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Pulp en Palacio de los Deportes: la noche que pidió más

Pulp volvió al Palacio de los Deportes con More, su nuevo disco, nostalgia, baile, teatro y un récord emocional para la CDMX.

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Pulp regresa a México / Foto: OCESA

Pulp no salió al escenario como una banda que solo venía a cumplir con el calendario de una gira. Salió como si hubiera encontrado una forma elegante, rara y muy suya de decirnos que un concierto puede empezar incluso antes de que suene la primera canción.

En las pantallas apareció ese anuncio peculiar de inicio, con mensajes que preparaban el ambiente y una idea que terminó funcionando como manifiesto: todo el concierto era un encore. No una propina después del show, no ese regreso calculado que todos esperan cuando las luces se apagan, sino una noche completa pensada como regalo extra. Como si Jarvis Cocker y compañía hubieran llegado al Palacio de los Deportes para decir: “ya estamos aquí otra vez, así que vamos a aprovecharlo todo”.

Pulp convirtió el Palacio en una pista torcida

El ritual comenzó con “Sorted for E’s & Wizz”, esa canción que no necesita permiso para abrir una herida generacional entre quienes alguna vez confundieron la fiesta con una revelación espiritual. Desde ahí quedó claro que Pulp no iba a tocar desde la nostalgia limpia, sino desde ese lugar más incómodo y delicioso donde la memoria todavía huele a sudor, humo, cerveza tibia y decisiones dudosas. El Palacio respondió como debía: cantando con ese entusiasmo que no distingue entre los que estuvieron ahí desde los noventa y quienes llegaron por herencia, recomendación o puro instinto de supervivencia pop.

Luego, sin guardarse nada, llegó “Disco 2000”. Y ahí sí, la noche se quitó la chamarra. Sonó temprano, casi como una provocación, porque muchas bandas cuidarían un himno así para el final. Pulp no. Pulp lo lanzó como quien abre la botella buena antes de que todos lleguen a la fiesta. El Palacio bailó como si estuviera dentro de aquel video icónico, con esa mezcla de torpeza elegante y euforia británica que solo Jarvis puede volver universal. No era solo escuchar una canción: era recordar que hay himnos que sobreviven porque todavía nos quedan perfectos aunque la vida ya nos haya cambiado la talla.

Jarvis Cocker, maestro de ceremonia del caos elegante

“Spike Island” relajó un poco las cosas y abrió la puerta a las primeras palabras de Jarvis para darle la bienvenida al público. Ahí apareció ese Cocker que no necesita gritar para controlar un recinto completo. Un gesto, una frase, una pausa y todos están mirando. Antes de “Razzmatazz” nos regaló un “gracias” en español, de esos que el público mexicano recibe como si fueran una contraseña secreta. La canción entró con ese veneno ligero de Pulp: melodías que parecen simpáticas hasta que te das cuenta de que están contando una historia llena de deseo, resentimiento y gente intentando verse menos rota de lo que está.

“Slow Jam” nos invitó a una disco imaginaria, una de esas donde la bola de espejos gira más lento porque todos ya entendieron que la noche también puede doler. Después vino “F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.”, y Jarvis hizo lo que Jarvis hace: convertir el escenario en una extensión de su cuerpo. Se tiró al suelo para cantar, como si la canción no pudiera interpretarse de pie, como si ese sentimiento llamado amor exigiera perder tantita dignidad, arrastrarse, doblarse, caer, levantarse y fingir que todo era parte del plan.

“Pink Glove” se sumó a la fiesta con esa elegancia torcida que Pulp maneja como pocos. Para entonces el concierto ya no era una línea recta, sino un departamento lleno de habitaciones raras: en una se bailaba, en otra se lloraba, en otra alguien estaba contando una historia demasiado íntima para decirla sobrio. Y entonces llegó “Underwear”, que puso el sabor picante de la noche. La canción fue creciendo con esa tensión entre lo cotidiano y lo prohibido, hasta dejar al final una ovación enorme, de esas que no solo celebran una interpretación, sino el descaro de haberla vivido todos juntos.

Pulp regresa a México / Foto: OCESA
Pulp regresa a México / Foto: OCESA

Del baile al sillón: Pulp también sabe ponerse serio

Del nuevo disco More llegó “Farmers Market”, y ahí el concierto respiró distinto. Jarvis saludó a su esposa entre el público y trató de explicar la canción en español, jugando con la traducción como “mercadou”, en uno de esos momentos que no buscan perfección sino cercanía. La canción bajó la velocidad y de pronto el Palacio parecía menos un domo gigante y más una granja imaginaria, un lugar tranquilo donde Pulp podía enseñar que su regreso no vive únicamente de sus clásicos. También hay canciones nuevas que entran a la noche con botas llenas de tierra, humor discreto y una ternura inesperada.

