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Bunbury entra de lleno a la fiesta latina en Cuentas Pendientes

Enrique Bunbury está de regreso con Cuentas Pendientes, un álbum donde explora distintas vertientes de la música latina

Mario Valencia

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Reseña de Cuentas Pendientes de Enrique Bunbury

Cuentas Pendientes
4.5 Reviewer
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Atrás quedaron los días en los que fui timado (y le lloré, la verdad) con el retiro de Bunbury. Admito que fue una sorpresa extraña su regreso al año y medio pero oigan, nunca será suficiente del Aragonés Errante y ésta vez, vuelve con un nuevo material de larga duración. Fiel a su costumbre, Cuentas Pendientes es un trabajo diametralmente opuesto al anterior pero que mantiene esa curiosidad artística que ha impulsado su carrera en solitario.

A Bunbury jamás le ha dado miedo explorar nuevos horizontes y reinventarse en cada canción. Greta Garbo fue un álbum particularmente melancólico con una línea de rock convencional aunque muy agradable con varias altas por ahí como “Nuestros mundos no obedecen a tus mapas” o “Autos de choque”. Era un regreso necesario para reconectar con sus fans.

Con este nuevo material, el cantante se aleja lo más posible para llevar a cabo una ambiciosa mezcla de ritmos latinos donde late la vibra burlesque de Flamingos. Muchos artistas ajenos a géneros como el bolero, el tango, la cumbia y las rancheras intentan emular en un sentido de homenaje al sentimiento de calidez latina de escuchar estas canciones en la esquina de un bar oscuro con resultados carentes. Por fortuna, no es el caso de Enrique. El hombre que había experimentado en sus versiones de Licenciado Cantinas con guiños al calor latinoamericano, esta vez evolucionó de forma estupenda el concepto y lo lleva a un nivel

“Ya tendremos tiempo para la eternidad”: así es el recorrido musical de Cuentas Pendientes, el nuevo álbum de Enrique Bunbury

Grabado al igual que su antecesor en la Ciudad de México, en esta ocasión se apoyó del chileno Sebastián Aracena, músico de cabecera de Mon Laferte, para un excelente trabajo en los instrumentos de cuerdas para darle autenticidad al sentimiento de interpretar rancheronas hasta cumbiones envueltos en la atmósfera de cabaret.

Antes de hablar de cada canción es importante entender algo: si esperas un álbum de rock en el sentido más convencional posible, olvídate. Pero si tienes la apertura de ver una faceta distinta de un artista ya consolidado (aunque en realidad, esta siempre se ha mostrado), es uno de los trabajos más gratos lanzados hasta ahora en lo que va del año.

El viaje comienza increíble con “Para llegar hasta aquí”, una balada donde nos dan la bienvenida los acordeones y “Saliendo del arrabal”, que sienta bien las bases de música mexicana que acompañan esta primera parte. Sin embargo, con “Las chingadas ganas de llorar” encuentro el único tropiezo de la placa. La música funciona bajo la idea de balada ranchera pero a nivel letra, se siente más a un exotismo de apropiación cultural que a un ejercicio de honestidad. La detesté pero vaya, una de diez canciones no estuvo mal.

Tras las ganas de empinarse unos caballitos, llega la fiesta con un son bailable en “Serpiente” muy a la Juanes en sus tiempos dorados. Con “Loco”, tenemos un bolero de sonido muy tradicional que es irrumpido por una brillante guitarra. Aunque lo mejor, llega en “Cuentas pendientes” y “Como una sombra” cuando a Bunbury le sale lo Gardel con un tango elegante donde el piano es el protagonista absoluto. Es a partir del track homónimo que regresamos a la forma más conocida de burlesque que el Aragonés Errante ha interpretado, por ejemplo, en El viaje a ninguna parte. Hermoso.

Reseña de Cuentas Pendientes de Enrique Bunbury
Hay varias que se antoja escuchar en su presentación de junio en el Estadio GNP. Foto: Mario Valencia/Pólvora.

No habría imaginado que la cumbia le funcionara tan bien pero “Te puedes a todo acostumbrar” tiene un sabor contagioso que explota en ese verso de “las penas de la vida son inmensas” que consola todo mal en medio del baile, aún cuando incluye hasta su referencia a Salinger en pleno bailazo.

Para el cierre del álbum tenemos una buena versión de “La hiedra” de su compatriota Pachi Alis y una conclusión perfecta con “El baile de los disfraces y la tentación”, donde experimenta con la idea de una ranchera bohemia que a la mitad, regresa al sonido más icónico del artista como si se tratase de un augurio del brillante porvenir que seguro, en su cabeza ya tiene previsto.

Cuentas pendientes es una sorpresa excitante, un rumbo que Bunbury se mantuvo gestando pero donde consolida las influencias que ha conocido, estudiado y asimilado del paisaje musical latinoamericano. No hay una sola canción que pase desapercibida, cada una tiene su propia identidad mientras juegan con elementos clásicos del cantante como la guitarra eléctrica, el Hammond y sus entrañables guiños literarios. Es una placa obligada para los fanáticos del cantante, quienes encontrarán sin excepción, el consuelo que su voz siempre nos da. Corre a escucharlo.

Fotógrafo y reportero desde 2015, programador del Festival Macabro, profesor de Historia del cine en la FES Acatlán y coordinador de materiales en Filmin Latino.

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