La máscara en la lucha libre mexicana

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Texto por: Erika Sue

Hablar de lucha libre mexicana significa involucrar una serie de elementos culturales, místicos y folclóricos representativos del pancracio. Y no hay nada más representativo de nuestra cultura que la máscara del luchador.

Corría el año de 1933 y la lucha libre mexicana se encontraba en pleno desarrollo, tanto en técnica como en espectáculo. Hay que dejarlo claro: los luchadores enmascarados no nacieron en México pues ya en Estados Unidos era común asistir a espectáculos donde los gladiadores usaban antifaces o máscaras para proteger su identidad.

Durante una visita a Texas en 1935, el padre de la lucha libre mexicana Salvador Lutteroth se topó con un joven y ágil luchador estadounidense (aunque era anunciado de Irlanda) llamado Corbin James Masset alias ‘Ciclone Mackey’. Con el objetivo de innovar el espectáculo en su recién creada EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre), Lutteroth se trajo a Mackey para luchar en la primera función en la historia de la empresa.

A pesar de la derrota en su debut, Mackey continuó luchando en México… pero ya no quería ser reconocido, así que acudió al taller de Don Antonio Martínez, quien era famoso por hacer calzado para los luchadores. Primero, Mackey quería un antifaz, pero al darse cuenta de que se lo podían quitar con facilidad, pidió una máscara que dejara al descubierto sus ojos, nariz y boca; en un principio, esta idea resultó ser un completo desastre pues la máscara realizada por Don Antonio le apretaba la cara, le dificultaba la respiración y le entorpecía la vista, dificultando sus habilidades en el cuadrilátero. Martínez se sintió ofendido ante tal fiasco, pero grande sería su sorpresa al recibir una segunda oportunidad para crear 6 máscaras más para Mackey; cuenta la leyenda que Mackey visitó otros países para encontrar a alguien que realizara un mejor trabajo, pero todos le recomendaron regresar a México. Tras la experiencia del fracaso, ahora Don Antonio decidió tomar nuevas medidas del cráneo del luchador, 17 en total, que hasta el día de hoy constituyen el secreto mejor guardado de la empresa Martínez.

‘Ciclone’ Mackey

Mackey hizo historia como el primer luchador enmascarado en México y bajo el nombre de ‘La Maravilla Enmascarada’ continuó ejerciendo la profesión en nuestro país. Las máscaras quedaron tan perfectas que marcaron un hito en la historia de la lucha libre, y con mayor frecuencia, los luchadores las hicieron parte de su vestuario hasta convertirlas en algo más que un accesorio.

Desde los referentes teatrales de Japón, hasta la cultura prehispánica mexicana, las máscaras se han utilizado para adoptar nuevas personalidades, ocultar la propia y generar una nueva identidad generalmente más atrevida de lo que comúnmente es la del ser humano, además le permite a su portador desarrollar personajes empoderados; convertirse en héroes o villanos, permitiendo así la transición entre el mundo real y el imaginario.

La máscara tiene una estrecha relación con la cultura popular, con el misticismo del reino animal, con seres de inframundo o deidades divinas, pero debe ser bien representada para que adquiera sentido. Los diseños que elige cada luchador trascienden de lo cotidiano, envolviendo al elegido en un tono de misterio, respeto y admiración.

Aquel valiente que elige portar una máscara, debe ser consciente de la responsabilidad que conlleva cuidar su identidad y respetar su personaje, ya que ésta es la mayor posesión que puede tener, también debe ser capaz de soportar el dolor y deshonra que significa perderla en una Lucha de Apuestas.

Algunas máscaras se han convertido en iconos de la cultura mexicana, tal es el caso de El Santo y Blue Demon, los cuales no solo eran grandes luchadores, sino que también fueron figuras del cine mexicano, rompiendo fronteras y llegando a convertirse en verdaderas celebridades a nivel internacional. Otros grandes representantes fueron Mil Máscaras, Huracán Ramírez, Septiembre Negro, Dr. Wagner, Black Shadow, entre otros.

En la actualidad, la máscara ha ido perdiendo la magia que estos representantes le otorgaron, tenerla o no ya no es garantía de popularidad, algunos deportistas la obtienen por reemplazo, herencia familiar o simple accesorio y las nuevas generaciones ya no encuentran el valor y respeto que éstas se merecen. Los seguidores más puristas del pancracio nacional, reconocen el valor de portar una máscara y todavía quedan algunas leyendas que le dan prestigio a esta joya deportiva y solo la muerte será capaz de despojarlos de ella.

No olvides escuchar nuestro podcast Pólvora Warfare para escuchar sobre las últimas noticias en la lucha libre mexicana e internacional.

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