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La mejor decisión de Los Amigos Invisibles en autoconcierto

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La mejor decisión que tomaron Los Amigos Invisibles durante su autoconcierto en la Curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez no tuvo nada que ver con el setlist lleno de sus mejores temas, de sus éxitos radiofónicos, de sus más zapateadas melodías.

Tampoco fue el hecho de hablar menos y tocar más, hasta una veintena de canciones que me provocaron dejar atrás las añoranzas de un concierto festivalero de aproximadamente 30 minutos de show, pero también de una encarnizada lucha entre empujones, zapes y codazos por encontrar el mejor lugar del estadio.

Pero a la vez, extrañé los viejos conciertos de la banda venezolana en cualquiera de los escenarios mexicanos, donde un puñado de extraños nos reconocemos en las melodías funk, salseras, poperas, baladas, dance, nos abrazamos, sufrimos, lloramos o sudamos por igual, y ya entrados en sustancias nocivas, armábamos la fila congalera por toda la pista, tomados de los hombros, de la cintura, bailando a ritmo del “Corazón Tatú”.

Sentimientos encontrados.

La mejor decisión de Los Amigos Invisibles no fue hacer un extenso análisis de las canciones más escuchadas de la historia en sus streamings o redes sociales, para complacer a chicos y grandes con temas que suenan más bien poco en vivo, pero harto en plataformas.

Tampoco fue cargar con Daniel Saa en las guitarras como reemplazo de “Cheo” Pardo, un músico de pocas expresiones faciales, pero de muchísima técnica que les otorga un sonido mucho más eléctrico y rocanrolero, con uno que otro riff inédito y solo incluidos.

Lo más chido no fue la gozadera con los compas desde el corral donde aparcas tu automóvil, ni ver a los morritos danzando desde la punta los cofres, las cajuelas o los toldos de los automóviles, en vez de sacar fortaleza de quien sabe dónde chingados para soportar los aplastamientos a que luego son sometidos por sus apasionados (pero inconscientes) padres.

Y desde luego que la decisión más destacada de la tarde no fueron las nulas pulseras para “conductores designados”, ni la venta de cerveza a propios o extraños, sin importar que tras el volante hubiera un borracho asqueroso que, a la noche, pusiera en peligro la vida de varios.

Les juro que la mejor decisión de Los Amigos Invisibles no fueron las horas y horas de ensayos que se notan detrás de tremenda orquesta, ni lo bien que suenan aquellos venezolanos en vivo a pesar de los poco más de 12 meses en parón indefinido por culpa del coronavirus.

No, la mejor decisión de Los Amigos Invisibles fue saltarse el verso de “Ponerte en Cuatro”, ese que durante tantos años nos pareció tan divertido y lleno de venganza, que nos saltamos el hecho de que hablan sobre un feminicidio, seguido de la completa impunidad del protagonista de la historia.

La mejor decisión de Julio César Briceño fue balbucear durante el verso a pesar del abucheo generalizado de los asistentes que, pese a todo, no ha entendido nada.

Pero acá te dejamos el mero setlist del toquín para que lo disfrutes cuantas veces quieras:

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