Entrevistas
Entrevista con Los Cogelones: “ser mexica también es ser punk”
Los Cogelones preparan Bailar, su nuevo disco, con punk, raíz mexica, barrio y una idea clara: la vida sigue.
Los Cogelones no nacieron para caer bien. Tampoco para sonar cómodos en una playlist de fondo mientras alguien lava los trastes. Lo suyo siempre ha tenido otra temperatura: percusión ancestral, guitarras eléctricas, barrio, rabia, raíz mexica y una forma de plantarse frente al mundo como quien no pide permiso para existir.
La banda nativa de Ciudad Nezahualcóyotl ha construido una identidad difícil de meter en una sola etiqueta. Puede sonar a rock, a punk, a ceremonia, a protesta o a fiesta callejera, dependiendo desde dónde se le escuche. Y justo ahí está buena parte de su fuerza: Los Cogelones no parecen interesados en escoger entre tradición y distorsión, porque para ellos ambas cosas vienen del mismo lugar.
Previo a la salida de Bailar, su nuevo disco, platicamos con Adrialon Tonuari Ocelotocht-lee sobre el camino de la banda, la industria, el recibimiento fuera de México, la historia detrás de su rola “Hijos de Puta”, el peso de su barrio y esa frase que parece sencilla, pero que a veces cuesta un mundo entender de “La vida sigue”.

Los Cogelones y el momento en que esto dejó de ser un hobby
Hay bandas que necesitan un festival grande, una gira internacional o una firma de contrato para entender que lo suyo va en serio. En el caso de Los Cogelones, la respuesta de Adrialón es más directa: el momento llegó desde que empezaron a tocar juntos.
No hubo una epifanía con luces de estadio. No hubo una escena de película. Fue más de casa, de barrio, de tocar con los carnales y darse cuenta de que hacer covers ya no bastaba. “Pues yo creo que ese momento fue desde que empezamos a tocar juntos. Yo llevo ya 17 años tocando con mis carnales y creo que desde ese momento fue como decir: ‘ya vamos en serio, queremos hacer nuestra propia historia, nuestro propio libro’”.
En sus primeros años, como muchas bandas, tocar música de otros fue una escuela. Ahí estaban los nombres grandes, los mitos, las figuras que enseñan cómo suena una guitarra cuando alguien la agarra con hambre. Pero llegó el punto donde la banda entendió que repetir canciones ajenas ya no alcanzaba.
“Queríamos dar a conocer que Jim Morrison existe, que existe Jimi Hendrix, que existen grandes artistas. Recuerdo que para que yo pudiera aprender a tocar música tocábamos covers”.
La sacudida llegó cuando uno de sus carnales puso sobre la mesa algo simple: estaba chido tocar música de otros, sí, pero ya era momento de mostrarle al mundo lo que ellos podían hacer, “y yo creo que ese es el momento precisamente para poder decir: ‘¿sabes qué? Queremos esto. Esto es nuestra vida’. Es algo que nos llena y, como lo decimos en la canción, la música me llena y nos hace irnos a muchos lados”.
Lo curioso es que Los Cogelones no hicieron música con la obsesión de viajar o de llegar a otros países. Eso vino después. Primero estaba la necesidad de tocar, de decir algo, de poner el cuerpo y la historia propia en canciones:
“Hicimos música no con la intención de viajar en el mundo, pero se ha dado y agradecemos al gran espíritu de la vida, al gran misterio, que podamos hacer eso, y poder compartir música y experiencias con toda la gente”, nos dijo el músico.

El recibimiento fuera de México y el regreso al barrio
Para muchas bandas mexicanas, el reconocimiento fuera del país llega con una mezcla rara de orgullo y coraje. Afuera te miran con curiosidad, con respeto, con ganas de entender. En casa, a veces primero te cuestionan antes de escucharte. Adrialón reconoce que al principio todo fue más complicado en México, especialmente en su propio entorno: “Al principio se volvió un poco complicado aquí en nuestro barrio”.
En otros países, la reacción ha sido distinta. La gente se acerca a Los Cogelones desde la sorpresa. Ven una banda que no suena como lo que esperan de una agrupación mexicana exportable, y eso abre una puerta.
Pero algo cambia cuando una banda sale, toca fuera, regresa y el barrio empieza a verla de otra manera. Ya no es solo “la banda de aquí”; es la banda que se fue, tocó en otro lado y volvió con algo que contar.
“La verdad es que sí hemos tenido un recibimiento muy bueno en otros países, e incluso a la hora de los conciertos se ha puesto muy bueno. La verdad es que la banda, al ser algo nuevo y diferente, les interesa, van, observan y les gusta mucho la música.
