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Andor Temporada 2: Una perfecta secuela para Diego Luna y su galáctico héroe
Con 14 nominaciones al Emmy, el cierre de la historia de Cassian Andor es de lo mejor que le ha pasado a Star Wars desde Rogue One
Aunque Star Wars sigue buscando explotar y ampliar su universo, pocos han salido tan airosos como el rebelde Cassian Andor (Diego Luna), que desde su primera aparición en el “escuadrón suicida” de esa franquicia en Rogue One: Una Historia de Star Wars (Edwards, 2016)
De qué va Andor: Temporada 2
La segunda temporada de Andor nos ofrece su tan esperada culminación donde Cassian se convierte en una pieza clave para la Alianza Rebelde. Con la guerra inminente y las relaciones entre los involucrados intensificándose, las traiciones, los sacrificios y las agendas de conflicto se volverán mucho más profundas. La intriga política, la tensión y una gran resolución que nos conecta nuevamente al mundo cinematográfico de esta saga galáctica, somos testigos de los cinco años previos a su acto heroico, completando su transformación de un cínico don nadie a una figura con un destino doloroso pero épico.
El primer gran punto de esta segunda y conclusiva parte de este relato es, sin duda, el papel de Diego Luna. Después de verlo en la primera temporada como alguien desinteresado de las causas ajenas, es en este último estirón donde, poco a poco, vemos cómo las circunstancias que lo rodean lo forjan para ser la figura que conocimos hace casi diez años atrás.
Este Cassian, a diferencia del de la temporada anterior, ya está metido de lleno en la desventura rebelde pero sigue siendo un tanto egoísta, Es interesante ver cómo Tony Gilroy y compañía, a base de cuatro largos arcos de tres episodios cada uno, que a su vez son dirigidos por un director diferente, van forjando el inevitable destino de un héroe que no quería serlo. Luna pasa por todo para entender al final que, para tener esperanza, se tienen que hacer los sacrificios más dolorosos.

Pero no solo él brilla en esta serie. Genevieve O’Reilly es una interesante contraparte para Andor en su papel de Mon Mothra, pues ella complementa el espectro de los alcances y dilemas que esta Alianza Rebelde tiene que confrontar a niveles de alto poder. Es en ella donde reside la fuerza política de la serie. Su aparente frialdad va cediendo ante los hechos y la convierte en la voz que la resistencia necesita. La forma en que esto se da tampoco es sencilla, pues ella también sacrifica algo vital para volverse una cara en el movimiento rebelde.
La antagonista, Dedra Meero (Denise Gough) también muestra un arco profundo a pesar de ser la constante amenaza para nuestro héroe galáctico. Pero incluso ella muestra unos matices muy interesantes donde la villanía toma esos matices grises de humanidad al ver que su venganza y devoción por el Imperio tampoco le reditúa de la forma que ella esperaba. Ni qué decir de Stellan Skarsgard y su Luthen, otro de esos pilares que esta serie nos presenta cuya faceta de inflexible adquiere una fuerza al optar por manipular y hacer cosas cuestionables, todo sea por la causa.

Es ahí donde esta temporada de Andor encuentra sus mayores virtudes, pues es capaz de mostrarnos el lado humano detrás de una rebelión, ese que no se queda solamente en ideales absolutos, sino en los sacrificios, los valores, las voluntades y el compromiso por una causa. Aunque los primeros dos arcos pueden resultar un tanto extraños en tono, es en los dos finales donde se redondea por completo la idea de toda la serie, entregándonos un desenlace perfecto que, además, encaja de maravilla con el inicio de la cinta de Gareth Edwards, labor que no era para nada sencilla.
Además, Andor sigue apostando por un tono diferente dentro del universo de Star Wars, pues se aleja de los sables de luz y los jedis para mostrar un lado mucho más aterrizado y realista de sus personajes. Es la humanidad y la empatía lo que realzan la trama y consiguen los mejores momentos. En ello, también destaca la participación de directores talentosos que saben explorarlo, siendo el mexicano Alonso Ruizpalacios quien consigue uno de los mejores arcos del relato en una serie que encuentra un punto de equilibrio entre los fanáticos de antaño y los nuevos, logrando una historia alejada del fan service y la nostalgia que suele abordar muchos de los nuevos proyectos de la saga.

Los aspectos técnicos son impecables. La fotografía y la edición en cada uno de los cuatro trípticos que forman esos 12 últimos episodios funciona, siendo tal vez los más extraños los primeros tres. Después, toma una uniformidad que ayuda a firmar el sello de los Gilroy en el desarrollo mismo del relato. Ni qué decir de la música, muy diferente también al mundo habitual de esta franquicia pero que sabe capturar la sensación de suspenso y thriller político que vamos viviendo.
Así, el relato de este criminal de poca monta convertido en héroe de una rebelión nos muestra que la esperanza muere al último, que mientras existan aquellas voces que resistan ante el mal ejercicio del poder y ejerzan un abuso, siempre existirá una rebelión que pueda rescatarnos. Pero sobre todo nos ofrece una pieza de un rompecabezas, alejado del gran poder de la Fuerza, que nos pone a reflexionar cómo incluso en galaxias tan lejanas puede existir heroísmo que no necesite más que la firme voluntad y convicción de una causa, cueste lo que cueste.
