Entrevistas
Entrevista con De Nalgas: todo sobre su nuevo disco Bisnes World
Tras 16 años de trayectoria, la banda más irreverente de la capital mexicana presenta ‘Business World’, un manifiesto de ruido y realidad
Para De Nalgas, la música nunca fue una cuestión de virtuosismo, sino de urgencia. Surgidos en una transición tecnológica donde los blogs morían y las redes sociales apenas gateaban, la banda ha navegado 16 años de carrera con una brújula inquebrantable: la amistad y el encabronamiento. Hoy, con el lanzamiento de Business World, demuestran que su evolución no ha sido hacia la complacencia, sino hacia un sonido más sólido que mezcla el rock and roll con el espíritu de guerrilla. “Antes solo nos salían groserías; hoy seguimos encabronados pero buscamos juegos de palabras para las cosas que nos cagan”, confiesan, dejando claro que aunque los temas se actualicen con redes sociales y crisis personales, el núcleo sigue siendo el mismo: la sociedad está de la verga.
La banda ha aprendido a soltar el lastre de las expectativas. Lejos de la “chaqueta mental” de llenar estadios o la presión agobiante de querer vivir exclusivamente de sus instrumentos, De Nalgas se asume hoy como un proyecto de resistencia y diversión. Para ellos, el éxito palpable no es un disco de oro, sino “despertar vivo todavía” o ensayar sin la cruda del día anterior. Esta filosofía los ha llevado a compartir escenario con sus más grandes ídolos, desde Molotov hasta Bad Religion, descubriendo que detrás de las leyendas hay seres humanos (y algún que otro neoyorquino sarcástico como Marky Ramone) que, al igual que ellos, solo buscan que el ruido no se detenga.
Pero si algo define a De Nalgas en la era digital es su capacidad para reírse de sí mismos y de sus detractores. Desde los apodos de “Molotov chiquito” hasta los ataques de los “haters”, la banda ha sabido transformar el veneno en combustible, creando incluso al Ponc-Ardilla, una mascota nacida de un meme que hoy es insignia de su mercancía. Con la mira puesta en el 23 de mayo para celebrar los 10 años de su emblemático disco Vulgar Dulce Hogar en el Foro Indie Rocks!, la agrupación se declara lista para seguir dando batalla. Porque para De Nalgas, un festival como el Vive Latino es solo un examen, pero la verdadera guerra se gana en la calle, volante en mano y amplificador a tope.
¿Cómo nació la idea de dividir el proyecto en Businessland y Business World? Compusimos muchísimo y a la hora de grabar vimos que era un disco muy largo. Primero pensamos en sacar dos discos, pero luego decidimos sacar Businessland como primera parte y Business World como el disco completo para quien quiera escuchar las 17 rolas de chingadazo. No queríamos sumarnos al “mame” de sacar sencillo tras sencillo; preferimos los conceptos de los discos. Fue algo muy orgánico: nos metemos a grabar y luego vemos qué hacemos.
Se nota una evolución desde Cascajo. Las letras ahora tocan temas de redes sociales y política de forma más madura. ¿Cómo sienten que han crecido? Siempre nos hemos puesto retos. Los primeros discos los hicimos a los 19 años. Con el tiempo decidimos meterle más rock and roll, hip hop y todo lo que nos gusta a una licuadora. Líricamente seguimos encabronados, pero distinto. Antes solo nos salían groserías; ahora es divertido buscar juegos de palabras. En Business World ya metemos temas de redes sociales, de la vida personal y hasta de la vejez y la ciática (risas), porque ya todos tenemos que cuidarnos para tocar.
Después de 16 años, ¿cuáles son los sueños o metas palpables para De Nalgas hoy? Nuestro sueño palpable es despertar vivo todavía y chupar sin que nos dé cruda. La banda ha sufrido muchos cambios internos, de trabajos y parejas, pero la constante es que somos amigos. Hoy hacemos las cosas por diversión. Ya nos vale verga la presión de “querer vivir de la música”; trabajamos desde antes de tocar, así que ahora nos vemos para ensayar, divertirnos y si sale un toquín, qué chingón. Nuestra meta ahora es llenar el Indie Rocks! el 23 de mayo para festejar los 10 años del Vulgar Dulce Hogar.
¿Es más fácil o más difícil hacer un disco ahora que cuando empezaron? Está cagado, porque cuando empezamos grabábamos con un micrófono y como sonara, con el sueño de que alguien nos apadrinara. Eso nunca pasó. Hoy tenemos el conocimiento para grabar nosotros de forma más económica, pero con el mismo espíritu punk. El reto sigue siendo la composición y buscar siempre entregar calidad en el sonido y en lo visual.
Han tocado con ídolos como Marky Ramone, Bad Religion y Molotov. ¿Cómo ha sido esa experiencia de pasar de ser fans a colegas? Casi todos se han portado poca madre. Con Bad Religion fue lo más cabrón; también con Marky Ramone. Nos decían que Marky era súper mamón y que nos saliéramos del estudio porque ya venía “el señor”, pero en cuanto se sentó a la batería hubo una química increíble. Fue un viejo lobo de mar. Con Mike Hererra (MxPx) y otros también ha sido genial, siempre terminamos de peda o recibiendo un buen consejo. El único trago medio raro fue con Rivers Cuomo de Weezer, pero creo que fue porque yo “faneé” de más y él es muy suyo.
¿Para qué sirve realmente estar en un festival como el Vive Latino hoy en día? A nosotros nos tocó la transición de los blogs a las redes sociales. El Vive Latino es como un examen de banda; es un trampolín donde te puedes caer o te puedes alzar. Pero nosotros creemos que, aunque las redes importen, la lucha sigue siendo en la calle. Nuestra chamba es que la gente se entere que vamos a tocar y salir a darlo todo aunque te pongan a la hora de los estelares. El concepto de tener una banda es hacer guerra de guerrilla, no solo ser un buen ejecutor.
¿Les molestó alguna vez que en redes les dijeran “Molotov chiquito” o “punks fresas”? Cuando empezaron con eso de los “hijos de Molotov”, no lo tomamos ni como elogio ni como insulto. Molotov es una banda gigantesca, así que si nos comparaban con ellos lo veíamos como algo padre para no cagarla. Lo de “punks fresas”, pues tuvimos la fortuna de ser clase media de barrios populares con agua y luz, y nunca nos quitó el sueño. Al final hacemos música de lo que vivimos. Hubo una temporada que los haters se callaron y ahí sí nos preocupamos, dijimos: “ya valió verga, ya no le importamos a nadie”. Mejor que hablen de ti, aunque sea mierda.
¿Cómo es que el Ponc-Ardilla se volvió la insignia de la banda? Salió en 2017 cuando andábamos de gira con unos youtubers. Nosotros no entendíamos bien ese pedo, pero nos clavamos con la cultura del meme. Un fan nos regaló el diseño de una ardilla en un bazar y decidimos inventarle un concepto. En la pandemia mandamos a hacer peluches y para venderlos le hicimos su “memería”. Ahora con tecnología nueva hasta lo animamos. Todo lo que posteamos del Ponc-Ardilla son pendejadas que primero nos dan risa a nosotros en el grupo de WhatsApp.
