Así recordamos a Chuck Berry (1926-2017)

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El 15 de febrero de 1972, John Lennon en el programa de televisión estadounidense de Mike Douglas cumple uno de sus más grandes sueños, tocar las canciones “Johnny B. Goode” y “Memphis Tennessee” junto al creador de estas joyas Chuck Berry. Después simplemente declarará: ‘Él es sinónimo de Rock and Roll’.

Al inicio de la década de los cincuenta las canciones lentas, melosas y cómodas de Frank Sinatra y Johnny Mathis tenían una gran demanda, pero las cosas cambiaron cuando la industria musical en busca de nuevos mercados abre las puertas a nuevos ritmos, entre estas nuevas opciones estará el Rock and Roll.

Chuck Berry, Fast Domino, Carl Perkins, Bill Haley, Jerry Lee Lewis, Little Richard y Elvis Presley son la nueva onda que va a redefinir la música, se pasará de las melodías melosas a la rebelión adolescente.

Berry tocando sus propias composiciones, a ritmo de riffs y con pasos de pato, creó obras inmortales como “Maybellene” (una carrera entre un Ford y un Cadillac), “Roll over Beethoven”, “Rock and Roll Music”, “Brown Eyed Handsome Man”, “Thirty Days”, “Johnny B. Goode”, “Let it Rock”, “Reelin´and rockin”, “Back in the USA”, “School Days Sweet”, “Little Sixteen”, “My ding-a-ling” y “Carol”.

Como buen artista su vida estaba llena de contrates y altibajos. Su vida privada fue muy pública, por vivir deprisa entre el sexo y la subversión tuvo graves problemas. En la adolescencia fue a la cárcel por robo a mano armada, en 1962 (con 36 años), nuevamente va al bote por intentar cruzar una frontera estatal con una menor de edad. En la década de los ochenta, a punto está de regresar al tanque porque se descubre que grababa a mujeres en los baños de su restaurante.

Entre problemas e inestabilidad económica, Chuk recibe una llamada a mediados de los ochenta de Keith Richards (The Rolling Stones), que tampoco es una madre de la caridad, proponiéndole un concierto-homenaje para celebrar su cumpleaños número 60 (1986), sin embargo esa alianza no sería nada fácil para la piedra rodante.

Comentaba Richards que cuando llegó por primera vez a casa de Chuck, vio que una enorme televisión estaba prendida en un canal porno. Con una mueca de risa, Keith pensó que algún ayudante de Berry había puesto la tele mientras no estaba su jefe. Cuando llega Chuck, medianamente saluda a Keith y se centra en la “trama” de una película que se estaba transmitiendo sin importarle mayormente lo que le proponía el rolling. Sus gustos eróticos no eran el único problema, su carácter testarudo chocaría con el de Richards.

Una y otra vez se ensayaban las canciones, y cuando el estadounidense lo consideraba paraba el ensayo porque pensaba que todo estaba mal. El Stone jamás pensó la cantidad de regaños que iba a tener, por lo que al final de su homenaje solamente acertó en decir; ‘Que Dios lo bendiga’. Y por supuesto, nunca le volvió hablar.

De todo su material impreso, el mejor disco de Chuck Berry se publicará en 1982 (The Great Twenty-Eight) publicado por la editora Chess, el cual recopila las grandes rolas del maestro de 1955 a 1965.

Sea como sea, fuera de aventuras y desaventuras sin duda, Chuck Berry transformó profundamente el Rock and Roll.

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Abel Montaño

Reportero, investigador, aprendiz de fotógrafo, fan de The Beatles, cinéfilo y seguidor del teatro de las ideas, cuya misión no es ser productivo sino ser feliz.

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