La Llorona, el lamento de una generación marcada por el genocidio

Una de las sorpresas más interesantes que hemos recibido en el mundo del cine desde la pasada entrega de los Golden Globes donde fue nominada a mejor película de habla no inglesa, llegó desde Guatemala de la mano de Jayro Bustamente, autor del aclamado drama Ixcanul. Con su versión de La Llorona, abandona varios clichés de la famosa leyenda que habita en el inconsciente latinoamericano o, peor aún, de aquella ingenuidad puesta por los gringos en la producción de James Wan. Aquí estamos ante una cinta de horror con tinte social, inspirado por el genocidio maya ocurrido en el país centroamericano durante los años 80 y que aún hoy día, mantiene una triste relevancia ante el clima de violencia contra las mujeres.

El otrora dictador Enrique Monteverde (basado en Efraín Ríos Montt, tirano apoyado en los 80 por Reagan y enjuiciado en 2013, aunque su muerte lo salvó de una condena) es llevado a juicio por orquestar una masacre contra indígenas mayas durante su gestión, 30 años atrás. Como típica historia latinoamericana, es absuelto de todo cargo ante un tribunal lleno de testigos de las fechorías cometidas por los militares de Monteverde. Se genera un descontento en la sociedad. El hombre junto a su familia, incluida su esposa, hija y nieta, son obligados a permanecer encerrados en su casa hasta que las protestas cedan. Gran parte de los sirvientes deciden huir ante la presión, por lo que llegará una nueva mujer a su familia para ayudarles en las labores del hogar: Alma, una misteriosa mujer de origen Kaqchikel que espero, el título les haya revelado hacia donde va su personaje.

La obra de Bustamante es un horror de la vida real trasladado con inteligencia al folclor latino. Es más fuerte ver el dolor de decenas de mujeres indígenas ver frustrarse su anhelo de justicio ante la corrupción de un estrado que al espectro pálido aparecer repentinamente tras de ti. La tensión vivida por los familiares de Monteverde que, sin estar involucrados, deben sufrir las consecuencias de su régimen, en especial su nieta, es una tragedia terrible. Pero a la vez, les ayuda a enfrentarse con la figura patriarcal y para construir una sororidad entre cada personaje femenino de la trama.

La Llorona Review
Imagen: Cine Caníbal.

Cada secuencia está hecha con maestría aunque para dejarlos sorprender, me quedaré con la primera parte: un plano secuencia que inicia en plano cerrado conteniendo al cruento protagonista. La cámara comienza a abrirse lentamente hasta que la absolución se declara. El plano, ahora abierto, encierra al dictador entre una horda de periodistas mientras las víctimas quedan en completo segundo plano. Joya.

Pero la narrativa de La Llorona abarca un aspecto que en últimos años, el cine latinoamericano ha aprovechado a su favor: el diseño sonoro. El sonido se convierte en un personaje que trasgrede el grito de “ay mis hijos” de una mujer en penuria, a los reclamos de miles en busca de justicia por su gente masacrada. Desde la absolución del general en el juicio hasta el final, la película es un ruido constante que agobia y genera claustrofobia entre su familia, acuartelada entre manifestantes. El simbolismo de mil lloronas clamando por un país. Cuando toma el tono fantástico, es un silencio hipnótico. Alma llama con su canto al general, quien cae ante su seductora figura. Una trampa. Él despierta del encanto y el ruido regresa. Una maravilla.

Sin embargo, hay un apartado donde el filme falla en casi todo momento: las actuaciones. Salvo la del personaje homónimo encarnado por María Mercedes Coroy, no son las mejores y esto contribuye a que en varias ocasiones, el ritmo de la obra parezca más lento de lo que en realidad parece. En este aspecto la dirección aún luce muy académica, con obvias intenciones de impresionar a los nichos de festivales por la sobriedad de sus intérpretes. Y esta carencia de reacciones, claro que ahuyentará a los más impacientes o a quienes no hayan logrado empatizar con el discurso.

Coroy brilla cada momento en pantalla. Un espectro que puede deambular entre centenares pasando desapercibida, envuelto en un halo de misterio pero seductor con su presa. Es la gran presencia de la película, una ‘Llorona’ poco habitual que reinventa la leyenda.

La Llorona es una excelente cinta de horror que demuestra que no solo los Aster o Eggers del mundo anglosajón pueden darle frescura a un género saturado de fórmulas y jump scares baratos. No la dejen pasar ahora que está disponible en salas tras su paso por la Muestra Internacional de la Cineteca.

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