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Carta para Charly García: el mejor amigo que nunca tuve, pero tanto quiero

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CHARLY GARCIA

Nunca es fácil elegir un artista favorito. Saber quién es ese cantante, compositor, intérprete o instrumentista que pondrás en la pared de tu cuarto, del que te tatuarás una referencia, a quién le comprarás merch hasta que te quedes pobre, entre discos, playeras, sudadera y claro, todos los conciertos cada vez que se presenten en tu ciudad o por lo menos la más cercana si es que no tienes la suerte de vivir en una de las grandes capitales.

A veces, aquella estrella favorita suele ser una banda local, algún cuarteto que salió de las calles donde vives, una orquesta de tu nación o un guitarrista independiente que estudió en tu escuela, que trabajó en tu oficina y de vez en cuando se escapaba a una entrevista o un showcase en su hora de comida.

Pero también puede ser aquel gigantesco popstar alimentado por la maquinaria millonaria del entretenimiento. Un ser inalcanzable que probablemente jamás conocerás en persona, no podrás pedirle un abrazo, un autógrafo, una fotografía ni un saludo en video, a menos que pagues una buena suma de billetes por ese beneficio en paquetes meet & greet o de prueba de sonido.

Qué más da. La conexión es lo verdaderamente importantes, es la parte más espiritual. Las letras que se les ocurren, muchas veces rayando la poesía (no por nada el mismísimo Bob Dylan obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2016) junto a los sonidos emanados de sus instrumentos, manejados con dedos, pies y manos te aterrizan en la realidad que habitamos todos los días. Si bien algunos llegan a ser fantasiosos, no hay cuento chino que no se inspire en la vida diaria.

De entre todo ellos destaca dentro de mi discografía favorita un argentino de señas particulares. No hay día, mes o año en el que se haya visto exactamente igual que el anterior o que el siguiente, a excepción de su bigote bicolor, acompañándolo desde Sui Géneris, hasta La Lógica del Escorpión. De “Canción para mi muerte” a “In The City“.

“Quiero ver, quiero entrar. Nena nadie te va a hacer mal, excepto amarte. Vas aquí, vas allá, pero nunca te encontrarás al escaparte. No hay fuerza alrededor, no hay pociones para el amor, dónde estás, dónde voy, por qué estamos en la calle de la sensación, muy lejos del sol que quema de amor”

Charly, ya tenías tus primaveras encima cuando te vi por primera vez. Mi hermana, mi tío Charlie (sí, tu tocayo) y otro par de amigos que no valen la pena mencionar porque se perdieron en la espiral de la vida en constante peligro de abandono, me acompañaron ese día al Vive Latino. A lo mejor te escucharon también. Yo estaba hipnotizado viendo tu espectáculo mientras ellos bebían, platicaban y se quejaban del sonido de los escenarios alternativos.

Era el 2011, Charly. Pocos años como ese pude tener en mi vida otra vez: cuando no conocía mucho de muchas cosas más que de rocanrol y eso que estaba viendo en escena era rocanrol en su forma más pura. Arrancaste con “Cerca de la Revolución”. Entraste vestido de mariachi, te quedaba chico el traje, pero traías bien aferrado el sombrero a la cabeza. Diste de machincuepas y nunca se te salió.

No estaba repleto ese día, fue lo que más me dolió. La gente pasando en masas por los costados y el frente del entonces Foro Sol sin darse cuenta de que arriba de las tarimas estaba una leyenda musical. Ese que inspiró a sus héroes contemporáneos.

Carajo, Charly, que sin ti existiría poco. “Nos siguen pegando abajo”, “Yendo de la cama al living”, “No me dejan salir” y “No voy en tren” me llevaron al éxtasis, estaba bailando, yo nunca bailaba en los conciertos, nada más me agarraba a chingadazos en el slam, volaba y guacareaba, pero ese día, Charly, me puse a bailar como Dios me dio a entender. Es tu vibra, es el amor por lo que haces.

Y la gente seguía sin llegar, no llenaron la explanada, apenas unos cuantos en las gradas. Puta madre, que se perdieron del mejor compositor, cantante y multiinstrumentista que ha dado Argentina, seguro que toda Latinoamérica. Claro, desde mi forma de ver el mundo nada más, podrían decir que exagero.

“Pedimos perdón corriendo, enmascarando el fin. Por eso te busqué, por eso diseñé la máquina de ser feliz. Plateada y lunar, remotamente digital. No tiene que hacer bien, no tiene que hacer mal. Es inocencia artificial. Prende y se apaga sola, sale después de horas. Hay tanta gente sola…”

Desde entonces jamás te solté. Desde Serú Girán, hasta La Máquina de Hacer Pájaros. Clix Modernos, Piano Bar, Parte de la Religión, me los devoré, me los conozco mejor que a mí mismo de vez en cuando, maestro. Y ahí estabas en cada nueva derrota, en cada ratito de felicidad, en un susto, en la soledad y en la inmensidad inoperante de una crisis mental.

Ya sé que cuando “Promesas sobre el Bidet” está en mis audífonos a todo volumen, en el estéreo del carro y en las bocinas de la grabadora vieja de mi abuela (porque la tengo grabada en cassette), es porque estoy muy cerca de hacer una pendejada o un atrevimiento que solamente con ese soundtrack de fondo podría tener la valentía de hacer. Justo como ahora, mi hermoso y querido Charly García.

Voy camino a no sé dónde para hacer no sé qué, te voy a llevar conmigo, vas a viajar conmigo de madrugada, pero antes de que todo eso pase y yo termine nuevamente loco, te quiero dar las gracias por estar ahí como si fueras mi mejor amigo, mi confidente. A ti te conté todo cuando no tuve a nadie más. Frente a ti lloré, sufrí, reí, dormí, desperté.

Gracias por todo, Charly, le voy a contar a mis hijos sobre ti. No sé si los vaya a tener, pero se los voy a contar.

Por favor no hagas promesas sobre el bidet
Por favor no me abras más los sobres
Por favor, yo te prometo te esperaré
Si es que paro de correr

Por favor, sigue la sombra de mi bebé
Por favor, no bebas más, no llores
Por favor yo te prometo te escribiré
Si es que para de llover

Porque me tratas tan bien, me tratas tan mal
Sabes que no aprendí a vivir
A veces estoy tan bien, estoy tan down
Calambres en el alma.
Cada cual tiene un trip en el bocho
Difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo
…”

Periodista musical egresado de la UNAM; ahora editor SEO, reportero y fotógrafo de esta H. revista digital, con más de siete años en el mundo de las notas, reseñas y opiniones de la industria musical. Interesado cien por cien en la búsqueda de nuevos sonidos, tendencias y datos históricos.

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