Crítica: Los hermanos Willoughby (The Willoughbys)

Padres negligentes y niños que quieren ser huérfanos no suena como la más amistosa premisa para un filme animado, pero últimamente Netflix se ha caracterizado por tomar riesgos en este ámbito (como vimos con “Klaus” y “Perdí mi cuerpo”) y “Los hermanos Willoughby” es otra apuesta que huele a éxito para el gigante del streaming.

Mamá y papá Willoughby son terribles padres. No alimentan a sus hijos, los regañan constantemente, los encierran en un tétrico cuarto y nunca les dan cariño. Cansados de la situación, Tim (Will Forte), Jane (Alessia Cara) y los gemelos Barnaby (Séan Cullen) llegan a la conclusión de que la orfandad sería un mejor destino para ellos, por lo que deciden engañar y mandar a sus padres a una excursión llena de trampas mortales. Pero no se quedan solos: una dulce niñera (Maya Rudolph) llega a casa para cuidarlos y mostrarles el amor que nunca han recibido en sus vidas. Y entre todo esto, un gato azul con la voz de Ricky Gervais se encarga de narrarnos la historia y llenar los espacios vacíos. 

Aunque el concepto de “Los hermanos Willoughby” suena bastante oscuro, el humor y la burbujeante atmósfera audiovisual logran alejar al filme de la seriedad. Todo está lleno de color y las extravagantes texturas cautivan la pupila. El mundo parece hecho de caramelo y el diseño de los personajes es brillante, particularmente el del Comandante Melanoff (Terry Crews), un fabricante de dulces cuyo traje está compuesto por waffles y gomitas. La animación es lo que une a todo esto, pues a pesar de ser digital, tiene vibras de stop motion que le otorgan un estilo único al filme. 

Escondido entre tanta irreverencia se encuentra un mensaje sobre el significado de la palabra ‘hogar’ y es a través del hermano mayor Tim, que el director Kris Pearn intenta plasmarlo. Tim es un niño inseguro que creció en una casa enorme, llena de historia y con la presión de ser un ‘Willoughby’. Está frustrado por no tener un llamativo bigote como sus ancestros y se siente obligado a cuidar a Jane y los gemelos de la mejor manera posible. El problema es que no recibió afecto de sus padres, no confía en adultos y le cuesta trabajo aceptar amor de los demás, por lo tanto, la llegada de una niñera cariñosa sacude su mundo. Esta complejidad le da un importante impulso a la trama.

La comedia funcionó conmigo. La irreverencia de los personajes, las líneas de humor negro y el toque de ironía en la narración de Ricky Gervais crean una dinámica muy entretenida, y complementada por la vibra del filme. El desarrollo de la historia es bastante astuto: te lleva por caminos que no hubieras esperado, alejándose de clichés e incluso rompiendo la cuarta pared a través del personaje del gato. Las actuaciones de doblaje en inglés son excelentes, destacando a Maya Rudolph, cuya energía eleva a la animación.

El tercer acto me causó conflicto: por un lado es atrevido y empuja esta narrativa de ‘Netflix tiene animaciones distintas en sus filas’, pero la ejecución se siente exagerada y desmedida. A pesar de la rimbombante atmósfera del filme, su final va un paso demasiado lejos y no logra genera la emotividad deseada. No es un desastre total, pero después de 70 excelentes minutos de narrativa, fue una decepción.

Netflix está haciendo muy bien las cosas en el departamento de animación y “Los hermanos Willoughby” es otro fuerte título para agregar a su colección. Es una divertida y atrevida película que logra diferenciarse de otras del género gracias a su vibrante mundo, irónica historia e inteligente uso de comedia.

“Los hermanos Willoughby” ya está disponible en Netflix.

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Comments

  1. Me parece también que esconde mago más como que sus padres son hermanos y también les trataron con negligencia por eso son así.

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