Marky Ramone en el Vive Latino 17

Texto: Ricardo Gallegos / Fotos: Gustavo Abdiel Torres

En el segundo día del Vive Latino 2017, ocurrió el tradicional atraso de horarios, provocando chiflidos y desesperación entre la fanaticada punk que estaba reunida en la Carpa Doritos para escuchar a uno de los tres músicos sobrevivientes que hayan engalanado las filas de los legendarios The Ramones. Y sí, antes de que digas “Pero, ni siquiera era un Ramone original!” o “Solo vas a escuchar covers, no es lo mismo”, Marky Ramone tocó con la banda por 15 años, además de haber formado parte de The Voidoids, los pioneros del look punk que después popularizaran los Sex Pistols. Sí, en la méndiga Carpa Doritos ibamos a estar en presencia de una leyenda, para que muchos pudieramos experimentar lo más cercano a un concierto de Los Ramones en nuestras vidas.

Un grupo de féminas punks con puntiagudos mohawks e incontables perforaciones hablaban en bolita de su plan para el show, mientras que varios se abrían paso a empujones hacia el frente del público, en dónde iba a estar el verdadero espectáculo. Pacientemente esperamos a que Attaque 77 terminara en el escenario vecino, para por fin ver a Marky salir a rockear, sin embargo antes de sentarse en su batería, tomó el micrófono para anunciar que estaría dedicando este setlist a Chuck Berry y a su amigo de Rancid, Lars Frederiksen.

Sin siquiera haber tomar el micrófono, el vocalista, también vestido como un auténtico Ramone, comenzó a gritar ‘Hey ho, Let’s Go!’ para alborotar al público, que inmediatamente entró en frenesí. “Rockaway Beach” dio inicio formal al concierto y ya de arranque se formó un slam al frente del escenario, que solo fue incrementando conforme avanzaba el setlist. “Teenage Lobotomy” retumbó por la Carpa y no importaba estatura, edad o género, todos estaban perdiendo el control. En cuestión de minutos se escucharon canciones como “Do You Wanna Dance?”, “I Don’t Care”, “Sheena is a Punk Rocker”, “Commando”, “Beat On The Brat” y otros clásicos de los Ramones.

Y así transcurrió el concierto, una canción tras otra, con apenas segundos de descanso marcados por el ‘One, Two, Three, Four’, justo como uno se podría imaginar un buen concierto de punk de vieja escuela. Canciones cortas, al grano, ferocidad, mucha energía y descontrol entre el público. Los primeros 10 metros del público eran zona de slam, y entrabas bajo tu propio riesgo. Fue agradable ver de todo en esta zona: locos aventándose hacia el frente para intentar crowdsurfing, los más salvajes punks haciéndole ‘cancha’ a un camarada slammero para que se pusiera el zapato de manera segura y hasta un honorable padre de familia con hijo de 5 años en hombros metiéndose al slam; por supuesto que dicho niño fue tratado como héroe entre los presentes, un verdadero mini-guerrero sin miedo de meterse a una tormenta de violencia.

Marky Ramone y su Blitzkrieg no pararon el punk ni un instante. Algunas canciones como “Rock ‘N’ Roll High School” o “I Believe in Miracles” prendían más al público que otras como “Havana Affair” o “Judy is a Punk”. Como era de esperarse, la velocidad de los instrumentos no daba cuartel y pronto nos encontrábamos en una ola de excitación gracias a un cover de “Surfin’ Bird” tan bueno, que hasta Peter Griffin se hubiera llenado de orgullo escuchándolo.

Mientras tanto en el slam, había algunos conatos de bronca, caídos, y diversos tipos de violencia. Un tipo sumamente drogado embestía a todos cual jugador de NFL, al mismo tiempo que otro constantemente se aventaba hacia el frente sin razón alguna. “I Believe in Miracles”, “The KKK Took My Baby Away” “Pet Sematary” incrementaron el tamaño de la zona slam y cada vez más gente se lanzaba por los aires para fallar miserablemente en su intento de crowdsurfing.

Pronto reapareció el niñoslam, dando high fives a los punks más feroces y asegurando una nominación para su jefe a “Padre del Año”. Algunos ya adoloridos solo querían descanso, pero irónicamente comenzó a sonar la legendaria “I Wanna Be Sedated” y de pronto, todos estábamos en el mismo canal, cantando el siempre pegajoso corito. Entre “I Don’t Wanna Walk Around With You”, “Cretin Hop” y “Do You Remember Rock ‘N’ Roll Radio?”, el setlist sobrepasó las veinte canciones.

Tras vivir esta experiencia, no había mejor rola para describir los sentimientos que “What a Wonderful Word”, claro en versión punk. Y solo había una canción con la que Marky podía acabar el concierto: así es, “Blitzkrieg Bop” y al grito de ‘Hey, ho. Let’s go!’ se desató la locura: entre empujones, golpes y euforia, el ‘maremoto’ de gente drenó sus últimas gotas de energía en la icónica canción para así despedir como se debe al gran Marky Ramone, agradeciendo con sudor y hasta narices rotas, por el impresionante show que regaló en el Vive Latino. Así es: lo más cercano que viviremos a un show de Los Ramones y uno que será imposible olvidar.

Pólvora Crew
Pólvora Crew
Si la unión de los gemelos fantásticos se hiciera realidad, esto daría de resultado.

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