Una bomba de tiempo llamada The Hives

—Come on! Come on!

Un puñetazo intentó alcanzar mi rostro sin puntería. Un codazo impacta mis costillas. Un manotazo seco entra en mi espalda, por primera vez me duele, no me excita.

—Come on! Come on!

Una patada impacta mi rostro. Es un wey que haciendo crowdsurfing llega hasta el pit, cae sobre los fotógrafos, probablemente lesiona su cráneo por ese gran putazo sobre el frío y duro acero de la valla que nos divide del mejor quinteto garage punk del mundo. Es un wey que debe ser sacado por los Lobos, pero en dos minutos ya está junto a mí de nuevo y repite la hazaña.

—Come on! Come on! Come on!

Antes del último guitarrazo mi puño tira dos ganchos al hígado, un oper y mi codo le acomoda un gran vergazo a una espalda al azar. Qué gran momento para estar vivo y ser joven.


Óscar Villanueva Dorantes / Cortesía de OCESA

Una bomba de tiempo llamada The Hives en el Plaza Condesa


“Hola amigos mecsicanos. Prometimos que volveríamos y después de tanto tiempo estamos aquí. Nosotros somos The Hives”, al tiempo que decía esto, un par de ninjas enmascarados tomaron los instrumentos de todos para afinarlos y desenredar los cables. Mamones. Mamones de primera.

Eso sí, nunca ningún extranjero que yo haya visto había logrado una conexión tan cercana con el público chilango. No es por la extrema guapura del Almqvist, tampoco su pulcra manera de vestir y mucho menos el cabello cuasi perfecto de a príncipe encantador ni sus atrevidos movimientos de cadera o saltos suicidas desde los buffers, la batería y el escenario. Es  por su excelente acento español, por sus frases de feria de pueblo, por su comportamiento de ídolo televisivo mexicano; ¿Paco Stanley, eres tú?

“Buenas noches señores y señoritas. No dejen de aplaudir, no dejen de hacer ruido, ¿tienen algún problema conmigo? No silencio, aplausos. Un grito de las señoritas… Señores! Levanten la mano derecha! Ahora la izquierda! Señoritas….!! Señores…!!”, repitió hasta el cansancio.

Óscar Villanueva Dorantes / Cortesía de OCESA

Quizá ya notaste algunos cambios de alineación en la banda. Atrás, en las bases, en los putazos, en los tambores, platillos y pedales, está el bataco de Phoenix, Thomas Hedlund, bateador emergente, pero gran ejecutante. En el bajo está Johan Gustafsson, quien sustituyó al Dr. Matt Destruction allá por 2013.

Pero sólo un fan from hell podría sentir nostalgia en esta situación. Sólo un experto en The Hives puede gritar con todas las fuerzas de su garganta lo mucho que nos hace falta Matt.

Sólo alguien que los espera desde hace varios años podría derramar lágrimas durante la interpretación de rolas bien macizas como ”Go right ahead’ o ‘Hate to say I told you so’.

— ¿Qué pedo, estás llorando, estás bien, te pasó algo?

—¿Alguna vez te han dicho que no existen el cielo, Dios ni la felicidad eterna? Mi hermano, hoy, por una noche, no sé cuándo termine, pero estamos ante los mismísimos ángeles y esto solamente podría ser obra de un ente divino. Es hermoso, necesito llorar. Entiéndeme, maldito.

—Me llega maestro, eso me llega, ¡dale un sorbo a esta sagrada chela, AMÉN.

— ¡AMÉN!

Óscar Villanueva Dorantes / Cortesía de OCESA

No están muy alejados de la realidad esos dos mariguanos que platicaban atrás de mí durante un desesperante encore.

Lo que hacen estos suecos roza la perfección. Lo suyo va desde un excelso manejo de la ingeniería en sonido, hasta una precisa sincronización de las luces del escenario. Seguro que Luis Miguel no sería capaz de madrearse al staff de The Hives.

Ni hablar del manejo del escenario, son dueños y señores del espectáculo. Lo mismo tocan sentaditos en las alturas de una torre de bocinas, que tirados en el piso o sobrevolando nuestras cabezas.

Hasta los puñeteros Caligaris sentirían envidia de los saltos mortales que hacen estos weyes, de sus inimaginables piruetas, de sus increíbles movimientos, ¡acto circense mis pelotas!

The Hives es todo el deporte extremo que necesito para seguir vivo, para sentir que algo vale la pena en el puto rock n roll, para tener una chispa de esperanza, para conocer de lo que somos capaces los seres humanos.

Necesitamos más bandas con el gen que corre por la sangre, seguramente marciana, del quinteto sueco más pesado de la historia y así, sólo así, volveremos a disfrutar del rock n roll.

¡Good save The Hives!

Óscar Villanueva Dorantes / Cortesía de OCESA

Aquí te dejamos el setlist, que lo disfrutes:

Come on! / Walk idiot walk/ Main offender/ Paint a picture/ Go right ahead/ Good Samaritan/ Take back the toys/ Won’t be long/ Hate to say I told you so/ I’m alive/ Tick tick boom/ My time is coming/ Return the favour

Gustavo Azem
No tan guapo como Brad Pitt, ni tan simpático como Chespirito.

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