Cine
Café Chairel: Una pequeña y honesta sorpresa del cine mexicano
Fernando Barreda Luna logra pasar de sus inicios del terror a un drama íntimo y personasl con Café Chairel.
Este 2026 ha pasado algo curioso en los cines: cada vez vemos más estrenos mexicanos. Aunque todavía falta muchísimo para mejorar la distribución, es un hecho que los nuevos títulos nacionales comienzan a ser más recurrentes en cartelera, y eso definitivamente merece un aplauso.
En medio de esta ola de producciones llega Café Chairel, la nueva película de Fernando Barreda Luna, cineasta que muchos conocieron hace alrededor de 15 años gracias a Atrocious: Terror Paranormal.

¿De qué va Café Chairel?
La inocencia de Alfonso (Mauricio Isaac) lo embarca en la ocurrente odisea de abrir un café de especialidad sin saber absolutamente nada del negocio y sin siquiera poder beber una taza sin llenarla de leche.
Todo cambia cuando llega su primera clienta, Katia (Tessa Ia), una joven áspera y reservada a quien termina contratando como asistente, aunque poco a poco queda claro que también está escapando de algo. Sus personalidades chocan desde el inicio, poniendo en juego el destino del negocio en una historia divertida, nostálgica y bastante humana sobre cómo dos extraños pueden ayudarse a sanar heridas a través de algo tan simple como la compañía silenciosa.

Café Chairel encuentra fuerza en lo íntimo
Café Chairel es de esas películas mexicanas pequeñas que probablemente pasarán desapercibidas para mucha gente, y eso es una lástima, porque cuentan con una propuesta bastante honesta a la que más personas deberían darle una oportunidad.
Si bien la cinta se mueve sobre la línea de un drama ligero, eso no necesariamente es algo malo. ¿A qué me refiero con esto? A ese tipo de historias que ya hemos visto antes en el cine mexicano, donde el drama se mezcla con momentos de comedia para que la narrativa siga fluyendo y no se vuelva pesada para el espectador. Y la verdad, aquí funciona bastante bien, sobre todo porque encaja perfectamente con la personalidad del personaje de Alfonso.
Uno de sus puntos más fuertes también es la manera en que se construye la historia. Aunque Alfonso y Katia son los protagonistas, el pasado de Katia, que se va revelando poco a poco, termina siendo una pieza clave dentro del relato. Por otro lado, la historia de Alfonso también nos revela detalles importantes, aunque de una manera más casual y menos apoyada en flashbacks. De hecho, llega un punto cerca de la mitad de la película donde el espectador simplemente piensa: “ahora todo tiene sentido”.

Otro acierto importante es que la película construye poco a poco esa atmósfera íntima y melancólica sin permitir que la comedia le robe protagonismo al drama.
Además, el contexto local tiene muchísimo valor. La historia se desarrolla en Tampico y, de cierta manera, rinde homenaje a la riqueza cultural de la zona; incluso se da tiempo de hablar sobre los ovnis, un tema bastante arraigado en la identidad local.
A nivel visual, la película también tiene varios aciertos. Se nota que hay una intención clara detrás de la fotografía y de varias de sus tomas; no se sienten hechas al aventón. Incluso la iluminación dentro del Café Chairel maneja tonos cálidos y discretos que ayudan a construir esta sensación de intimidad y hogar que acompaña gran parte de la historia.

En cuanto a las actuaciones, tanto Mauricio Isaac como Tessa Ia, aunque quizá no entregan los mejores trabajos de sus carreras, sí logran aportar credibilidad a sus personajes y ayudan a que el relato nunca pierda ese tono íntimo.
Por supuesto, existen algunos errores a lo largo de la historia, aunque probablemente solo los notarás si eres muy clavado con temas de continuidad.
Más allá de sus momentos de comedia o de los pequeños errores que pueda tener, la película realmente encuentra fuerza en la manera en que retrata la soledad, la depresión y esa sensación de estar perdido incluso cuando aparentemente todo sigue avanzando con normalidad.
En tiempos donde gran parte del cine mexicano comercial apuesta por fórmulas seguras, Café Chairel encuentra valor en lo íntimo y en lo emocional. Lo triste es que películas de este tipo sigan llegando a tan pocas salas, porque terminan perdiéndose entre estrenos mucho más vacíos, cuando en realidad son las propuestas que más necesitan conectar con el público.
