantes.

El álbum contiene doce temas, un corte más estilizado, no tan pesado pero que sin embargo te arrastra con cada interpretación. La voz de Kiske por fin se desprende de ese “fantasma” que no lo dejaba dormir tranquilo, porque todos lo seguían involucrando con la única banda donde militó hace más de veinte años. En este trabajo buscó su propio estilo y lo consiguió.

Por su parte, Somerville mantiene ese estilo tan dulce de su voz que la ha caracterizado siempre. Sin embargo aquí hay un detalle que no se percataron al momento de la grabación y la masterización y que bien se pudo corregir para que el disco suene aún mejor. Pocos lo notarán pero es un “siseo” en la voz de la bella mujer. En cada canción se nota claramente y eso no debería suceder en una grabación profesional.

Fuera de eso, todo es un agasajo al oído. Los temas que más destacan son “Nothing Left to Say”, que habla sobre la evolución de cada individuo sin arrepentimientos del pasado; “If I Had a Wish” donde hablan del destino de cada uno y un futuro indeciso y “Silence”, con una frase que se adecúa a mil situaciones ‘el silencio habla más fuerte que las palabras’, en este caso en una relación sentimental. Curiosamente son los tres primeros tracks y son de lo mejor que se ha escuchado en los últimos años en cuestión de proyectos alternos a las bandas de heavy metal.

Recomendable para verdaderos seguidores del metal, que estén dispuestos a escuchar un sonido diferente y no encasillar a un artista con su primera banda, a la cual no pertenece desde hace dos décadas.

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