Bengala + Insite: el autoconcierto de los que todavía se sienten chavos

Abandonaron a la chaviza. La nueva temporada de concierto le apuntó a un público diferente, al de la generación que ya escucha puro alternativo y puro rock rebajado; a los disque alternativos.

Caifanes, Moenia, Cuca, caray. Eso, aunque te pongas triste, lo escuchaba gente que ya hasta nietos tienen; ¿Kinky? bueno, se las paso, pero esos weyes existen desde la década de los noventa, aunque debutaron a inicios del nuevo siglo… hace 21 años. Sonaban cuando ya tenías 12 o más, andas en los 30, cerca o te pasaste! No eres un morro.

Bengala se creó por esas fechas, en 2003, aunque salieron a la luz en 2008 con el disco “Oro”; mientras que Insite, un año antes, estrenó “Una vida no es suficiente” para meterle más emoción a la cortada de venas.

Por eso en la Curva Cuatro del Autódromo Hermanos Rodríguez había, por un lado, coches plagados de señores con sus prometidas o esposas e hijos, de treitañeros que no aceptan su edad, pero ya les duele bailar, y por otro, chavillos que no soltaron el Twitter, el Instagram y el Facebook, con el único objetivo de documentarse cada paso de su artista favorito.

Bengala
Bengala (Foto: Gustavo Azem)

Los primeros pasaron de largo. No es que nadie los conociera, que tocaran mal o tuvieran actitudes asquerosas; simplemente fueron vencidos por el público de Diego Suárez y compañía.

Lo anterior, a diferencia de los Bengala, quienes iniciaron con un sonido fatal, fuera de tiempo, sin claridad, entre otros errores. Entre gritos, claxons y mucha cerveza, pasó desapercibido aquello.

Pero sinceramente, suenan mucho más macizo que nunca. Guitarras muy distorsionadas, chingadazos secos a los tambores, un bajeo que te ñañarea el ano con cada pisada, además de una voz apasionada, los ponen, probablemente, en el top tres de las bandas del punk rock mexicano que más emociona en vivo.

No era lugar ni momento para una correcta apreciación de su arte. “No country for emo shit”.

Insite
Insite (Foto: Gustavo Azem)

Un par de minutos después, y con la lluvia ahuyentada, Bengala se puso a tono. Era lo menos que podían hacer por la bandita que hizo un gran esfuerzo por hacer que aquello se notara a penas con gente, pues no estuvieron ni cerca de colgar el sold out.

Lo cierto es que mantuvieron bien pulidas esas cuerdas, bien aceitados los tambores. A pesar del tiempo fuera de la escena, no pierden el toque por el que tanta gente los esperaba en el Vive Latino 2019, y moría por verlos en el ahora extinto Plaza Condesa, pero el espectáculo es poco llamativo, sin más planeación que unas pantallas, y un estorboso hombre con su cámara frente al vocalista.

El trámite es rápido, poco menos de tres horas, un par de grandes éxitos y estás fuera. Hubiera estado bien para un festival en el que apenas tienes tiempo de tocar, pero como acto principal, deberías ser capaz de hacer algo más.

Se recomienda emprender la fuga, por cierto, antes de que cualquier cabrón borracho (con una inútil pulsera de cero alcohol en la muñeca), agarre su auto y le pise sin conciencia. Aunque hasta el momento, el saldo es blanco.

Bengala
Bengala (Foto: Gustavo Azem)
Gustavo Azem
Gustavo Azem
No tan guapo como Brad Pitt, ni tan simpático como Chespirito.

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