El Hoyo En La Cerca, un thriller para desenmascarar la educación de la elite

Érase una vez una película mexicana bastante prometedora, selección oficial en Venecia y Morelia, dirigida por el mismo autor de aquella maravilla titulada Maquinaria Panamericana. Aunque la distribuidora se esforzó por crearle los peores posters que la raza humana haya concebido (mismo caso ocurrido con La Civil, por cierto), la premisa de El hoyo en la cerca era lo suficientemente atractiva para entregarse a las garras de este cruento internado en medio del bosque.

Sin embargo, la cinta no tarda en desperdiciar semejante potencial, una visión intensa sobre el eterno conflicto de clases desde el punto de vista juvenil y del adoctrinamiento al que son sometidos a temprana edad, al carecer de un elemento vital para que cualquier obra funcione: un desarrollo. Oh, que el dios de los guionistas los libre de enfrentarse a un segundo acto.

El hoyo en la cerca reseña

El hoyo en la cerca o el hoyo en la trama

Llegamos a este exclusivo colegio en medio de la nada, accesible solo para los jóvenes de la elite privilegiada y uno que otro despistado con beca. ¡Sabes qué El hoyo en la cerca va en serio cuándo hasta los papás llegan en helicóptero! Todos blancos, buenos y bonitos, bendecidos por el Dios capitalista que expía de todo pecado a aquel con los billetes necesarios sin importar lo abusivo que sea.

Estos niños se exceden, no conocen límites hacia el prójimo; son la encarnación del clasismo. Lo increíble es que es una ideología impuesta por sus figuras de autoridad: un remedo de Maciel, un yankee de disciplina muy severa y “el japonesito” (expresión despectiva utilizada por las clases altas) de naturaleza pasiva-agresiva. Son educados para relevar la antorcha de la superioridad de raza. Por ello hay que denigrar todo lo impuro: a la raza de piel morena, la homosexualidad, la pobreza.

Uno de nuestros personajes es un joven de bajos recursos que fue becado, “una bestia a la que educar”, se refieren. Es humillado no solo por su color de piel, sino por juntarse en un principio con un joven gay. No es sino que hasta que revienta al líder de la palomilla que empiezan a temerle. Solo así entienden estas personas y no hay mayor virtud para El hoyo en la cerca que mostrar la naturaleza del ser humano en su estado más elemental. Los jóvenes son siempre influenciados por estas emociones secundarias del miedo, el horror, la ira; el reflejo de los peores defectos de los adultos pero enaltecidos en su condición de inmadurez.

La religión institucional como la artimaña más grande de hipocresía. Un clásico.

Viven en una burbuja ajenos a la realidad del mundo, la utopía de la clase alta en México de aquellos que no bajan del reino de Santa Fe o San Pedro de los Garza (por aquello de nuestros lectores regios). Es una visión mucho más concreta del problema, sin caer en la visión rancia de señora de Interlomas de Michel Franco. O al menos eso aparenta al principio.

Otro caso del grupo. Un niño al que mantienen drogado, enyesado, la víctima ideal para los abusos de un siniestro paramédico (el mejor elemento del casting, un rostro cuya solo presencia es incómoda). Por él se desencadenan dos cosas: el caos de una vida sin consecuencias y el desorden de una inverosímil, aunque emocionante conclusión.

En El hoyo en la cerca siempre es latente el sentimiento de que algo malo pasará y en efecto, así pasa. ¿Quién necesita del factor sorpresa cuándo todo está predeterminado? El problema es cuando ocurre de la forma más gratuita posible, sin molestarse en desarrollar personajes ni provocar una mayor empatía por las víctimas. Todo explota a partir de una construcción hecha con anticipación por solo dos escenas, dejando atrás sus esbozos iniciales. Existe un suspenso pero creado a partir de esta necesidad explotar un morbo.

De repente, el niño becado pasa a ser mero espectador en tercer plano, su amigo de tendencias homosexuales apenas y se asoma y el poblado contiguo al colegio se vuelve relevante tras solo una escena. En cambio la comedia involuntaria es enorme cuando de la nada recuerdan a su compañero enyesado como a los dos días de haber desaparecido. “Ah neta, ese man… Bueno ni me importa pero igual vamos a quemar el pueblo porque seguro ellos se lo robaron”. ¡Genios!

De repente El hoyo en la cerca se vuelve un absurdo un intento de Canoa cuyos mártires sin voz son reducidos a mera utilería para que los salvajes hagan de las suyas y nosotros nos quedemos con la lección de quienes son los verdaderos monstruos en la sociedad. Como si no lo intuyéramos desde el instante en que hablan de la palabra de Dios con tanta iniquidad.

A pesar del esfuerzo del elenco, la bella fotografía que resalta esta idea del sofocamiento, poco sirve cuando la película no se molesta en acercar más a su público. Claro que se puede hacer protagonismo de un colectivo pero solo funciona cuando aportan algo al crecimiento de la trama. Lo peor es que no tenían que ir tan lejos: cada uno de estos alumnos es presa de una ideología miserable. Fin.

Mario Valencia
Mario Valencia
Escribo de terror, tomo fotos, edito videos y así. Me gusta el metal, el bailongo a todo darks y ser la señora de los gatos.

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