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Diana Krall revivió a los dioses del jazz en el Auditorio Nacional

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Diana Krall desde el Auditorio Nacional / Foto: José Jorge Carreon - OCESA

Después de cinco años sin poner pie en la CDMX, la talentosa compositora y pianista canadiense, Diana Krall, volvió a lo que llamó ‘un lugar que se siente como casa‘: el escenario del Coloso de Reforma que abrió sus puertas a cerca de 6 500 personas, según cifras oficiales de OCESA, que tuvieron un recital que llevó a todos por un viaje en el tiempo hacia las épocas de los años 20s y 30s donde el cancionero clásico norteamericano cobró vida a ritmo de jazz y hasta bossa nova.

Diana Krall desde el Auditorio Nacional / Foto: José Jorge Carreon - OCESA
Diana Krall desde el Auditorio Nacional / Foto: José Jorge Carreon – OCESA

La magia de cuatro: Diana Krall y su repaso por los grandes clásicos


Fue entre las 8:40 de la noche que comenzó la velada con un escenario alumbrado por cinco luces donde el piano mágico de la canadiense, marca Steinway & Sons, de satín negro, sonaba fuerte acompañándose del resto de músicos que completarían el cuarteto jazzístico de esta noche: Karriem Riggins en la batería, el virtuoso Anthony Wilson en la guitarra y el maestro Robert Hurts en el contrabajo que comenzaron con ‘I Love Being Here with You’, una clara indirecta al público mexicano entusiasmado por ver a la canadiense.

La capacidad de improvisación se hizo sentir desde el inicio, trayendo memorias de los recitales que ofrecían todos estos autores y cantantes, creando temas que hablaban de amor y vida donde la naturalidad en los artistas era palpable. Mientras, Diana Krall lucía con su vestido negro con vivos brillantes que la hacían parecer como una estrella más del cielo de esa noche mientras continuaba la velada con ‘Let’s Fall in Love‘ y las teclas del piano continuaban recordando a grandes nombres como Cole Porter, Peggy Lee y Harold Arlen.

Después de una vibra que captó la atención de la audiencia, mayormente formada por público de 45 años en adelante, la canadiense de 58 años interpretó ‘una de las primeras canciones que aprendí escuchando esta música’, según expresó emotivamente. Entonces ‘This Can’t Be Love’, originalmente de Rodgers & Hart continuó una tocada llena de un aire íntimo a pesar de la inmensidad del Auditorio Nacional, cuyo telón de fondo fue alumbrado con luces de color morado, azul y rojo, como si estuviéramos en un bar de Chicago o Nueva York de hace tiempo.

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Diana Krall complació a los asistentes con la magia de la improvisación clásica del jazz. Foto: OCESA / José Jorge Carreón

Seduciendo a ritmo de jazz puro

“Buenas noches, México. Estoy muy feliz de verlos de nuevo, estaba ansiosa por verlos después de tanto tiempo. Es una sensación y vibra excepcional. Muchas gracias por recibirme“, manifestó una muy alegre Diana Krall que continuó dandole rienda suelta a esta sesión ahora con un tema inspirado por el trío de Nat King Cole donde la guitarra poderosa de Wilson recordaba en su forma de tocar y su físico a un Eric Clapton de los años 60s, haciendo que ‘You Call it Madness (but I Call it Love)‘ sedujera a los fanáticos.

Con una introducción solamente hecha con piano, el festín continuó con ‘Devil May Care‘ de Bob Dorough donde la cantante canadiense mostró sus cualidades en este instumento para dar paso a un ritmo mucho más intenso donde la guitarra, la batería y el contrabajo aceleraron su ritmo y mostraron nuevamente esa característica del jazz de improvisación natural que causaba aplausos y hasta chiflidos de emoción en una audiencia embelesada con el cuarteto.

Pero el romance y la grave voz de Krall lucieron mejor ante los oídos de los presentes cuando las primeras estrofas de ‘I’ve Got You Under my Skin‘, hecha famosa por Frank Sinatra, puso el mood romántico donde la audiencia cantó con Diana sin opacar su peculiar estilo que resonaba en el recinto rendido ante ella y sus acompañantes, todo esto mientras ‘I Was Doing Allright’ de George Gerswhin siguiera luciendo una gran selección de canciones para enamorar a todos los amantes del género.

Una velada donde solo faltó una buena bebida y el espíritu alocado de Nueva Orelans fue lo que Diana Krall dejó sentir con su cuarteto
Una velada donde solo faltó una buena bebida y el espíritu alocado de Nueva Orelans fue lo que Diana Krall dejó sentir con su cuarteto / Foto: OCESA – José Jorge Carreón

Después de que el cuarteto luciera con esa gran selección de canciones. Llegaba el momento para Diana Krall de mostrar sus virtudes como solista interpretando en su piano ‘A Case of You‘, tema de su compatriota Joni Mitchell, mientras le daba descanso a sus músicos que después de la breve y emotiva pausa causada por esta canción, volvieron a sumar su talento con ‘Exactly like You‘ de Jimmy McHugh y un inesperado sencillo de la canadiense, ‘East of the Sun (and West of the Moon)‘ que provocó aplausos de los seguidores en el recinto.

Desde el cielo a la luna, el cierre perfecto para Krall

Acercándose el final de la velada, la canadiense ofreció una versión magistral de todo un clásico hecho famoso por Fred Astaire,Cheek to Cheek‘, compuesta por Irving Berlin, donde el poder instrumental de la guitarra se complementó con el contrabajo y la batería que tocaron una introducción larga donde el cuarteto entero recibió nuevamente ovaciones estruendosas por parte de un público ávido de escuchar y que no sacó prácticamente para nada sus celulares.

Parecía que la despedida estaba clara y solo faltaba invitarles a Diana y compañía un trago en celebración de una gran velada, pero Krall y sus músicos volvieron con otro gran sencillo clásico de la canadiense, ‘The Look of Love’, que evocó memorias del lejano 2001, para acto seguido interpretar algo mucho más rico con ‘S’Wonderful‘, alguna vez cantada a dueto con el difunto Tony Bennett, contagiando de un alegre bossa nova a los asistentes esta noche mientras el espíritu de Joao Gilberto también se dejaba sentir en las últimas notas.

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Krall y sus músicos llevaron de vuelta al público a los viejos tiempos del jazz. Foto: OCESA / José Jorge Carreón

Pero la cereza del pastel fue un sentido adiós después de una hora y cuarenta y cinco minutos de show con otra de las rolas más populares de Sinatra, ‘Fly Me to the Moon‘, donde Diana Krall cantaba un fragmento a cappela ante la euforia y aplauso de un público entregado a la música sobre la tecnología, simplemente disfrutando en su lugar una noche íntima donde solo faltaba aventar flores al más puro estilo de la bohemia jazzística de antaño, esas viejas glorias que han hecho del jazz un género inmortal.

Comunicólogo, amante del cine, la música y todo lo que sea cultura. Forjando una carrera en el medio desde 2018 a la fecha. Colaborador en varios espacios, consciente de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

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