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Cine

Sin Piedad, Chris Pratt entretiene con una ciencia ficción polémica

Tomando prestado de otras historias de sci fi, Sin Piedad tiene buenas intenciones pero se pierde en su discurso e ideas

AJ Navarro

Publicado

el

Sin Piedad
2.5 Reviewer
Calificación

Aunque Chris Pratt goza de cierta popularidad como héroe de acción, en Sin Piedad, dirigida por el cineasta ruso Timur Bekmambtov (Guardianes de la Noche, Se Busca) carga con el peso de una película que comienza de manera entretenida pero que, poco a poco, se pierde entre uno de los dilemas que más se han tocado en cines recientemente: ¿qué tanto podemos confiar en la inteligencia artificial y la tecnología? Todo eso mientras vemos cómo el destino futurista de relatos de antaño ya nos alcanzó y nos está comiendo el mandado.

De que trata Sin Piedad

En un futuro próximo, el detective Chris Raven (Chris Pratt) es acusado de asesinar a su esposa. Ahora tiene solo 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza Maddox (Rebecca Ferguson), una I.A. avanzada a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino. Ahora, sentado en la silla de ejecución y siendo juzgado por este crimen, tendrá todos los recursos a la mano. Inteligencia e intuición vs tecnología avanzada. ¿Quién hará justicia?

De Phillip K. Dick a Asimov: la ciencia ficción detrás de Sin Piedad

La historia de esta cinta ciertamente suena conocida, no sólo por la cuestión del referente de la inteligencia artificial, algo que en tiempos recientes da mucho de qué hablar y sigue evolucionando a grandes pasos. De hecho, lo que vive Pratt en este thriller de acción es muy similar a lo vivido por Tom Cruise en la adaptación del cuento de Phillip K. Dick, Minority Report: Sentencia Previa (Spielberg, 2002), con la diferencia de que en esta última el crimen aún no sucedía.

Ese detalle permite explorar a Bekmambetov un punto básico para este filme y su creación: la tecnología. Si bien la mayor parte del tiempo estamos acompañando al protagonista en la silla donde se mantiene acusado, resulta interesante ver el despliegue de todo lo que tiene a la mano la jueza Maddox y Raven para probar la inocencia del detective. Desde celulares, drones, redes sociales, cámaras, vaya un mundo completamente vigilado que dejaría impresionado a la dupla de Will Smith y Gene Hackman en Enemigo Público (Scott, 1998).

La estoica y bella Rebecca Ferguson encarna a la I.A. Maddox en Sin Piedad. Foto: Sony Pictures
La estoica y bella Rebecca Ferguson encarna a la I.A. Maddox en Sin Piedad. Foto: Sony Pictures

Resulta de miedo ver cómo la ilusión que tenemos de la privacidad es totalmente rota en muchos sentidos para el bien de la investigación, uno de los temas que de inicio Sin Piedad explora muy bien en este sci fi. Sin embargo, también está ese choque que nos tiene nerviosos entre el ser humano y qué tanta conciencia o “programación” puede tener un sistema. Ese confrontamiento moral se plantea de buena forma hasta cierto punto en la cinta donde, cual Asimov y sus robots, la jueza Maddox parece entrar en conflicto con lo que debe de hacer-

Esa toma de conciencia no logra funcionar del todo como en otros relatos. Aquí el despertar resulta tremendamente conveniente a los intereses de Raven y jamás es de todo explicado, hasta el desenlace de la cinta que te hace entender que, contrario a lo que se planteaba al principio, humanos y tecnología somos capaces de cometer errores. Si pero, ¿porque? Y es en ese punto en donde Sin Piedad da un giro que convierte al entretenimiento puro en algo tan absurdo y predecible que va perdiendo el chiste.

Chris Pratt y Rebecca Ferguson, un duo que se queda a medias

Parte de que la cinta se sostenga es gracias a sus dos actores protagonistas. Aunque Pratt se ve básicamente inutilizado en la silla, hace una buena labor jugando con sus expresiones faciales y demás. Mientras que Ferguson se muestra perfecta, estoica e impoluta… hasta que comienza a mostrar rasgos de esa aparente humanidad que termina por mandar al traste la historia. Sin embargo, ellos dos hacn una labor que mantiene el interés, aún con lo predecible del relato.

Chris Pratt, Kali Reis y Timur Bekmambetov presentaron anmosamente Sin Piedad en la CDMX. Foto: Sony Pictures
Chris Pratt, Kali Reis y Timur Bekmambetov presentaron anmosamente Sin Piedad en la CDMX. Foto: Sony Pictures

A pesar de ello, si se siente ese sentido de traición, especialmente al conflicto inicial pues resulta ser un giro demasiado conveniente para que el thriller continúe. También está el trabajo de Kali Reis que, de alguna forma, repite un poco lo hecho por ella en la serie True Detective como la detective ruda que hace el trabajo de campo sucio que su compañero Raven no puede al estar como acusado y esperando la sentencia final de la jueza de I.A. Maddox.

La acción y el contexto polémico de Sin Piedad

Aunque ese dilema tecnológico y moral, incluso hasta ético ya mencionado puede ser suficiente con todo y las barrabasadas cometidas hacia la segunda mitad del filme, si existe en la cinta de Bekmambetov otro dilema que no se puede ignorar. Y es que, a diferencia de otros trabajos de ciencia ficción, aquí el inicio del conflicto para que la justicia sea impartida por algo más que los humanos es la mirada de división que hace entre las clases: los pobres y drogadictos y los que tienen un trabajo estable como “buenos americanos”.

Es aquí donde la acción en Sin Piedad puede tomarse como algo que va más allá del mero entretenimiento, algo así como una postura que lamentablemente resuena a lo que se está viviendo en Estados Unidos y otras partes del mundo donde el lema de divide y vencerás parece ser la prioridad. Parte de los actos de Raven y la policía es por eso, porque para ellos esas comunidades que son alejadas por ellos mismos y las faltas de oportunidades son, efectivamente vistos como los “malos”.

Incluso eso cobra más relevancia conforme las cosas van revelándose en el secreto detrás del asesinato, motivación principal para que estos temas salgan a flote en el filme. Sin Piedad en su guion, escrito por Marco van Belle, descuida ese pequeño factor y genera una sociedad divida en donde, ni la tecnología ni la justicia humana pueden hacer un buen trabajo. Y peor aún, los culpables e inocentes no son nada de lo que aparentan, dejando mal parado ese lema de la justicia es ciega. Eso, en tiempos de conflicto social, termina por crear una sensación que se siente muy latente y deja de lado el entretenimiento para dar lecturas peligrosas.

Es así que la cinta si resulta ser el más decente ejercicio del cineasta de origen ruso desde un buen tiempo, pero ni con el carisma o arrastre popular de Pratt ni el resonado tema de la tecnología vs nuestra humanidad termina por ser suficiente para despegarse de esas sombras que terminan por comerse una historia que, más allá de estas cuestiones políticas medio escondidas por ahí, puede resultar palomera pero olvidable.

Comunicólogo, amante del cine, la música y todo lo que sea cultura. Forjando una carrera en el medio desde 2018 a la fecha. Colaborador en varios espacios, consciente de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

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