20 años de Dobermann

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1997 no solo fue el año donde Radiohead lanzó el legendario OK Computer, también fue cuando el galo malcriado de Jan Kounen, sacudió las pantallas de cine con humor negro, violencia gore y reventó nuestros tímpanos a ritmo de música tecno con una de las mejores cintas de los años 90, Dobermann, basada en el texto homónimo de Joël Houssin.

Kounen se estrenó con Dobermann en pantalla grande, dejando claro su origen en el mundo de la publicidad y el videoclip musical, algo que se nota y mucho a lo largo de la película. Vemos una cámara nerviosa que busca constantes primeros planos de los protagonistas, frenética y por momentos aturdidora como el ritmo de su historia. Houssin, autor del guión de este peculiar producto y creador de sus personajes en una larga lista de novelas, nos deja ver desde las primeras escenas que estamos ante una cinta sui generis.

Son suficientes 20 minutos para escandalizar a los sectores más conservadores de la sociedad porque le pega a todo y sin piedad a las instituciones ya sea iglesia, fuerzas del orden público o familia, el espectador no tarda en ver a lo que se enfrenta y comprobar si realmente es capaz de aguantar su frenético ritmo y la acida crítica al estatus quo francés.

En el reparto Vincent Cassel es el personaje que da nombre a la película, líder de una banda de ladrones de bancos dispuestos a todo para lograr sus metas, acompañado de la sensual Monica Bellucci como Nat, gitana muda, pareja sentimental y de trabajo. En el bando de la ley está Tchéky Karyo como Christini, un policía cocainómano obsesionado con la captura de Dobermann quien no dudará en emplear métodos extremos para conseguirlo, soberbia caracterización de este sinestro personaje. También destacan Antoine Basler como Jean-Claude Ayache, el miembro más impulsivo de la banda, Dominique Bettenfeld como Elie Frossard, un sacerdote con una singular forma de predicar el evangelio y Stéphane Metzger como Olivier Brachet eterno estudiante de derecho de día y Sonia el travesti de noche.

La fotografía de Michel Amathieu (Paris, je t’aime, Penelope), juega un papel crucial pues se encarga de mostrar con toda su crudeza las grandes dosis de violencia y depravación, así como con el peculiar montaje de Bénédicte Brunet, que contribuye de forma esencial a potenciar el frenético ritmo en cada escena. El cierre perfecto lo agrega la banda sonora hecha por Richard Shorr, ideal para los amantes de la música electrónica, compuesta en su mayoría por temas escritos por el mismo bajo el nombre de Schyzomaniac, a las que hay que añadir Voodoo People de The Prodigy que fondea la escena de un feroz tiroteo en el Infierno de Joe, todo un estallido de adrenalina para visual y sonora.

Originalmente estrenada un 18 de junio de 1997, marcó un parteaguas en la forma en como veíamos al cine francés, nos hizo ver que no todo es aburrido y en una de las mejores escenas de todos los tiempos para qué sirve la opinión de los críticos, representada por las páginas de la exquisita revista cahier du cinema (cuadernos de cine). A dos décadas de su estreno y a pesar de la era digital, sigue fresca, irreverente y provocadora. Adrenalina pura, esencial en cualquier videoteca de cinéfilo.

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Roger Muñoz

Sibarita, irónico e irreverente, Comunicólogo de profesión, texto-servidor por accidente. Converso al “Indie” desde el 2009 después de vivir una experiencia místico-digital. Audiofilo de closet. Lector compulsivo de libros; amante del rock, el jazz, el cine, los cómics y la ópera. Otaku retirado y Japonfílico rehabilitado. Su alter-ego “starcat” a veces piensa por él.

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