Pero después de viajar, regresamos y como que la gente tiene… no sé, tal vez como que les nace el interés. Se preguntan cómo esos ñeros pudieron irse a ese país y por qué les habrá ido tan chido”.
Esa frase carga mucho más de lo que parece. Porque detrás está la duda de siempre: cómo alguien salido de una zona marginada puede cruzar fronteras sin pedirle permiso a nadie: “Después se dan cuenta de que somos de aquí, de México, que nos gusta la música, la amamos, y también hemos tenido buen recibimiento en ciertos lugares del país”.
Ahora, dice Adrialón, ya empieza a pasar algo distinto. La gente los ubica en la calle. Los reconoce. Les suelta el clásico “¿tú eres de tal banda, no?”. Y eso, para una agrupación que viene de picar piedra, también cuenta.
Bailar, el disco donde Los Cogelones se ponen más punk
Antes de llegar a Bailar, Los Cogelones tuvieron que aprender algo que muchas bandas descubren a madrazos: ser músico profesional no es solo tocar, viajar y vivir la fantasía del rock and roll.
Adrialón lo dice sin adornos. Ser rockstar no es el cliché gastado del exceso eterno. También es llegar a juntas, no perder vuelos, no dejar tirada una gira, ensayar todos los días y entender que la música es trabajo, aunque siga siendo una forma de vida:
“Ser rockstar no solo es tomar o lo que todos piensan de ‘sexo, drogas y rock and roll’. Ser rockstar es ser responsable: tener que estar acudiendo a juntas, no perderse aviones o camiones para las giras. Aprendes a hacerte responsable y a compartir con la gente”.
Ese aprendizaje se metió en el nuevo disco. Pero también hubo un cambio de pulso. Si el material anterior venía más desde las entrañas, con una carga más de trance y viaje, Bailar parece llegar con los dientes más apretados.
“Pues la experiencia del disco anterior fue aprender a ser profesionales, a saber cómo se trabaja un disco profesionalmente. Lo que cambiamos un poco del pasado es que ahorita lo hicimos un poco… ¿cómo podría decirse? Más punk, tal vez”.
El contexto también pesa. La pandemia marcó una etapa y ahora con guerras, tensión social, reuniones rotas y gente encabronada por todos lados, Los Cogelones responden desde otro lugar, no desde la destrucción, sino desde la conciencia.
“Es curioso, porque el primer disco se hizo en pandemia. Y ahorita está pasando la locura de la guerra en otros países, muchas reuniones, todos están como encabronados, y nosotros sacamos un disco ahora en este momento como punk.
Creo que es el momento de ser punk. El ser punk no es destrucción, es tener la conciencia muy abierta y saber cómo resolver las cosas, siempre apoyando al pueblo, siempre buscando el bien para el pueblo, porque realmente somos los que nos necesitamos”.
La historia detrás de “Hijos de puta”
Dentro del universo de Los Cogelones, “Hijos de puta” es una de esas canciones que resumen bien el filo de la banda. No solo por el nombre, más bien por lo que carga detrás: abuso, corrupción, barrio y una rabia que no salió de una pose, sino de una historia concreta.
La canción nace de una represalia contra la banda. Según recuerda Adrialón, ocurrió cuando él apenas iba entrando a Los Cogelones. A su hermano Beto y a Víctor les pusieron un cuatro y terminaron en la cárcel:
“Hay una historia muy fuerte que tuvimos con la policía. Precisamente habla de eso, pues la actitud que teníamos con ellos no les parecío. Entonces ellos en represalia, a mi hermano Beto y a Víctor les pusieron un cuatro y los metieron a la cárcel”.
La imagen que quedó en la canción viene de una noche afuera de la casa de su mamá. Un cigarro, una esquina, la oscuridad cayendo y de pronto la intimidación:
“Por eso dice: ‘fumando un cigarrillo al filo de la noche’, porque ellos estaban justo en la noche en la esquina de la casa de mi mamá y de repente se oscurece todo, llegaron a intimidarlos, y de repente se los llevaron”.
Primero pensaron que estaban en los separos. Luego se dieron cuenta de que el asunto venía más pesado. La historia, como tantas en México, huele a corrupción, a culpables fabricados y a policías buscando a quién cargarle algo: Y después nos enteramos que era un vato que trabajaba así con la policía, lo de siempre, ya sabes: la corrupción, las ganas de buscar un culpable y de meter a alguien a la cárcel”.
Por eso “Hijos de puta” suena a memoria. A una historia que se quedó atorada en la garganta hasta volverse rola.
500 años y la canción que se volvió medicina
Cuando se le pregunta a Adrialón cuál canción le ha dado más personalmente, no duda demasiado: “500 años“.
