Efecto Tequila: política, tráfico de influencias y rock n roll

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“Oh maigad, paren el mundo que me quiero bajar”. Elvis Alezcano.

Pocas veces un regalo de navidad es tan acertado, no solo porque sea a fin a la aficiones de uno sino que además logre algo que parece imposible: conjuntar varias de ellas, en este caso fue el libro de “Efecto Tequila” que además de atinarle a mi gusto (vicio) por la lectura también acertó en mi adición a la música y en particular al rock.

“Efecto Tequila” (2004) confirma porqué su autor, Elmer Mendoza fue consultado por el mismísimo Arturo Pérez Reverte para escribir la reina del Sur y no es para menos pues ha creado un estilo único para hablar de sicarios y narcotraficantes como si se tratara de personajes ficticios.

Sin miedo a la innovación narrativa, Mendoza desarrolla en esta novela la historia de Elvis Alezcano, un antiguo agente de la extinta Dirección Federal de Seguridad que durante los años 70 y 80 aniquiló sistemáticamente en México a grupos de izquierda radical a punta de tortura y asesinato. Quien ya retirado de la acción, se gana la vida como recuperador de autos robados, Alezcano cuyo nombre clave era “Guitarra de Hendrix” es contratado de nuevo para ejercer su viejo oficio de espía, iniciando así una magnífica aventura en el mundo de la intriga internacional, con una estructura que lo mismo incorpora aspectos de la novela picaresca e histórica que de las tramas de John Le Carré, Graham Greene y elementos de la cultura rocker.

De México a Madrid, de Madrid a Buenos Aires, Elvis se adentra en las altas esferas de la corrupción trasnacional siempre acompañado de un nuevo cómplice que le indica el camino a seguir. Este híbrido entre pícaro-espía viaja con humor alrededor de Hispanoamérica lo mismo perseguido por agentes del Mossad, como de la CIA, del MI6 y hasta milicos golpistas del cono sur. Mientras roba evidencia para inculpar a torturadores de la guerra sucia argentina, cena en una mesa contigua a la de Joaquín Sabina y ofrece un concierto de música mexicana para altos funcionarios del gobierno rioplatense.

A través de un lenguaje agudo, vertiginoso y técnicamente complejo, intercala descripciones en tercera persona, con diálogos desordenados de usuarios de un chat por internet. El lector avezado debe pasar en las primeras páginas por una prueba de fuego que una vez superada le permite desplazarse por ese estilo inusual con un gran número de referencias al rock. Como uno de los mejores personajes de Mendoza, Elvis Alezcano concreta su existencia en las ingeniosas frases que se repite incesantemente a sí mismo.

“Hace mucho que no me la acarician” por ejemplo, recurre en los momentos más difíciles donde sus enemigos lo someten a brutales torturas. “Necesito un beso” rompe con la tensión del espionaje tradicional; mientras que la intermitencia de slogans publicitarios “Soy totalmente palacio” (El chaca chaca de Ariel; Mejor mejora Mejoral), sin los cuales Alezcano no podría hilvanar pensamiento alguno, moldea con precisión cada paso suyo al penetrar la Audiencia Nacional española o la Casa Rosada argentina.

El lector amante y conocedor del rock se deleitará con las obsesiones musicales que siempre distinguen a los personajes de Mendoza, desde Joaquín Sabina, pasando por Pink Floyd, Rolling Stones, Jimmy Henrix, Hollies, Beatles hasta Led Zepellin.

Si Los Tigres del Norte escribieron un corrido para La reina del sur, la música de “Efecto Tequila” es puro rock sesentero. En esta estupenda novela transitaremos los caminos de la política y el tráfico de influencias, de los mercados financieros y las venas criminales que los alimentan. Con un protagonista armado con humor e ironía, amparado por los golpes de suerte y la solidaridad entre iguales. Ampliamente recomendable, e infaltable en cualquier biblioteca rocker, de lectura obligatoria para el amante de la literatura y el rock.

Ficha Técnica: Efecto Tequila, Elmer Mendoza, Tusquets, 2004,  315 pp.

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About Author

Roger Muñoz

Sibarita, irónico e irreverente, Comunicólogo de profesión, texto-servidor por accidente. Converso al “Indie” desde el 2009 después de vivir una experiencia místico-digital. Audiofilo de closet. Lector compulsivo de libros; amante del rock, el jazz, el cine, los cómics y la ópera. Otaku retirado y Japonfílico rehabilitado. Su alter-ego “starcat” a veces piensa por él.

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