La noche de Nekromantix y The Brains (Lunario)

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The Brains, una banda de psychobilly canadiense con 15 años de experiencia en la escena fue la responsable de iniciar el desmadre en el Lunario del Auditorio Nacional y abrirle paso al legendario Kim Nekroman.

Durante el set de Colin (contrabajo), Phil (batería) y René D La Muerte (vocalista, guitarra) hubo muchos acercamientos al punk cortesía de las rolas “Out In The Dark” y “The Witch” de su último disco Out In The Dark.

El sonido distorsionado de la guitarra junto a los enérgicos tamborazos es un ítem de la banda, que los aleja del psycho tradicional (más limpio, fino), les da un toque propio, los posiciona, les permite explotar en vivo cada que quieren, los empuerca, los vuelve rudos, crudos, oscuros.

Las piezas “Hell n’ black”, “Black Jack Death Bet”, “More Brains” y “We’ll Rise” también retumbaron los buffers del pequeño foro e hicieron brincotear a un público que a pesar de no ir por ellos ni conocerlos en su totalidad, se quedaron con un buen sabor de boca. Bien valdría la pena volver a verlos en México, no una, varias veces más.

Cerca de las 9:30 apareció el baterista de Nekromantix en las tarimas y golpeó varias veces el parche de su floor tom inconcebiblemente violento. Era, sin duda “Stuck By Wrecking Ball”. Kim en el ‘Koffin bass’ junto a Frank en la lira se sumaron segundos después.

El ex militar no habla mucho, sus compañeros tampoco. Se limitan a lo suyo, es bueno, no pierden tiempo que sí se perdió en estar arreglando los amplificadores del contrabajo, pero gracias  a su inmediata capacidad para improvisar, lograron darle continuidad a la presentación.

Los daneses complacieron a sus fanáticos de toda la vida con “Gargoyles Over Copenhagen”, “Subcultural Girl” y “Life Is A Grave And I Dig It”, pero también se arriesgaron con “Glow In The Dark” de su más reciente producción discográfica A Symphony Of Wolf Tones & Ghost Notes (2016).

Lo suyo sigue muy vieja escuela, pero de algún modo se las arreglan para sonar frescos, actuales. En vivo, por ejemplo, se prestan mucho al cambio de velocidades, los popurrís, solos de batería largos, virtuosos nuevos riffs, etcétera. Esa experimentación vuelve los conciertos una experiencia única, innovadora.

 

Kim suele pedir a sus seguidores que le ayuden a escoger la siguiente canción, les manda besos, los insulta, incluso y baja para saludarlos personalmente. Con su característico Coffinbass, lo acuesta en el piso para sentarse encima, lo utiliza a la altura del pecho como un bajo cualquiera, amenaza con romperlo entre otras jugarretas. Es un animador hecho y derecho que vive al límite su pasión por la música y el PSYCHO (tatuado en su piel).

Antes de su partida interpretaron   “Sea Of Red” y “Horny In A Hearse”, luego se despidieron de su gente, dieron las gracias, dedicaron abrazos, regalaron baquetas, plumillas. El público gritaba implorando por sus éxitos favoritos, peleaban aquellos objetos de colección.

“Tocaremos un par de temas, se acabó, Ciudad de México”, advirtió el también fundador de HorrorPops antes de abandonar el stage. Esas fueron “Alive” y “Hounted Cathouse”. Aunque, claro, no pudieron irse sin interpretar “Who Killed The Cheerleader”, así que volvieron para darle a todos la postal que se llevarán a casa para toda la vida.

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Gustavo Azem

No soy guapo como Brad Pitt ni simpático como Chespirito. Periodista de oficio y profesión. Hijo de Dios.

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