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Cine

El Club Perfecto, una hilarante comedia mexicana con mucha nostalgia dosmilera

Dejando de lado la comedia romántica, El Club Perfecto logra combinar un espíritu juvenil con la suficiente nostalgia en una muy entretenida cinta

AJ Navarro

Publicado

el

El Club Perfecto
3.5 Reviewer
Calificación

No hay nada mejor que la nostalgia de la juventud. De ella han nacido relatos con resultados interesantes abordados por la comedia y el drama. El Club Perfecto, del mexicano Ricardo Castro, sigue de buena fe la escuela dejada por varios cineastas, combinando una anécdota de la vida real del realizador con el suficiente encanto de nuevos actores que logran una gran química para rendir tributo a la juventud del nuevo milenio.

De que trata El Club Perfecto

El conflicto comienza con la diferencia entre Mirko y Diego, viejos amigos que ahora
son un dúo perfectamente incompatible. Este reencuentro entre ellos crea un pacto que siembra el inicio de un club dedicado a robar las pruebas de su último año en preparatoria. Lo curioso del caso es la dinámica que van creando mientras se unen los personajes más excéntricos de todo el salón, desde el más torpe, el “junior”, el violento, los ñoños y la fresa incomprendida.

Queda claro que una de las principales influencias para este relato mexicano recae en aquellos clásicos ochenteros de John Hughes, cineasta y guionista que marcó a toda una generación con sus cintas de esta vena juvenil, especialmente El Club de los Cinco (The Breakfast Club), donde cinco jóvenes muy diferentes entre sí encontraban que tenían más en común derivado de un fin de semana de castigo en la escuela.

Incluso, El Club Perfecto remite a una serie recientemente lanzada por Prime Video, Nadie nos va a Extrañar, que también ahondó en la nostalgia pero de los noventa, en ser amante del cine y en los dolores de crecer que van desde la profunda depresión hasta el mal de amores irremediable. Pero el cineasta Ricardo Castro, basándose en su alocada vida preparatoriana, crea una comedia juvenil totalmente dosmilera que aprovecha los clichés y torpeza adolescente y se aprovecha de ellos.

Todo sea por no reprobar. El Club Perfecto captura bien el absurdo y la locura de la juventud  de forma entretenida. Foto: Vix
Todo sea por no reprobar. El Club Perfecto captura bien el absurdo y la locura de la juventud de forma entretenida. Foto: Vix

Algo que destaca de esta comedia creada por Castro es la elección de los protagonistas, toda una nueva generación de actores que aprovechan la oportunidad de volver a vivir esa época tan difícil para todo aquel que la ha vivido: la escuela, sin importar realmente el grado. Ya sea la presión de las calificaciones o las relaciones con los padres y amigos, es una época dura, de aprendizaje. Por ello, es importante crear una química fuerte que sostenga los dilemas que un grupo tan diverso puede encarar.

Esa virtud permea un relato que, realmente, utiliza las fórmulas de otras cintas similares como La Prueba Perfecta (Robbins, 2004) con Scarlett Johansson y Chris Evans, o la tailandesa Bad Genius (Poonpiriya, 2017), donde la astucia se empata con la camaradería. Y aunque existen cintas cómicas mexicanas de esta índole, pocas llegan a ser tan fieles como en esta cinta, todo gracias a que Castro se centra en desarrollar esa hermandad y el sentimiento de pertenencia entre ellos, algo que apegará a generaciones recientes como los millenials o la generación Z, dejando de lado la cuestión de la calificación final para centrarse en los lazos que se hacen entre ellos.

También resulta curioso de El Club Perfecto es que Ricardo y sus amigos de preparatoria realmente vivieron todo lo que sucede en la cinta, incluso lo más increíble. El detalle con el que el cineasta describe no sólo la época sino los hechos tiene una particular gracia. A pesar de que ninguno de sus protagonistas había hecho un largometraje, logró que todos ellos se sientan como compañeros que aprenden a crecer en un año de sus vidas. La preparación y la mano del director alrededor de estos jóvenes actores se nota y ellos logran proyectarla con creces.

El talento joven del filme es una de las principales estrellas de El Club Perfecto. Foto: Vix
El talento joven del filme es una de las principales estrellas de El Club Perfecto. Foto: Vix

Logrando una combinación a medio camino entre la preparación y la cosecha personal que cada uno de ellos pudo darle a sus roles, El Club Perfecto fluye con una naturalidad que nos obliga como espectadores a revivir esas épocas estudiantiles sin importar la edad. A pesar de la sencillez en el guion que, por momentos, deja de desarrollar a todo el grupo y se enfoca solo en sus protagonistas, el relato fluye de buena forma y cumple con el punto de entretenimiento puro.

Claro que hay villanos y actores de experiencia que brindan un balance interesante, sobre todo el gran papel que hace Alfonso Borbolla como ese odioso profesor de álgebra y matemáticas que se erige como el antagonista del grupo. Por ahí tenemos también a Ana Layevska o Liz Gallardo, pero pasan sin pena ni gloria. Y entre los jóvenes, la actriz Daniela Martinez es quien destaca más en sus cortas apariciones, mostrando ser una mente maestra detrás del grupo y un perfecto complemento para los planes de Mirko y Diego.

Sumado a eso, tenemos una banda sonora que acompaña a los chicos que resulta perfecta para hacernos sentir en la época donde se desarrolla todo. Canciones como Float On de Modest Mouse, A Dónde van los Muertos de Kinky, Electric Feel de MGMT o hasta Yoshimi Battles the Pink Robots PT. 1 de los Flaming Lips, a quienes se les suma una correcta banda sonora de Tomás Barreiro, le dan ese toque juvenil que el relato necesita, rindiéndole un sentido homenaje a esa primera década dosmilera.

Daniela Martinez sobresale entre el talento nuevo que forma parte de El Club Perfecto. Foto: Vix
Daniela Martinez sobresale entre el talento nuevo que forma parte de El Club Perfecto. Foto: Vix

Así, El Club Perfecto es un filme ideal para el regreso a clases cuyo publico central, sin duda, será el de aquellos adolescentes que se sentirán identificados con las locuras de este grupo tan diverso. Pero también apega a esa memoria del adulto, aquellos que, como el mismo director, recuerdan con mucho afecto aquellas desventuras y dificultades, pero sobre todo amistades y canciones que nos marcaron. Es difícil crecer, si, pero qué divertido fue, aún haciendo tremendas diabluras.

Comunicólogo, amante del cine, la música y todo lo que sea cultura. Forjando una carrera en el medio desde 2018 a la fecha. Colaborador en varios espacios, consciente de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

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