Con “This Is Hardcore”, la cosa se puso seria. Jarvis se sentó en un sillón colocado en medio del escenario, tomó oxígeno y preparó el cuerpo para una de esas canciones que no se cantan: se habitan. El tema entró con su ritmo hipnotizante, cinematográfico, como si todo el Palacio se hubiera convertido en una película para adultos cansados, no por explícita, sino por entender demasiado bien el desgaste, el deseo y la decadencia. Después bailó, claro, porque Jarvis puede estar sentado tomando aire un segundo y al siguiente moverse como si el escenario fuera una pista privada donde solo él conoce los pasos.

“Sunrise” llegó como una especie de saludo al sol en plena noche. Una canción luminosa, expansiva, seguida por todo el público con esa sensación de estar levantando algo entre miles. Pulp sabe construir esos momentos donde la tristeza no desaparece, pero aprende a bailar.

Pulp regresa a México / Foto: OCESA
Pulp regresa a México / Foto: OCESA

El intermedio donde el público también eligió la noche

Justo cuando parecía que la maquinaria seguiría sin detenerse, vino un intermedio de quince minutos. No fue pausa muerta, sino parte del juego: la gente votó entre “Seconds” y “Bad Cover Version”. Ganó la segunda, porque también hay democracia cuando una banda entiende que su público no solo mira: participa.

A la vuelta, Jarvis habló en español sobre cómo se formó Pulp en el norte de Inglaterra. Presentó a sus integrantes y sus instrumentos, como si estuviera reconstruyendo la banda desde cero frente a nosotros. Ese momento fue clave porque preparó el terreno para “Something Changed”, interpretada con una sensibilidad que evocaba justo ese origen que acababa de contar. No sonó como simple clásico romántico; sonó como una pequeña cápsula del destino, una canción sobre cómo una decisión mínima, un lugar, una noche o una persona pueden torcer toda una vida sin pedir permiso.

“The Fear” nos llevó al miedo, a la soledad y a la melancolía dentro de una sola canción. Pulp siempre ha tenido esa facilidad brutal para describir emociones que normalmente uno intenta esconder detrás de chistes malos o tragos largos. Después llegó “Bad Cover Version”, la canción elegida por el público, y el Palacio la recibió con la satisfacción de quien sabe que también metió mano en el setlist. No era solo “tocaron esta”; era “la escogimos nosotros”.

Con “Begging for Change”, la noche entró en una etapa más disruptiva. Pulp dejó de caminar por la avenida principal de sus himnos y se metió por calles menos iluminadas, donde las canciones funcionan como pequeños golpes de realidad. Luego Jarvis nos ofreció una tacita de té para prepararnos para “O.U. (Gone, Gone)”, porque en el universo Pulp hasta el caos puede servirse con modales. Antes y durante la canción organizó al público entre derecha e izquierda para repartir el coro de “O.U.”, armando una dinámica que convirtió al Palacio en una conversación gigante. Una mitad contestaba, la otra respondía, y todos terminaban metidos en el mismo chisme emocional.

Pulp regresa a México / Foto: OCESA
Pulp regresa a México / Foto: OCESA

Una tanga, memoria y una primera vez que volvió a sonar

Después sí: “Acrylic Afternoons”. La canción puso a bailar a todos y trajo uno de esos momentos que solo pasan cuando un concierto se sale tantito de la libreta. Alguien aventó una tanga al escenario. Jarvis la agarró, la olió y la volvió a lanzar al público, porque claro, si alguien puede convertir eso en teatro pop sin que se sienta barato, es él. No fue escándalo: fue Pulp siendo Pulp, esa banda capaz de encontrar humanidad, humor y deseo en los objetos más absurdos.

“Do You Remember the First Time?” volvió a abrir la caja de los recuerdos. Jarvis mencionó la primera vez que estuvieron en el Palacio de los Deportes en 2012, y al final el público respondió con un vitoreo enorme. La banda agradeció a todos los presentes, y por un momento la canción dejó de hablar solo de una primera vez amorosa para convertirse en la memoria compartida de una ciudad con una banda.

Porque sí, México tiene esa costumbre bonita y peligrosa de adoptar artistas como si fueran familia lejana: tardan en volver, se les reclama poquito, pero cuando aparecen se les abraza fuerte.