No la elige por popularidad ni por respuesta del público. La elige porque le toca una fibra más compleja: la relación entre lo español y lo mexica, el choque, la herida, la aceptación y la posibilidad de entenderse desde esa mezcla. La canción, dice, le ayuda a tener una especie de perdón frente a la invasión. No un perdón ingenuo, no una negación de la historia, sino una forma de aceptarse también como mexica.
“Es una canción que habla de esas cosas entre lo español y lo mexica; de esa unión que existe. Me ayuda también a perdonarlos al respecto de esta parte de la invasión que hubo. Me ayuda a aceptarme como mexica también. A mí me mueve mucho esa canción porque hay ciertas frases que canta mi hermano que se vuelven medicina para mí”.
La industria musical no es como en las películas
La idea romántica de la industria musical sigue haciendo daño. Esa donde una banda entra a un cuarto, alguien poderoso la descubre, firma un contrato y todo se acomoda solo. Para ellos, el camino ha sido distinto: lucha, retos, experiencias chidas y otras no tanto:
“Pues ha sido un camino de lucha y retos, la verdad. Porque pareciera que entras al mundo de la industria de la música y dices: ‘wow, todo va a ser como en las películas y va a llegar el bueno y te va a llevar’. Y no es así realmente.
Nos decían en un temazcal que las mejores pruebas las tienen los mejores guerreros, ¿no? Y todo lo vemos como una prueba. Porque lo que queremos es que se escuche la música, que la gente se libere, que dejemos de pelear o de tener conflictos entre nosotros como seres humanos, como personas, como cualquier ser vivo, incluyendo plantas y animales. Todo es sagrado”.
La reflexión se va más lejos: el problema no se resuelve escapando. Ni viajando a la Luna. Ni mudándose a otro planeta con dinero. Si cargas el conflicto, te lo llevas a donde vayas: “Si un día desaparece el planeta, por mucho dinero que tengan o quieran viajar a la Luna y vivir allá, no importa. O sea, el problema siempre va a estar si no lo enfrentas”.

“La vida sigue”, cuando ya no queda otra más que avanzar
Uno de los avances de Bailar es “La vida sigue“, una frase que puede sonar sencilla hasta que toca decirla en serio. No cuando todo va bien. No cuando el público responde. Sino cuando se llena el vasito, explota la bomba y ya no sabes qué sigue. Ese momento llegó después de Cosmos.
“Después de ese disco fue como de: ‘chale, no sabemos qué va a seguir, no sabemos qué va a pasar, todo se pone difícil’. Es decir: ‘ok, ya, es momento. Ya lo pasado, pasado; pasado está’”.
No se trata de fingir que nada pasó. Tampoco de negar los problemas. Al contrario: se trata de agarrarlos, hacerlos parte de uno y encontrarles salida. Y luego, aparece la frase con la que Adrialón resume el espíritu de la canción, con esa mezcla de barrio, hartazgo y empuje que sostiene a la banda:
“Es con todo, es con todo. No podemos detenernos por algo. Tenemos que seguir y para eso son los problemas, hay que echarle ganas”. ¿Para qué peleamos por una puta basura? Sigue adelante, carnal. Toma todos esos problemas, hazlos parte de ti, encuéntrales una solución y crece como persona, como individuo y como banda también”.
Ser mexica también es ser punk
En vivo, los mexiquenses tienen una presencia particular. Hay respeto por las raíces mexicanas, por lo autóctono, por los instrumentos prehispánicos y por una memoria que muchas veces se usa como adorno en otros proyectos.
Con Bailar, la dinámica no va a cambiar, al contrario, va a mejorar. La clave está en que para ellos ser mexica no es un vestuario ni una estética en el escenario. No es algo que se prende cuando empieza el show y se apaga al bajar del escenario: “Porque vamos a seguir siendo nosotros. Y ser mexica no es un disfraz”.
Adrialón lleva años trabajando en un calpulli de danza. Su hermano Beto Cojelón se encarga de los instrumentos prehispánicos dentro del grupo. No es una capa pegada a la fuerza sobre una banda de rock, es parte de su vida.
“No es algo que vamos a perder. Va a seguir, pero esta vez va a ser más punk. Siempre es con un pensamiento muy fuerte y tratando de decirle a la banda: ‘¿saben qué? Pues seguimos mexicas, pero ser mexica también es ser punk’”.
Esa frase podría resumir buena parte de esta nueva etapa: más punk, pero sin dejar de ser mexica. O mejor dicho, entendiendo que no son caminos separados.

El desmadre del Zócalo con La Castañeda
También hubo espacio para hablar del confuso episodio del Zócalo con La Castañeda. Ese que parecía que sí, luego que no, luego quién sabe, hasta que terminó por no armarse.
