Crítica: Jojo Rabbit

Se necesitan muchos cojones para hacer una comedia sobre un niño nazi de 10 años cuyo amigo imaginario es Adolf Hitler, pero Taika Waititi claramente no le tiene miedo a nada, y su nuevo filme titulado “Jojo Rabbit” es una muestra de la valentía e imaginación que posee. Esta sátira anti-odio utiliza el absurdo de mentalidades fascistas para hilar su narrativa y de alguna manera, crear un filme tierno y sumamente divertido que logra destacar las cualidades positivas del ser humano.

Jojo (Roman Griffin Davis) es un tímido niño alemán cuyo cerebro ha sido lavado por propaganda nazi y que con ayuda de una figura imaginaria de Hitler, intenta armarse de valor para convertirse en el supremacista que su país necesita durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el mundo de Jojo cambia radicalmente cuando descubre que su amada madre Rosie (Scarlett Johansson) está escondiendo a una niña judía (Thomasin McKenzie) en su casa.

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Tomar una cuestión tan delicada como es el Holocausto para formar una historia de esperanza con abundante comedia no es cosa fácil y estoy seguro de que algunas personas encontrarán incómodo ver “Jojo Rabbit”, pero la realidad es que Waititi logró crear algo totalmente único y atrevido. El neozelandés establece con cuidado a sus personajes para ejecutar poderosas escenas que aprietan tu corazón y ayudan a transmitir un inspirador mensaje de amor. 

De manera valiente, “Jojo Rabbit” balancea comedia con drama para burlarse de ideologías fascistas, pero sin olvidar los peligros que representan. Hay muy buenos chistes y seguro tu sala vibrará con risas, pero también hay enorme valía en los momentos más pequeños, en esos intercambios de diálogo que te hacen reflexionar sobre la maldad en el mundo y la intolerancia que constantemente amenaza con destruir el progreso humano. La rica paleta de colores en la fotografía de Mihai Malaimare (“The Master”) acentúa el hecho de que estás viendo un terrible conflicto a través de los ojos de un niño y el exquisito score musical de Michael Giacchino es el complemento perfecto para empujarte hacia la risa o el llanto. 

El propio Taika Waititi interpreta a Hitler y lo hace evitando ser una imitación: este personaje es un figmento de la imaginación de un niño… es como una representación de lo que las mentiras del dictador han provocado en su cerebro, y por lo tanto el personaje es una parodia, un bufón que recuerda a “El Gran Dictador” de Chaplin, pero que entre chistes se asegura de dejar en claro su postura y cuya ‘faceta’ de amigo es solo para controlar la mente del pequeño Jojo.

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En su debut como actor, el pequeño Roman Griffin Davis es toda una revelación. Con ternura y corazón, Davis navega esta peculiar película para darnos dolor, berrinches, ráfagas de valentía y gran timing cómico, siempre manteniendo el aura de inocencia que debe tener un personaje de su edad. Thomasin McKenzie (“Leave No Trace”) no se queda atrás: su interpretación no es nada fácil, pero McKenzie logra balancear la ira de una joven despojada de sus mejores años con la angustia de vivir bajo la constante amenaza de ser perseguida. Sus escenas más silenciosas son testimonio del brillante futuro que tiene esta prometedora actriz.

Como la madre de Jojo, Scarlett Johansson (“Marriage Story”) casi se roba la película con una actuación sumamente compleja en la que debe disfrazar el horror del nazismo con alegría y esperanza. Es un concepto similar al de “La Vida es Bella” con el cual Johansson hace magia: su trabajo le da una nueva dimensión a la historia y le agrega un punch emocional al filme. Sam Rockwell (“Richard Jewell”) no para de darnos momentos memorables: su papel como capitán encargado del campamento nazi para jóvenes tiene más profundidad de la que aparenta en un inicio: no le despegues el ojo. Y mención honorífica para el joven Archie Yates, cuya interpretación de Yorkie (mejor amigo de Jojo) desborda carisma: no me extraña que, tras el estreno de “Jojo Rabbit”, Yates haya sido contratado para protagonizar una nueva versión de “Mi Pobre Angelito”.

“Jojo Rabbit” es una película adorable, educativa y divertida cuyas enseñanzas deben estar siempre presentes en nuestros corazones, y es que, con un gran guión, creatividad y mucho corazón, Taika Waititi nos recuerda que el amor es la herramienta más importante que tenemos para combatir el odio.

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