Sheffield, el amor y las rarezas que nos hicieron bailar

La banda regaló “Mis-Shapes”, otro golpe directo al corazón de quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar y encontraron en Pulp una especie de refugio elegante para inadaptados. Ya con su vasito rojo de la peda, el buen Jarvis se aventó “Got to Have Love”, diciendo que el amor es la cosa más importante del mundo.

Y sonó creíble, no como frase de taza ni como cierre cursi de conferencia, sino como algo que uno dice después de haber vivido lo suficiente para saber que el amor, incluso cuando sale mal, sigue siendo el motor más terco de todos.

Antes de “Babies”, Jarvis nos contó la historia de Sheffield a la manera de Pulp, con un video que funcionó como prólogo. Y ahí estaba otra vez esa habilidad de la banda para convertir su origen en mitología doméstica: ciudades grises, juventudes torpes, vecinos, deseos, ventanas, secretos. “Babies” sonó como tenía que sonar, con esa mezcla de picardía, memoria y melodrama suburbano que la hace irresistible.

La gente común y un cierre que rompió récord

Y entonces llegó “Common People”. La inevitable. La que nunca falta en el playlist del britpop, pero que en vivo sigue pegando como si la hubieran escrito ayer para cualquier ciudad donde alguien sigue jugando a ser de otro mundo mientras otros apenas sobreviven en este. Fue un golazo de música y baile para la noche. El Palacio la cantó como himno de karaoke británico de madrugada, pero también como una declaración: hay canciones que se vuelven populares no porque sean fáciles, sino porque dicen algo que todos entienden aunque no todos quieran admitirlo.

“A Sunset” parecía el cierre perfecto. Jarvis agradeció que siguiéramos ahí y mencionó que esta vez tuvo más tiempo para tocar que hace 3 años en el Corona Capital. La canción dejó esa sensación de atardecer emocional, de despedida amable, de abrazo largo antes de salir a buscar el Uber entre la multitud. Pero Pulp todavía tenía algo más guardado. Cuando muchos pensaban que la noche ya había terminado, la banda decidió romper su propio récord de canciones en un concierto con “Help the Aged” como tema número 23 que empataba el record.

Y si eso ya parecía suficiente, todavía faltaba el último golpe. Para cerrar y romper el récord de verdad, llegó “Like a Friend”. Apenas comenzó, el público soltó un grito eufórico, de esos que nacen cuando una canción aparece justo donde la querías aunque no te atrevieras a pedirla. Fue un cierre con broche de oro para este regreso de Pulp a México: largo, generoso, teatral, sudado, elegante y profundamente humano.

Y así fue como Pulp regresó a México con nuevo disco, sí, pero también con algo más difícil de vender en un póster: tiempo. Tiempo para jugar, para hablar, para recordar, para votar canciones, para presentar su historia, para hacer chistes, para tomar oxígeno, para bailar, para oler una tanga lanzada desde el público y para demostrar que una banda puede volver sin sonar como museo. En el Palacio de los Deportes, Jarvis Cocker y compañía no se limitaron a revivir el britpop: lo hicieron caminar otra vez, con las rodillas gastadas, el corazón prendido y una copa roja en la mano. Porque Jarvis, uno de los frontman más infravalorados de las últimas décadas, no llegó solo a recordar viejas glorias: llegó junto a una banda que ya se ganó su lugar como leyenda de la música y del britrock, aunque a veces el mundo tarde demasiado en decirlo en voz alta.

Setlist de Pulp en el Palacio de los Deportes

Sorted for E’s & Wizz
Disco 2000
Spike Island
Razzmatazz
Slow Jam
F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.
Pink Glove
Underwear
Farmers Market
This Is Hardcore
Sunrise
Something Changed
The Fear
Bad Cover Version
Begging for Change
O.U. (Gone, Gone)
Acrylic Afternoons
Do You Remember the First Time?
Mis-Shapes
Got to Have Love
Babies
Common People
A Sunset
Help the Aged
Like a Friend

Egresado de la Universidad Panamericana como Ingeniero en Tecnologías de la Información y Sistemas Inteligentes con maestría en Proyecto. Catedrático en el IMP y Amerike en materias de desarrollo web y aplicaciones. Líder de desarrollo con marcas como Disney, Western Digital y AMD.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Lilia

    4 junio, 2026 en 2:35 pm

    Me encanto la reseña, una redacción sentida y poética. Gracias.

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