La dictadura del vinilo

“Cada época sueña la siguiente”. Jules Michelet

Otra vez la industria musical ha hecho de las suyas y ha impuesto la dictadura del vinilo, igual que como lo hiciera con el CD hace 30 años, solo que a diferencia de entonces que el formato digital trajo consigo una verdadera revolución no solo en la forma de producir si no en el consumo de la música, ahora se engaña a los melómanos solo para exprimirles la billetera.

Después de declarar la muerte del CD, con las ventas al alza y que ahora muchos artistas lanzan sus grabaciones en este formato podríamos pensar que ahora su majestad es el vinil, sin embargo hay un tema que todos evaden: la calidad de los vinilos que nos venden y no me refiero a esa discusión bizantina acerca de que formato tiene mayor fidelidad, hay un detalle que ha pasado inadvertido, que los vinilos actuales están hechos con base en archivos digitales, en lugar de analógicos, como se hacía en la época dorada del LP. Es decir: nos están vendiendo discos compactos, pero en formato de vinilo.

Contrario a la idea romántica, el vinilo nunca fue un formato práctico, ya casi nadie recuerda lo horrible que sonaban en tocadiscos baratos más si estaban hechos en México, aún en su época de agonía para tener un audio decente requería de una inversión considerable (tornamesa, aguja de buena calidad, sistema de amplificación y preamplificación) para explotar al máximo sus cualidades. Eso sin mencionar que por tratarse de un formato analógico se deteriora la calidad de audio cada vez que se reproduce.

EL ahora repudiado CD revolucionó la forma de consumir música porque trajo características únicas, que nunca fueron superadas y abrieron la puerta a la era digital: portabilidad, sonido limpio aun cuando se reprodujera en un equipo de gama baja, mayor capacidad de almacenamiento y con ello la posibilidad de incluir bonus tracks pero sobre todo el poder brincarnos las rolas que no nos gustaban y repetir las que amábamos sin dañar el disco.

30 años después, vemos como la gente regala sus colecciones de CDs al ropavejero para pagar 4 veces más el mismo álbum, pero sin bonus tracks ni el equipo necesario para poder reproducir adecuadamente el gramaje del que están hechos (180). Por si eso no fuera suficiente discos que antes se hacían aquí ahora se producen en la Republica Checa como los de Luis Miguel, la Sonora Santanera o los de la línea #LatinoaméricaEnVinil, que incluye todo el catálogo de Soda Stereo y Gustavo Cerati, más algunos discos de Los Tres, Babasónicos, Charly García, Luis Alberto Spinetta,  Pescado Rabioso, entre otros.

Otro aspecto que también deja mucho que desear es el de los empaques, salvo algunas cajas especiales como las de The Smiths y Caifanes, la mayoría son horribles, no hubo control de calidad en los insertos ni en las portadas y eso se hace evidente hasta que intentas sacarlos o meterlos de la funda, porque no están bien calculados sus tamaños y  hace que se maltraten. Pareciera que solamente escanearon los artes originales y no se les dio una manita de gato con Photoshop para restaurarlos y tener una buena calidad de imagen. Audio y empaques son características que los fabricantes deberían cuidar.

Para evitar este tipo de engaños, melómanos y coleccionistas sugieren que se proporcione mayor información en el empaque de los vinilos, como se hacía en su momento con los CD, donde se especifique si se trata de una edición económica, como aparentemente son las de #LatinoaméricaEnVinil y de qué fuente provienen la grabación, mezcla y transfer de cada disco (análoga, digital o solo digital).

Así que  antes de tirar o rematar sus CDs para endeudarse comprando las nuevas reediciones piensen que es nostalgia oportunista, disfrazada de vinil. Ya sean audiofilos clavados, nostálgicos empedernidos o simples curiosos, si adquieren un disco de vinilo en el siglo XXI tienen derecho a saber lo que están comprando. Si les gustó compartan si no, comenten, hasta el próximo artículo.

Roger Muñoz
Roger Muñoz
Roger Muñoz. Sibarita, irónico e irreverente, Comunicólogo de profesión, texto-servidor por accidente. Converso al “Indie” desde el 2009 después de vivir una experiencia místico-digital. Audiofilo de closet. Lector compulsivo de libros; amante del rock, el jazz, el cine, los cómics y la ópera. Otaku retirado y Japonfílico rehabilitado. Su alter-ego “starcat” a veces piensa por él.

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