La noche de Épica (Pepsi Center WTC)

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Fotos: Germán Garcia / Dilemma

Hay un mar de playeras negras dentro del Pepsi Center, muchas parejas, pelos de colores y gran emoción por formar parte de The Mexican Principle Tour, la segunda de cuatro paradas de Épica en nuestro país para promover su último disco: The Holographic Principle. Muy puntual, la banda sale al escenario a las 9 PM, cada miembro recibiendo una estruendosa ovación, aunque ninguna tan fuerte como la dedicada a Simone Simons. 

La velada comienza con Edge of the Blade, A Phantasmic Parade y Sensorium. Esta vez, la dudosa acústica del Pepsi Center no es factor, pues la banda holandesa suena de lujo: las guitarras de Mark Jansen e Isaac Delahaye reverbran con ferocidad, el sonido de Ariën Van Weesenbenk y su batería es tajante, mientras que la voz de Simons es hipnotizante. El espectáculo es simple y efectivo: parpadeantes luces magnifican las abundantes melenas de los europeos, mientras que ráfagas de humo explotan al ritmo de la música.

“México es nuestra segunda casa”, exclama Simons, y normalmente no le creeríamos, pero hay que admitir que Épica nos tiene consentidos, visitándonos cada año o máximo dos. Hombres aprovechan la relativa calma sonora entre canciones para gritarle ‘te amo’ a la bella vocalista, algunos con la novia al lado. Mark Jansen nos invita a sacar el fuego que llevamos dentro con Unleashed y The Obsessive Devotiondurante estas canciones, Coen Janssen se roba un poco el protagonismo, pues saca su genial teclado curvo y se pone a correr por el escenario, tocando apasionadamente y ganándose una eufórica respuesta del respetable.

Luces verdes inundan el escenario en Ascension – Dream State Armageddon y los niveles de energía bajan levemente para Dancing in a Hurricane ya no hay tantos saltos, pero sí muchos gritos hacia Épica. Hay un mojón en el público que graba con celular en una mano y con una GoPro en la otra, totalmente desinteresado si le está tapando la vista a las chaparritas de atrás; ya es un fenómeno regular en conciertos, estar grabando en vez de disfrutar con ojos propios el espectáculo audiovisual por el que tanto dinero se pagó.

Para interpretar Once Upon a Nightmare, Simons pide ver lámparas de celulares brillar en el aire, creando así un bello retrato muy adhoc a la emotiva canción en turno… y si, hay un par de encededores en el aire, intentado hacerle honor a la ya perdida tradición. Si Simons no te ha enamorado para este punto, pronto lo hace con un increíble despliegue vocal en Unchain Utopia. Entre rolas, la vocalista se toma una cerveza, argumentando que solo toma esa bebida si es mexicana. Gran cantante, mala mentirosa. Por fin llega una canción con un coro que todos puedes cantar: Cry for the Moon enloquece a los asistentes, y hasta el más inepto de los fanáticos tiene que cantar el ‘forever and ever‘ de la rola.

Para asegurarse de que el encore sea especial, Coen Janssen se toma unos minutos para hablar en el micrófono. “Esto es increíble, ha sido lo mejor del tour, ¡veo muchas caras sonrientes!”. Regresan otros integrantes de la banda y gritan cosas chistosas al micrófono; luego entre Coen, Mark y Ariën tocan un ole, ole, ole que el público canta con singular alegría. Los holandeses nos organizan para gritar ‘¡Hey!‘ a su comando y entre el estruendo, regresa también Simons para comenzar Sancta Terra, seguida de una orgía de saltos provocada por Beyond the Matrix, con la cual, el show de luces, la pasión de los músicos, la fantástica canción, la gloriosa voz de Simons y la energía de los fanáticos se alinean para crear el mejor momento de la noche.

Antes de cerrar, la banda pide que el público se abra y cree un espacio en el centro. Esto tarda un poco debido a la torpeza de algunos y el egoísmo de otros por no moverse de su lugar, pero finalmente suenan las notas de Consign to Oblivion y con ellas comienza el slam más feo que he visto, aunque irónicamente el que más me ha lastimado los pies. Como que los fanáticos de Épica no tienen buena técnica para saltar en un slam. Más bien era una ola de empujones sin control, pero por lo menos rompió con el molde que había llevado el concierto y le sacó sonrisas a todos los participantes. Y así, con un gordito intentando crowdsurfing entre el descontrol y  y las melenas de los rockeros agitándose hipnóticamente, llegó a su fin la presentación de Épica en el Pepsi Center.

Es contagiosa la alegría con la que toca esta banda holandesa: su energía, excelente técnica, la privilegiada voz de Simons y buena vibra dieron como resultado un fantástico concierto en el que fanáticos obtuvieron de vuelta el dinero que invirtieron. Cabe destacar el respeto del público, pues salvo en el slam, no vi volar ni una cerveza (o agua de riñón), tampoco detecté descarados abriéndose paso hacia el frente a base de empujones; hacia donde volteara, había sonrisas y ahí se nota la gran relación que existe entre la banda y sus fans.

Y por si quieres revivir esta épica noche, te dejamos la galería de fotos:

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Ayatollah del Rock and Rolla, sobrino de Dario Cueto, Straight Edge, amante del cine, la lucha libre y los gatos.

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