Pólvora Live
La La Love You en el Auditorio Nacional: entre el “Fin del Mundo” y el amor compartido
Tras el hit de La Casa de los Famosos y que utilizaran sus canciones, tal vez esperaban tener más público
Recuerdo perfectamente el momento en que conocí a La La Love You. Después de un viaje fatídico y una mala película en el autobús, llegó a mí “El fin del mundo”. Siempre de las últimas en el setlist, porque la fama que han obtenido por parte de TikTok y La Casa de los Famosos los hizo creer que estaban listos para el Auditorio.
No difiero de que son excelentes artistas y que la agrupación ha logrado una base de fans sólida en México, pero me llenó de tristeza la planeación del show: lleno de inflables, luces y efectos en un auditorio casi vacío. Se disfrutó demasiado el show y, aunque asientos atrás parecía completamente vacío, buscaron mover a los fans para que tuvieran una vista más cercana o simplemente para que no se sintiera el vacío.
El impacto de TikTok y el reto del Auditorio Nacional
Tras el hit de La Casa de los Famosos y que utilizaran sus canciones de manera viral, tal vez esperaban tener más público, pero siendo honestos, ¿quién compraría un boleto por una sola rola? Conocer a una agrupación por una canción debería llevarte a investigar más canciones que tal vez te gusten.
En mi caso, después de “El fin del mundo”, vinieron “El principio de algo”, en colaboración con Samurai, o hasta sus últimos estrenos como “Las medusas no tienen corazón”. Sus canciones claro pueden sonar algo fresas, pero tal vez deberíamos tener la apertura por ejemplo de los niños, que destacaron entre la mayoría de asistentes.
Un setlist que abrazó el pasado de la banda
El setlist fue realizado no como en anteriores presentaciones, sino que buscaron la manera de integrar el pasado de la banda. Y es que, para ellos, uno de sus mayores logros fue presentarse en el Auditorio Nacional, así que tocar canciones de sus inicios como “Cocodrilo” lo volvió emblemático y una manera de dejar la esencia de sus inicios sobre el escenario.
Me fascina la diversidad que se le puede dar a las canciones dependiendo de la perspectiva de la persona y es que pasa cuando tocaron “Tenía tanto que darte” uno siempre piensa en la pareja que te dejo con todo en las manos, pero en el concierto me enseñaron que a lo mejor hay vínculos a los que les debemos más y ya no pudimos darles todo lo que queríamos.
La re significación de cada letra y perspectiva del público, que lleva a las personas a cuestionarse ¿Qué estoy escuchando y que me hace sentir?
- Boda en Las Vegas
- Más colao que el Colacao
- Bing Bang
- Los ojos chica no mienten
- Polaroid
- Alguien ha boicoteado el ponche
- Laponia
- La mitad de la mitad
- El hombre del tiempo
- Las medusas no tienen corazón
- El momento perfecto
- Mi vida rosa
- Quiero quedarme para siempre
- La Pócima del amor
- Tenía tanto que darte
- La canción del verano
- Cocodrilo
- No se te puede dejar nada
- Himno (Para los que están jodidos)
- El principio de algo
- Qué nada nos pare
- El fin del mundo
Invitados y nostalgia sobre el escenario
Sus etapas estuvieron reflejadas durante todo el concierto: su melosidad y su momento de rock, lo cual se reflejó también en sus invitados. En sus primeras visitas a México conocieron a Renee, cantautora ganadora del Latin Grammy por su canción “La torre”, así que “Quiero quedarme para siempre” fue interpretada tal y como en su grabación.
De igual forma, “Himno (para los que están jodidos)” contó con la participación de Erik Canales, vocalista de Allison. Quien tal vez se quedó a disfrutar un poco más del concierto ya terminada su parte y es que enserio que ese escenario con el extraterrestre gigante, los tentáculos y las luces no dejaban nada que desear. Ojala más gente hubiera podido disfrutar de ello.
Hubo un tiempo en el que pensaba que nadie más escuchaba a La la love you. Sus canciones parecían uno de esos secretos que se quedan sólo contigo, hasta que lo conocí.
En una de nuestras primeras conversaciones descubrimos que compartíamos las mismas rolas y esa manera tan específica de vivir el amor y el desamor que tienen sus canciones. Desde entonces, escuchar a la banda española también significa pensar en él.
Tal vez por eso lo quiero tanto, porque con él nunca he sentido que tenga que esconder quién soy ni lo que escucho. Compartimos canciones, pero también la tranquilidad de poder existir sin filtros. Y, de alguna forma, terminamos compartiendo a La la love you como si fuera un idioma propio.

Wen
26 mayo, 2026 en 5:19 pm
Más allá de si te gusta o no la banda, siento que la nota está muy mal resuelta a nivel narrativo y editorial. El texto nunca decide qué quiere ser: empieza intentando funcionar como crónica de concierto, luego brinca a opinión personal, después parece reseña musical, más adelante ensayo emocional y termina directamente como una especie de fanfic romántico.
El problema no es incluir experiencias personales —porque eso puede enriquecer muchísimo una nota cultural— sino que aquí el concierto termina convirtiéndose en un simple pretexto para romantizar la relación de quien escribe. El evento y la banda acaban funcionando más como utilería emocional que como el verdadero centro del texto.
También hay un problema fuerte de redacción. Muchas oraciones están construidas de forma confusa, larguísima o mal conectada, como si las ideas hubieran sido escritas sin edición. Hay frases que parecen pensamientos lanzados al texto antes de terminar de formularse. A eso se suma un tono extremadamente irregular: pasa de reflexiones sentimentales a comentarios que parecen sacados de Twitter, como:
“¿quién compraría un boleto por una sola rola?”
o
“los hizo creer que estaban listos para el Auditorio”.
Ese tipo de comentarios no solo rompen el tono, también hacen que el texto pierda credibilidad porque no se sienten argumentados, sino impulsivos.
Y honestamente, el cierre es donde más se cae el texto, porque abandona por completo el concierto para centrarse en la relación sentimental de la autora. Ya no estamos leyendo sobre La La Love You ni sobre el Auditorio Nacional, sino sobre cómo comparte la banda con alguien más. La sensación final es más la de estar leyendo una carta dedicada a su novio publicada accidentalmente en un medio que una pieza periodística o cultural bien estructurada.
La sensación general es la de un texto que quería sonar íntimo y cercano, pero terminó viéndose poco trabajado y sin una identidad clara. No sabe si quiere ser periodismo cultural, columna personal, reseña musical o diario emocional, y al final termina siendo un poco de todo al mismo tiempo, pero sin desarrollar bien ninguna de esas cosas.
Y sinceramente, lo más desconcertante es que nadie en edición pareciera haberse preguntado si era necesario publicar un cierre así. No se siente romántico ni profundo; se siente incómodo, fuera de lugar y honestamente un poco cringe.