Crítica: Un Buen Día en el Vecindario (A Beautiful Day in the Neighborhood)

Tal vez audiencias fuera de Estados Unidos no estén familiarizadas con Fred Rogers, una personalidad de la televisión cuyo venerado show titulado ‘Mr. Rogers’ Neighborhood’, ayudó a la formación integral de millones de niños y niñas durante varias décadas. Rogers es considerado una especie de héroe y un ser humano ejemplar en todo sentido de la palabra cuyas enseñanzas siguen siendo fuente de consuelo y sabiduría durante momentos difíciles. “Un Buen Día en el Vecindario” es un filme que celebra precisamente eso: toda la bondad que Mr. Rogers le dio al mundo.

Cuando se anunció, pensé que “Un Buen Día en el Vecindario” iba a ser una película biográfica sobre Fred Rogers… y de cierta manera lo es, pero no en la manera tradicional. Podríamos decir que las enseñanzas de Rogers son el personaje central del filme y el conducto para transmitirlas es la historia de Lloyd Vogel (Matthew Rhys), periodista con mala reputación y problemas de temperamento que es encargado con la tarea de entrevistar a Rogers para escribir una semblanza. Este acontecimiento se convierte en una experiencia terapéutica para Lloyd, quien con ayuda de Rogers, comienza a explorar sus emociones y la manera en cómo la relación con su padre ha afectado su vida.

“Un Buen Día en el Vecindario” es inspiradora y maneja temas relevantes para todo ser humano. Habla sobre la importancia de expresar nuestros sentimientos, de trabajar problemas internos, de pérdida y de lo complicado que es pedir perdón, todo apoyado en una idea elemental que todos debemos aplicar en nuestras vidas: la amabilidad. Es un filme que te llena espiritualmente y te tiene al borde de las lágrimas en muchas ocasiones, no porque sea triste, sino porque está lleno de bondad.

La dirección de Marielle Heller (“Can You Ever Forgive Me?”) es absolutamente fenomenal. Apoyándose del excepcional guión de Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster, Heller presenta una historia creativa que se sale del molde y logra transmitir todas sus ideas principales sin caer en lo absurdo. El filme fácilmente pudo haberse convertido en un cursi sermón sobre ser bueno con el prójimo, pero Heller procuró ir más allá, dándole complejidad a sus personajes y centrando la esencia de la historia en la importancia de la inteligencia emocional. El mundo que la directora creó es simple, pero muy detallado y en él encontrarás fieles recreaciones del programa de Mr. Rogers y del Nueva York de los 90’s: además, hay pequeñas pero geniales decisiones como por ejemplo, el reemplazar tomas panorámicas de la ciudad con maquetas de juguete (al estilo del show). Y así, con toques como esos, Marielle Heller establece un estado de ánimo que funciona a la perfección durante todo el filme. Tres de tres para esta increíble directora que ya debería tener más reconocimiento por su trabajo.

Además de ser la perfecta elección para el papel, el querido Tom Hanks (“Sully”) es la personificación total de Fred Rogers. Su forma de hablar, sus manierismos, su cadencia, todo está ahí para crear una fiel representación de tan venerado icono. La vibra positiva de Hanks hace que todo funcione y su presencia es siempre motivo para sonreír de oreja a oreja. 

De repente escuchar los diálogos de Hanks hacen parecer a Fred Rogers algo inalcanzable, un ser demasiado bueno para ser cierto. Eso podría alejarte de la historia y pensar: ‘nada de esto es real’, pero si investigas un poco, todo es cierto. Rogers ejemplificaba todo lo que la humanidad puede alcanzar y el filme es una celebración de la visión única de amor que él compartió con el mundo. Creo que todos podemos aprender algo de sus ideas. Ojo, la película procura destacar el hecho de que Rogers no era perfecto, porque nadie lo es y a través de eso empatizas todavía más con su persona. Es brillante.

“Un Buen Día en el Vecindario” es una película que te levanta el espíritu y se queda marcada en tu alma. Con tanto problema ambiental, amenaza de guerra, inseguridad y falta de empatía, es muy difícil encontrar luz en un mundo tan oscuro, y creo que “Un Buen Día en el Vecindario” es justo lo que necesitaba para recordar que la bondad existe y que una acción amable puede ser suficiente para cambiar una vida. El timing de esta película no podría ser mejor: en 2020, la humanidad necesita filmes como estos, necesita de las enseñanzas de Fred Rogers, necesita amabilidad, necesita un recordatorio de que el amor existe y que a través de él, podemos cambiar al mundo.

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