Crítica: Chicas Perdidas (Lost Girls)

Un drama adaptado del libro del mismo nombre y basado en hechos reales, “Chicas Perdidas” cuenta la historia de Mari Gilbert (Amy Ryan), una madre que desesperadamente busca a Shannan, su hija desaparecida en Long Island. Esto lleva al descubrimiento del cuerpo de cuatro mujeres y la subsecuente especulación de la existencia de un asesino en el área.

“Chicas Perdidas” intenta crear misterio alrededor de una serie de crímenes, poniéndote en los zapatos de la madre de una de las desaparecidas y llevándote por un frustrante proceso en el que las autoridades locales son completamente inútiles. A pesar del casi nulo apoyo recibido del Comisionado Dorman (Gabriel Byrne), Mari hace todo en su poder por buscar respuestas, pero constantemente se topa con barreras burocráticas.  Las víctimas son trabajadoras sexuales y eso genera un aire de misoginia alrededor del asunto.

Aunque está basada en una situación real, “Chicas Perdidas” es algo que ya has visto antes y no ofrece nada importante. La gran decepción radica en que la historia te sugiere temas interesantes, dignos de ser explorados, pero la directora Liz Garbus nunca se atreve a hacerlo. Cuando alguien comienza a hablar sobre la falta de empatía hacia la mujer o el rechazo hacia las víctimas por el hecho de ser trabajadoras sexuales, el filme se desvía completamente para continuar con su ritmo lento y enfocarse en el enojo de Mari. Parece que las ideas relevantes surgidas en la trama son accidentes, pues nunca se exploran a fondo y solo están ahí para generar frustración. La cobardía de “Chicas Perdidas” es evidente y el guión de Michael Werwie constantemente sabotea todo esbozo de exaltación. Es como si el filme completo estuviera atado y cada vez que un nudo está por deshacerse, Liz Garbus aprieta más y más la soga. 

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El filme busca utilizar la ira de su protagonista como hilo conductor y es evidente que tal sentimiento parte de una complicada relación entre madre e hija. La historia hubiera sido mucho más absorbente si exploramos a detalle esos sentimientos de culpa y arrepentimiento. Sin embargo, el guión nunca se atreve a hacerlo. Mari tiene a otras dos hijas, Sherre (Thomasin McKenzie) y Sarra (Oona Laurence). Aunque están físicamente acompañando a su madre, sus emociones y desarrollo se pierden en medio de la cansada ‘búsqueda por justicia’ de la trama, generando aún más oportunidades desperdiciadas de generar algo de interés. La buena actuación de McKenzie (“Jojo Rabbit”) rebasa a un filme que no es digno de tal talento.

“Chicas Perdidas” es un cliché sobre una mujer luchando contra policías inútiles que parece tener el corazón en el lugar correcto, pero pierde completamente la brújula de la historia. Liz Garbus se enfocó tanto en hechos e injusticias que perdió la oportunidad de darle luz a temas más complicados y relevantes.

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