Crítica: El Caso de Richard Jewell

Clint Eastwood ama darle luz a casos heroicos de la vida real y sacar sus películas tarde en temporada de premios para intentar sorprender a todos. “El Caso de Richard Jewell” es su nuevo trabajo como director en el cual nos cuenta la historia de Richard (Paul Walter Hauser), un guardia de seguridad que encuentra una bomba en Centennial Park durante los Juegos Olímpicos de 1996, logrando así salvar a muchas personas. Sin embargo, al no tener otros sospechosos el FBI y la prensa comienzan a inculpar a Richard, creando un infierno alrededor de él y su dulce madre Bobi (Kathy Bates).

De entrada, “El Caso de Richard Jewell” intenta que te encariñes con su protagonista, un simple, amable y buen hombre cuya máxima ambición es ser policía y proteger a las personas. La recreación del incidente terrorista cumple el objetivo de que veas la labor de Richard y su dedicación por salvar vidas para que le agarres más cariño. Todos lo ven como un héroe, su madre está orgullosa, las televisoras quieren escuchar su historia y una editorial quiere hacerle un libro. Cuando llegan las acusaciones de un desagradable agente del FBI, interpretado por Jon Hamm (“Baby Driver”) y el acoso mediático provocado principalmente por una nefasta reportera (Olivia Wilde), todo se transforma en tristeza. 

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El filme se va convirtiendo en una pequeña pesadilla de la cual parece no haber salida. Richard y su madre son acosados por cadenas de televisión, y los agentes federales intentan aprovecharse del protagonista para obtener evidencia en su contra. Clint Eastwood hace un gran trabajo de llevarte por esta historia para crear un enorme sentimiento de impotencia: primero ves la gloria de un buen tipo alcanzando sus metas y en cuestión de minutos, ya está sufriendo por algo completamente injusto. Todo esto deriva en suspenso, pues ya estás metido en la historia y apoyas a Richard para que sea exonerado. Paul Walter Hauser (“I, Tonya”) hace un destacado trabajo comandando la película con empatía, 

Entre la desgracia, aparece Watson Bryant, un viejo amigo y ahora abogado de Richard que hace todo lo posible por defenderlo. Es aquí cuando “El Caso de Richard Jewell” despega. Sam Rockwell (“3 Billboards Outside Ebbing, Missouri”) es eléctrico en los zapatos de este personaje: es gritón, inteligente y de alguna manera, le tiene toda la paciencia del mundo a su cliente, cuya inocencia lo hace un objetivo fácil de incriminar. Cuando la gente del FBI intenta hacer de las suyas, Rockwell aparece para ponerlos en su lugar, dejándote una sensación de satisfacción que por momentos tapa el enojo derivado de la situación del pobre protagonista. 

Sin embargo, es Kathy Bates (“About Schmidt”) quien se roba la película como Bobi, la madre de Richard. Su personaje es absolutamente esencial para que todo funcione, pues empatizas totalmente con su caso. Bobi es un amor de mujer que un día está orgullosa de su hijo, y al siguiente se ve invadida por fuerzas externas y humillantes; llega un punto en el que lo único que te interesa es que dejen en paz a esta lindura de madre.  Bates es fantástica en el papel y en el tercer acto tiene una de esas escenas de Oscar: te deja al borde de las lágrimas y te hace conectar emocionalmente con la historia.

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Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Uno de los puntos feos de “Richard Jewell” es Kathy Scruggs, el personaje interpretado por Olivia Wilde. En la película vemos a esta periodista ser un terrible ser humano: se acuesta con personas para obtener exclusivas, acosa a sus objetivos y parece no tener una pizca de moral. Es un desarrollo totalmente cliché y sexista que parece sospechosamente exagerado y de hecho, varios de las personas que trabajaron con ella aseguran es pura mentira. Lo mismo va para la manera en cómo el filme plasma al periodismo. Sí, en la vida real los medios de comunicación destrozaron la vida de Richard Jewell y no tengo duda de que estemos ante una representación fiel de los hechos. Sin embargo, aquí tuve que separar un momento al arte del artista. Clint Eastwood es un sujeto totalmente conservador y apoya a la actual administración de Estados Unidos, que – como todos sabemos – está a cargo un misógino ‘ser’ en perpetua guerra contra los medios. Si mezclamos la manera en cómo Eastwood retrata al periodismo y la representación sexista que hace de un personaje mujer… pues obtenemos un producto que parece ser más un ataque contra alguien que un relato de heroísmo. Tal vez estoy totalmente equivocado, pero algo no me huele bien y llegué a sentir que Eastwood usó este filme para satisfacer su agenda política.

A pesar de la situación política, “El Caso de Richard Jewell” es un gran filme, repleto de excelentes actuaciones, que sirve como recordatorio de que el poder en manos de alguien deshonesto e irresponsable puede ser desastroso, además de ser una mirada devastadora a lo que ocurre cuando la moral se hace de lado para satisfacer cuestiones personales.

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