Cine
Megan 2.0, la secuela más absurda, furiosa y divertida de Blumhouse
Cuídense, Chucky y Terminator. La p3rra está de vuelta recargada y con nuevo propósito. Megan 2,0 supera a su antecesora siempre y cuando no la tomes en serio.
Justo cuando pensábamos que Blumhouse parecía estar en tremendo bache, las mentes de James Wan y Jason Blum le dan vida a Megan en su versión 2.0, dejando de lado toda seriedad a la que le apostaron en la primera para abrazar una comedia de acción que, a pesar de lo absurdo, ofrece interesantes reflexiones sobre la tecnología y sus avances voraces que aquí, pueden resultar hasta asesinos.
De que va Megan 2.0
Han pasado dos años después de que Gemma (Allison Williams), la creadora de Megan (voz de Jenna Davis), se ha convertido en una defensora de la supervisión gubernamental de la inteligencia artificial. Sin embargo, la tecnología de la robot asesina más popular del mundo es robada y utilizada para crear un arma militar llamada Amelia (Ivanna Sakhno). Sin embargo, se rebela para ir en contra de sus creadores y de toda la humanidad. Para detenerla, la inventora tendrá que mejorar a su anterior némesis y convertirla en una versión más poderosa y letal. Oh si, la perra está de vuelta y ahora es nuestra única esperanza.
La trama, nuevamente dirigida y coescrita por Gerard Johnstone, explora temas en sumo interesantes, específicamente al hablar de la creciente cuestión de la inteligencia artificial y sus respectivos usos que podrían convertirse en amenaza así como la cuestión de la regulación de la misma. Sin embargo, el disfraz de ese debate es una secuela completamente absurda que deja de lado el terror y suspenso para convertirse en una comedia de acción.
En efecto, esta secuela de Megan es un tremendo absurdo que en ningún momento se toma en serio en la práctica. A pesar de ello, Johnstone, al lado de Akela Cooper y James Wan, saben abrazar esa locura inherente ya presente en su antecesora y llevarla a los límites de la insanidad sin dejar de lado una problemática bastante realista que ha sido referente de toda la ciencia ficción: el inminente enfrentamiento entre robots (o la IA) y la humanidad, que antes se vislumbraba solo como un sueño pero que se siente mucho más cercana en estos días

Definitivamente Megan 2.0 no irradia originalidad en su historia. Por todos lados se le ven los homenajes/referencias a una cultura hecha de la que bebe tremendamente y que pasa por títulos como Terminator de James Cameron hasta la serie de El Auto Increíble con David Hasselhoff. Pero es la hilaridad de su protagonista rodeada de la virtualidad de la realidad en la que se desarrolla la que le da cierta validez más allá de las situaciones burdas o satíricas que llega a alcanzar.
El tono es así, simplón, hasta torpe por momentos. Pero la ex androide asesina convertida ahora en heroína (si, hasta eso se roba de Schwarzenegger y su T-100) tiene momentos estúpidamente entretenidos como cierta secuencia de baile o incluso cuando enfrenta un dilema con su cuerpo nuevo. A pesar de todo ello, Megan se ha convertido poco a poco en el Chucky de James Wan y Blumhouse aunque falta por saber si su éxito se alargará como el de ese peculiar juguete asesino que hasta al tema de la diversidad de género le ha entrado.

Si bien la vieja conocida es parte fundamental para lo entretenidamente absurdo de esta secuela, la contraparte, Amelia, es básicamente la máquina vengadora clásica de este tipo de relatos que llega a dar buenas secuencias de pelea y acción sin llegar a ser tampoco brillantes. Ella es la representación física de la amenaza tecnológica que viene a cobrarnos nuestras pésimas acciones y decisiones. Pero entonces ¿qué pasa con el factor humano en esta secuela?
Ese corre a cargo de Gemma, su equipo de trabajo y claro, la eterna protegida de Megan, Cady (Violet McGraw), la niña ahora adolescente fanática de Steven Seagal (el de Nico y Difícil de Matar, no el de ahora) que nuevamente ve cómo su relación con su tía no funciona del todo pues sus creencias sobre la tecnología son totalmente opuestas. A pesar de que sus arcos son prácticamente nulos, arman un equipo decente para ser los últimos defensores de la humanidad sin dejar de lado el conflicto de si pueden confiar en aquella máquina que los intentó matar anteriormente.

Otro punto a favor es la buena edición de la cinta, pues tiene un ritmo bastante bueno. Incluso hay detalles en el diseño de arte, sobre todo en una secuencia específica de pelea donde si lucen bastante bien la estética moderna que alimenta la cinta, donde la forma de Megan se siente como personaje de anime locochón que complementa el gran chiste de toda esta segunda parte.
A pesar de que se le acuse de ser menos graciosa o efectiva, esta versión 2.0 si recibe una mejora al saber muy bien el tono que maneja. Pero eso sí, alejémonos de la congruencia en la física o de un guion mucho más sólido, pues esta androide lo único que ofrece y le basta es un tremendo absurdo lleno de furia y diversión que resulta mucho más disfrutable que otras cintas que abarcan esos temas similares como el bodrio de Atlas de Jennifer Lopez o la infumable Parano-IA de Chris Weitz. Puntos extra para Megan, que ahora solo le queda enfrentarse a Chucky, Terminator o a ver quién más se le pone enfrente.
