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Crítica: Judy

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Judy - Crítica

Un viaje bajo el arcoíris.

Este fin de semana llega una cinta nominada a dos Premios de la Academia: uno por mejor vestuario y maquillaje y el segundo, para mejor actriz. Se trata de Judy, cinta acerca del último año de vida de la emblemática Judy Garland, actriz hollywoodense que desde los dos años, llevó una vida de mucha presión a pesar de su innegable éxito. No solo famosa por El mago de oz, sino aclamada por actuaciones en filmes como Nace una estrella, La rueda de la fortuna y Los juicios de Nuremberg, al igual que por su gran trayectoria como cantante.

Con las actuaciones de Renée Zellweger, Jessie Buckley y Michael Gambon (¡ya te extrañábamos en pantalla, Dumbledore!) y bajo la dirección de Rupert Goold, astro del teatro británico, Judy es una cinta amena e interesante, con inevitables momentos cursis que no arruina la experiencia.

Ambientada en 1968, Judy Garland ha visto sus mejores años pasar: está envuelta en enormes deudas y una fuerte vida de adicciones que inició desde su adolescencia está causando estragos. Sin embargo, ella está decidida a recuperar la custodia de sus hijas, buscando obtener grandes ganancias con una serie de espectáculos en el emblemático Talk of the Town de Londres. Aunque el principio la fama le sonríe, los problemas de salud y de índole personal no tardan en menguar su rendimiento.

Uno de los mayores problemas con esta clase de películas biográficas, es la insistencia de realizar imitaciones en vez de actuaciones naturales. En un inicio, el disfraz en Zellweger parece anticipar dicho rumbo pero conforme avanza, este retrato del cinismo y glamour arrojados a la tragedia, comienza a tomar un paralelismo interesante con la misma actriz. Recordemos que Renée estuvo seis años alejada de los reflectores en búsqueda de una reflexión sobre su carrera. Eso torna más personal estos arrebatos de frustración presentes en casi todo momento.

Más allá de la actuación, el verdadero valor de Judy recae en el planteamiento de la conexión entre artista y su aficionado. Este especial hincapié visto a través de dos férreos seguidores y sus peripecias nocturnas junto a la cantante, es un momento de ensueño, irreal pero con gran importancia para recordarnos como el arte nos une y ayuda como personas. Además de que resulta un tierno homenaje a la comunidad LGBT que durante tantos años, la ha vuelto un icono.

En contra tiene un par de escenas que resultan repetitivas. Este es el caso de la gran mayoría de los flashbacks donde se muestra la vida temprana de Garland en los estudios MGM. Pero sí, a la primera ya habíamos entendido toda la tragedia llena de presiones, querido Goold. Es en estos momentos donde la película se trastorna hacia una imagen de victimización innecesaria, pues ya estamos viendo en tiempo actual todos los estragos que sufrió la mujer. Con eso bastaba. Incluso esta grotesca interpretación que se le da a Louis B. Mayer es enfermiza, como si fuese un degenerado productor cualesquiera.

Judy es una de las grandes apuestas en esta temporada de premios, que sin duda merecía mayor reconocimiento y una mejor respuesta de la crítica estadounidense. Salvo ese final tan estupidamente cursi y esos contratiempos en los flashbacks, es una película maravillosa, poseída por una vulnerable alma. Zellweger es merecedora absoluta de su inevitable segundo Oscar. En efecto, el diseño de vestuario junto al de producción son una joya, así como algunos momentos de la fotografía; en especial durante la primera canción, con su elegante plano secuencia. Corran a seguir el camino amarillo.

https://www.youtube.com/watch?v=Yzcx4gBkJaE

Calificación: 9.0

Fotógrafo y reportero desde 2015, programador del Festival Macabro, profesor de Historia del cine en la FES Acatlán y coordinador de materiales en Filmin Latino.

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