Adrialón no intenta vender una versión grandilocuente. Al contrario, acepta que ellos también quedaron confundidos. La banda vio un comunicado de La Castañeda y no entendió bien qué estaba pasando. El cartel ya estaba y todo parecía listo, pero la información nunca terminó de ser clara.
“Nosotros siempre estuvimos listos para tocar. De repente vimos un comunicado sobre La Castañeda y nos pareció extraño, así como de: ‘chale, ¿por qué cancelan si ya estaba el cartel, ya estaba todo listo?’. Preguntamos, no nos supieron resolver ni nada y al final pues ya no se armó.
“De repente La Castañeda dice que sí, dicen que no, luego otra vez que sí, y nosotros así como de: ‘oh, ¿sí o no?’. Y ya de repente nos dicen a nosotros: ‘no, se cancela el evento’. No sé, parece que estábamos jugando ahí al ping-pong, a ver quién la tiraba primero”.

Los Cogelones, el futbol y la Matrix del Fan Fest
Con el Mundial encima, la pregunta era inevitable: ¿Los Cogelones tocarían en un Fan Fest? La respuesta de Adrialón no va por el entusiasmo fácil ni por el “sí a todo”. Primero pone distancia.
“Todos sabemos que el futbol ahora ya es mercadotecnia, ¿no? Ya no es solo un deporte, va más apegado al dinero y todo ese tipo de cosas. Yo creo que si nos invitan, tal vez lo tocaríamos, pero sería como con una conciencia para dar un mensaje”.
La idea que usa es precisa: entrar a la Matrix para infiltrarse. No ir solo a tocar por tocar, sino meterse en ese espacio masivo y soltar algo que incomode un poco, que cambie la frecuencia aunque sea por unos minutos:
“Sería como, dicen por ahí, adentrarte a la Matrix para infiltrarte, pero siempre con una conciencia y dar algo que no solo va a ser un concierto, sino algo que cambie las cosas. Lo haríamos con ese pensamiento de dar un concierto, pero para cambiar un poco la mentalidad”.

Neza: magia, oscuridad y el barrio que empuja
Los Cogelones vienen de Neza y eso no es un dato decorativo. Es parte del nervio de la banda. Tampoco romantizan el barrio como postal bonita de resistencia. Sabe que ahí hay inspiración, pero también oscuridad.
Neza ha dado artistas, historias, sonidos, formas de hablar y de resistir. Pero también tiene zonas duras: energías pesadas, gente que se pierde o que no siempre encuentra una mano para salir:
“¿Qué nos inspira? Decirle al barrio que todo se puede, que trabajando y luchando por tus sueños puedes salir de ahí o puedes hacerlo mejor. Nos inspira mucho nuestro barrio realmente, porque hay cosas que no nos gustan ahí. Hay un mundo, como en todos lados, lleno de energías negativas y de oscuridad”.
Lo que más le pesa no es solo la dificultad del entorno, sino cuando la misma banda se pone el pie; cuando alguien va subiendo y en vez de empujarlo, lo jalan hacia abajo:
“No nos gusta que la banda se ponga el pie. Que ves que le está yendo chido a alguien y en vez de decir: ‘bueno, pues órale, cabrón, vuela, échale huevos. Cuando estés allá arriba, aviéntame un lacito’. Yo aquí te empujo, pero cuando tú puedas, tírame un lazo, ¿no? Ayúdame a salir de esto. Ayúdame para que yo te pueda ayudar ya cuando esté allá.
Realmente Neza tiene muchos artistas muy buenos, pero la oscuridad atrapa demasiado y de repente se vuelve un poco muy fuerte”.
Pero Adrialón no cierra desde la derrota. Esa oscuridad también es una prueba y las pruebas, como le dijeron alguna vez en un temazcal, son para los guerreros que pueden enfrentarlas:
“Esa es una gran prueba para los grandes guerreros y creo que es una buena prueba para que nosotros encontremos esa respuesta y podamos ayudar a todo nuestro barrio, a nuestro pueblo, que es lo que queremos”.
Bailar y lo que viene para Los Cogelones
El nuevo ciclo de Los Cogelones tiene fechas marcadas: “La Vida Sigue” saldrá el 26 de junio, se presentará el 11 de julio en el Fuck Off Room y el disco Bailar está programado para lanzarse el 13 de agosto.
Pero, más allá del calendario, lo importante está en el lugar desde donde llega este material. Bailar no parece un disco hecho para escapar del caos, sino para atravesarlo.
Los Cogelones siguen siendo una banda difícil de domesticar, y está bien, porque en una escena donde muchos proyectos se esfuerzan demasiado por sonar correctos, ellos siguen apostando por algo más incómodo, más vivo y más suyo.
Ser mexica también es ser punk. Y si todo se cae, si algo se complica, si el camino se pone pesado, ahí está la frase que sostiene esta etapa: la vida sigue.

