Los Auténticos Decadentes: sus no tan grandes éxitos

En argentina nació un movimiento que cambió por completo el rumbo del llamado Latin Ska, un puñado de bandas que comenzaron a mezclar el punk, el rocksteady, towtone, reggae, ska, etcétera con ritmos meramente latinoamericanos, principalmente de la tierra de la pampa, donde existen, aún, los más grandes exponentes.

Unos de tantos llevan por nombre Los Auténticos Decadentes. Ellos adoptaron mucho del rock, mucho del ska y del reggae, pero le tiraron unos cortes finos, le macharon murga, tango, cumbia. Poco les importó la “pureza” de un género nacido en Jamaica, luego exportado a Inglaterra.

No hace falta introducirnos en las entrañas de su historia, pues culmina en que se transformaron en una banda de festival, rocolas de grandes éxitos y compositores de silenciosos himnos que más bien reproduces mientras armas una carne asada, unas fría, pues en concierto no le gustan a los fanáticos por encimita.

Por ello, nos meteremos de lleno a esas canciones que muy pocas veces nos regalan en las tarimas, pero que sin duda nos han hecho un parote en estas épocas de pandemia por su increíble instrumentación o el gran significado de sus letras. Arrancamos:

Del disco debut, El Milagro Argentino tenemos que rescatar necesariamente a “Skabio”, una canción altamente rabiosa, llena de filosofía Decadente: cigarro, cerveza, drogas, sexo, rock n roll. El Jorobadito, por otra parte, es buena, pero la hicieron famosa los de Attaque 77 con un coverazo.

A pesar de tener buenas canciones y el sonido más cercano a la pureza ska, aunque con los primeros vestigios del sonido que después forjarían, en este disco destacan solamente dos canciones popularísimas que tocan constantemente: “Loco (Tu Forma de Ser), “Vení Raquel”.

Me parece increíble que “Paseando por Temperley”, pase a ser uno de los sencillos con videoclip, haya quedado en el olvido del disco Supersónico, donde las más exitosas llevan por título “La bebida, el juego y las mujeres” y “Ya me da igual”.

“Qué vas a hacer conmigo” es otra de sus baladas romanticonas mejor estructuradas, llena de ritmos pa’ bailar, pa’ mover el bote y cantar a todo pulmón. Por último, tenemos “El Vino Triste”, una mezcla cumbianchera con tintes de tango para acompañar los fernet con los y las compotas.

Llegamos, ni tarde ni perezosos, al tercer disco de la banda, uno de los más experimentales de la banda, punta de lanza para lo que después conoceríamos como el auténtico sonido decadente. Su último grito de juventud rebelde, para luego hacerle a eso de madurar y lanzarse con todo al mundo de la fama comercial e internacional.

Fiesta Monstruo no es una máquina de hits, pero sí se recuerdan canciones como “Auténtica” o “Lo que me gusta de vos”. Sin embargo, encuentras buenas joyas cuando le rascas a las entrañas de aquel payasito jocoso en la portada.

“Pochi Peluca”, por ejemplo, dedicada a la comunidad LGBT de argentina con un sonido super dance, aunque sin olvidar los metales y “Siga el baile” con el legendario intérprete de tangos Alberto Castillo. “Sos Mala”, además, tiene un sonido tremendamente ska-rock de Orange County onda Fishbone, The Untouchables.

Mi vida loca, de 1995 y Cualquiera puede cantar, de 1997, fueron los chingazos musicales que tanto ansiaban Los Auténticos Decadentes para salir con rumbo a Norteamérica y prácticamente a ser ovacionados por todo el mundo, desde rockeros, hasta skatos, cumbieros, rastafaris, etcétera.

Es difícil encontrar joyas perdidas cuando tienes un par de listas de temas compuestas por himnos como “La Guitarra”, “El Murguero”, “Corazón”, “El pájaro vio el cielo y se voló”, “Diosa”, “Qué le vamos a hacer”, “Como te voy a olvidar”, “Cyrano”, “Los Piratas”, “Luna Radiante”, “El Gran Señor” o “Borracho y solo”.

Aunque, de nuevo, no es imposible porque tenemos, por ejemplo, “Aguinaldo”, un himno al poco acceso o poca existencia de trabajos bien remunerados, la miseria laboral, etcétera, en la historia de una pareja que espera su pago de fin de año pa’ malgastarse todo en lujos que sólo pueden darse una vez cada 365 días. “A marechiare” es otro joyón.

“Un beso” es también un tremendo rolón que seguramente prendería en cualquier festival con ese tremendo coro que dice: “Yo quiero tu calor, sentirlo más y más, vivir así el amor, la eternidad”. Además, están “Mandrake y “Ojala”, otras canciones que cómo me haría feliz topar en pleno Vive Latino mientras me agarro a zapes con todos. Por último, “Luna Radiante” que se hizo famosa más adelante con una nueva versión a dueto junto con Babasónicos, pero sigue sin ser de las tocadas.

Ya bien entrados en el nuevo siglo, siguieron los éxitos de radio, televisión y festivales con discos como el Hoy Trasnoche o Sigue Tu Camino, este último el mejor para muchos fanáticos por lo tremendamente perfecto que es.

Sin embargo, el público se ha ido con todo por temas como “Viviré por siempre”, “Sigue tu camino”, “Pendeviejo”, “Un Osito de Peluche de Taiwán”, “Prima lejana” o “Beatle”, coverazo a sus compas de Attaque 77. Sin olvidarnos de “La Música”, “El dinero no es todo” y “Besándote”.

Pero alguna que otra que se les han ido son esa rola futbolera y altamente chelera pa’ después del juego en el llano “Los amigos del campeón”, “Ángel y Demino”, “Bichiluz” o “Yo puedo” y “En Las Fiestas”. Todas tremendas. Agregaría “No puedo” que si bien es de reconocida, tampoco tocan mucho en escena, por lo menos en México.

Entonces llegó el que para mí, es el mejor disco de la banda, pero también el más infravalorado: Club Atlético Decadente. Quedó en el olvido porque para entonces ya tenían una buena base de hits que tocaban por todo el mundo, así que jalaron, a lo mucho “Somos” para iniciar o finalizar los conciertos.

Sin embargo, hay rolotas del calibre de “Algo hay que comer”, “Me tiro a la basura”, “Otra vez lo arruiné todo”, “Confundido”, “Amanecer”, mismas que luego de la gira de promoción fueron arrojadas al clóset.

El último par de discos la verdad que no son muy destacados. Simplemente salieron para cubrir la cuota de rolas, para seguir en el mapa y no desaparecer, pero el género en sí ya cayó en la contante repetición de fórmulas, en lo aburrido, en lo chafota.

Por ahí rescataría del “La ciudad de infinitas avenidas” o “Jopito” del disco Irrompibles o “Tanta Soledad” junto a “Sin Pedir nada” de Y La Banda Sigue de las olvidadas que deberían llevar hacia el stage.

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