Yo, Tonya / I, Tonya

A mediados de los 90’s, la prensa deportiva solo podía hablar de una cosa: la notoria patinadora sobre hielo Tonya Harding y el ataque a su rival Nancy Kerrigan justo antes de los Juegos Olímpicos de 1994. Desde entonces, mucho se ha hablado sobre el involucramiento de Harding, la responsabilidad de su esposo Jeff Gillooly y todo lo que rodeó el infame incidente que marcó una época en el deporte y la cultura pop. Yo,Tonya nos cuenta la historia desde sus orígenes, basándose en lo que los títulos iniciales describen como “las salvajemente contradictorias y totalmente verdaderas entrevistas con Tonya Harding y Jeff Gillooly”.

Aunque la historia ha colocado a Tonya Harding como una villana, este filme intenta explicar quién es en verdad esta mujer, cómo es que su infancia, sus relaciones amorosas y trayectoria de vida marcaron su personalidad, para así descubrir cuál fue la raíz del famoso incidente. Para ello, el director Craig Gillespie (Fright Night) utilizó una singular mezcla de drama y excelente comedia para contar la historia, a veces rompiendo la cuarta pared y  apoyándose por un formato de mockumentary en el que los personajes involucrados con la vida de Tonya describen los eventos del pasado, lo que permite hacer ingeniosos saltos de tiempo y mostrar, a través de una soberbia edición, los dos lados de la historia.

Margot Robbie (The Wolf of Wall Street) ha venido mostrando versatilidad y carisma en sus papeles, creciendo hasta alcanzar ésta, la mejor actuación de su vida. Margot, quien también es productora, eleva esta película a nuevas dimensiones, haciendo parecer fácil una difícil actuación en la que su personaje tiene una compleja personalidad provocada por profundos traumas. Margot es memorable recreando las explosiones de ira de Harding, pero también dejando poderosa huella en las escenas calladas, aquellas en las que tiene un enorme peso emocional en los hombros. En su actuación hay comedia, carisma, confianza y hambre de triunfo, todo cubierto por una sensación de tristeza. Margot Robbie es fenomenal.

Siempre con cigarro en boca, la despiadada y grosera madre de Harding estaba siempre lista para lanzarle insultos a su hija con tal de ‘motivarla’. Allison Janney (Mom) tiene el Oscar en la bolsa con su interpretación de esta mujer, brindando poderosa presencia en pantalla y entregando carcajada tras carcajada con líneas tan desalmadas que te matan de risa, pero que también te llenan de lástima hacia la víctima.

Y precisamente Tonya Harding es una víctima de su entorno. Sí, es una redneck sin educación, pero cuya personalidad no es más que consecuencia de ser víctima de años de abuso físico y verbal proveniente de su madre que nunca le demostró amor, provocando en ella una necesidad de utilizar el patinaje artístico para obtener el cariño y reconocimiento que nunca recibió en su infancia. El gran obstáculo de Tonya para obtener dicho ‘amor’ fue que el patinaje sobre hielo era (y sigue siendo) un deporte delicado, fresa y mediático: los jueces discriminaban a Tonya por su nivel socioeconómico y el contraste de su personalidad con la esencia del deporte; no querían que una mujer grosera con vestimenta de nivel inferior fuera la cara de un deporte tan lujoso. Este punto hace que la historia se vuelva enganchante, pues ahí comienzas a simpatizar con Tonya Harding, a sentir lástima por ella y ver más allá de la fachada ruda e impertinente que presenta.

Otro punto importante de la trama, que también surge a raíz de la completa falta de amor en su infancia, es el abuso doméstico que Harding sufrió a manos de su entonces esposo Jeff Gillooly, interpretado por Sebastian Stan (Captain America: Winter Soldier). Este relevante tema es uno siempre difícil de abordar, pero el guión de Steven Rogers logra taclearlo de manera atrevida y divertida, evitando que la película se vuelva pesada, y al contrario, dándole más sabor a los personajes, pero sin dejar de explorar las causas y graves consecuencias que provoca. Y aunque te estás carcajeando por la manera en cómo te cuentan esta historia, tu corazón también está roto porque comprendes de dónde viene el abuso, y que realmente no hay una escapatoria clara para Tonya. Una vez más, la empatía se hace presente.

El dinamismo de las tomas a lo largo del filme es fascinante, por ejemplo cuando Margot Robbie entra a la pista de hielo para las rutinas importantes, la cinematografía no trata la escena con delicadeza, sino que las tomas parecen casi como escenas de acción, con Robbie entrando a patear trasero. El soundtrack es otro elemento que energiza la película utilizando una combinación de canciones setenteras, ochenteras y algunas noventeras para acompañar las etapas de la turbulenta vida de la protagonista.

Yo, Tonya es un relato enganchante y dinámico, con energía, risas y excelentes actuaciones en el que podemos ver el impacto emocional que provocan los padres en la vida de sus hijos, además de otros profundos temas como el acoso mediático, las farsas en el deporte y el abuso doméstico.

https://www.youtube.com/watch?v=fqrsjEs3s1o

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