Con tres nominaciones al Oscar, Brooklyn llega en el mes de los enamorados para darle una bocanada de aire fresco al género romántico. Y aunque no te gusten películas de esta índole, no temas, ya que ésta es una que te hará pasar un buen rato.
La historia de Brooklyn no tiene nada especial: en los años 50’s, Eilis Lacey (Saoirse Ronan), una chica irlandesa, emprende el “sueño americano” al viajar a Nueva York (específicamente Brooklyn) para trabajar. Al encontrarse lejos de su familia, Eilis comienza a deprimirse… hasta que conoce a Tony (Emory Cohen), un encantador joven italiano del cuál se enamora rápidamente. Después de mucho cariño y besitos, Eilis debe regresar a su tierra natal por motivos personales, y ahí conoce a otro chico (Domnhall Gleeson) bastante galán y querido por el pueblo, desencadenando en conflicto interior y confusión para Eilis. Básicamente, se desarrolla una especia de triángulo amoroso.
Saoirse Ronan, nominada al Oscar como Mejor Actriz, toma el papel estelar y domina la película al transformarse de una tímida chica irlandesa a una segura y glamorosa estadounidense, atravesando por una amplia gama de emociones en el proceso. Si el papel principal hubiera estado en manos de otra actriz, los esfuerzos del director por conectar con la audiencia probablemente hubieran sido un fracaso. Una vez que el personaje de Tony (interpretado por Emory Cohen) es introducido, la enorme química que existe entre los dos actores da como resultado una serie de tiernas y cómicas escenas.


Ronan interactúa de manera impecable con el resto del elenco que incluye a Jim Broadbent (Iris), Domnhall Gleeson (Ex Machina), Emily Bett Rickards (Arrow) y Julie Walters (Harry Potter), quien te saca por lo menos una sonrisa en todas y cada una de sus escenas. Y si la actuación de James DiGiacomo (como el pequeño hermano de Tony) no te saca una carcajada, es muy probable que no tengas alma.
Como mencioné anteriormente la trama es muy simple (e incluso trillada), por lo que es sobresaliente la manera en como el director John Crawley logró hacer que Brooklyn sea una película tan fresca y original. Nick Hornby tiene gran mérito en esto, pues el guión (adaptado de una novela de Colm Tóibin) es muy divertido gracias a su variedad de diálogos tiernos, cómicos, conmovedores y hasta trágicos. Su nominación a Mejor Guión Adaptado es merecidísima.
Otra razón por la que Brooklyn conecta tan bien con la audiencia es que se exploran temas comunes con los que todos nos podemos relacionar: la nostalgia, el duelo, el miedo a lo desconocido y el amor. En mi experiencia, las personas de la sala estaban muy metidas en la trama de la película, por lo que reaccionaban y bastante ante todo lo que acontecía. Ya sean risas, suspiros o gritos ahogados, este tipo de reacciones son indicación de lo mucho que está involucrado emocionalmente un público, es decir, que el director hizo bien su trabajo.


La primera mitad de la película es fabulosa, pues no solo apreciamos la transformación de Eilis, sino que conocemos a una gama de personajes sumamente simpáticos que te harán pasar un buen rato en el cine. Pero en la segunda mitad, la película se desinfla bastante y el tercer acto se siente un tanto vacío. Me parece exagerada la nominación a Mejor Película. Además, los más amargados dirán que las situaciones presentadas son totalmente imposibles, desde el chico perfecto hasta el empleo ideal con la jefa que te ‘hace el paro’.
Al explorar temas con los que cualquier persona se puede relacionar, el director John Crawley ha logrado crear una alto grado de empatía con la audiencia a través de esta sencilla premisa que tiene un profundo impacto emocional. La estelar actuación de Saoirse Ronan te transportará a los años 50 para enamorarte de esta bella historia de amor. Y efectivamente, Brooklyn es una gran recomendación para disfrutar este 14 de febrero.











