El juego del calamar: Una metáfora de los claroscuros de la democracia

El juego del calamar (hangul: 오징어 게임) se ha vuelto el nuevo producto más visto del gigante del streaming Netflix, por la rapidez con la que se viralizó empezando por los memes y después por las reacciones sobre su contenido violento que van desde columnistas hasta psicólogos confirman que el viejo paradigma funcionalista de la aguja hipodérmica, no solo no ha sido superado, sino siguen creyendo que está vigente.

A unas semanas de su estreno en 17 de septiembre de este año, comenzaron a multiplicarse las críticas sobre su contenido violento y la forma en como este ha influenciado a la juventud en países como Bélgica para imitar los retos de juego intercambiando las balas por golpes, inquietando a padres de familia, educadores y psicólogos.

Como ocurre en cuanto algo se hace tan famoso, se polarizan las opiniones sin ver el verdadero fondo de las cosas y se banaliza en mera opinión. “El juego del calamar” narra en 9 capítulos, la trágica historia de un grupo de 456 marginados sociales que viven excluidos de los beneficios económicos y sociales de la democracia surcoreana.

Previamente detectados, son reclutados a través de misteriosos juegos para ofrecerles la posibilidad de resolver sus miserables vidas con un jugoso premio económico (45 600 millones de wones) si sobreviven a una serie de retos y juegos infantiles (igual que otros reality shows). Sin embargo aquí los errores no se pagan con una expulsión o con un premio menor sino con la vida misma, es cuando empieza a ponerse interesante pues la posibilidad de llevarse una mayor cantidad de dinero al final, hace que se desate una carnicería entre los mismos concursantes que dejan a un lado sus lazos afectivos y valores morales por la codicia de llevarse más dinero no solo de sobrevivir.

En el grupo están representados los distintos grupos sociales no solo de la sociedad surcoreana sino de cualquier democracia occidental: ancianos, mafiosos, matrimonios, obreros, profesionales de distintas ramas como la medicina, la economía o la ciencia y hasta desertores políticos, donde no importa si fueron leales al sistema, si cometieron un error, quedaron excluidos de él y de sus beneficios, excelente metáfora en la muerte de cada uno de los participantes.

A través de los retos sobreviven menos y eso hace que se recrudezca la violencia que aunque visualmente explícita no es mayor a lo que ya se ha visto antes en otros productos de la cultura de masas, o se vive de manera cotidiana en algunos lugares de nuestro país (pregúntenle a los que viajan en transporte público en el estado de México).

El mensaje detrás de El juego del calamar

Luego entonces vamos a la deconstrucción de la historia y lo que realmente está tratando de decirnos.

La serie utiliza constantemente las metáforas donde quedan expuestos, los abusos y bajezas que de manera cotidiana se cometen en cientos de oficinas, escuelas, fábricas y hogares, donde por el éxito económico y social se puede mentir, robar o traicionar, bajo la falsa ilusión de que en el sistema democrático todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades si nos esforzamos lo suficiente (meritocracia). Mito que se derrumba cuando en una agria discusión Seong Gi-hun le dice  su amigo de la infancia Cho Sang-woo que él está metido en el juego porque es lento y perezoso pero ¿cómo alguien como él con estudios e inteligencia terminó ahí?

Conforme avanzan los retos se envilecen sus participantes que cada vez más sacan lo peor de la naturaleza humana por ser los ganadores del premio. Aunque se trata de una historia comercial que desde su origen fue creada exprofeso para generar dinero y solo dinero, su mayor logro está en ser un espejo mediático donde nos guste o no vemos que alguna vez hemos sido uno de sus jugadores voluntariamente o no, ya sea por la vileza de alguna acción o por hacer lo correcto a pesar de las consecuencias y ahí radica su verdadero significado.

Desde luego la serie no es apta para menores por la complejidad de la historia, no por el contenido violento explicitico que en un proceso de banalización previo ha sido imitado por los jóvenes de algunos países sin reflexionar en lo que significa. La serie no normaliza ni legitima ninguna conducta que en los entornos familiares y psicosociales no haya sido desarrollada con anterioridad, es decir los medios no prescriben conductas.  

Más allá de si es violenta o no, El juego del calamar (disponible en Netflix) es una oportunidad de reflexionar acerca de un sistema que fomenta y premia la competitividad en aras del lucro. Y a ustedes ¿qué les pareció? Se quedaron en la superficie o sí vieron el fondo. ¿Con qué personajes se identifican?, si les gustó compartan, si no comenten.

Roger Muñoz
Roger Muñoz
Roger Muñoz. Sibarita, irónico e irreverente, Comunicólogo de profesión, texto-servidor por accidente. Converso al “Indie” desde el 2009 después de vivir una experiencia místico-digital. Audiofilo de closet. Lector compulsivo de libros; amante del rock, el jazz, el cine, los cómics y la ópera. Otaku retirado y Japonfílico rehabilitado. Su alter-ego “starcat” a veces piensa por él.

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