Cine
La Balada de la Isla: Un reencuentro conmovedor sobre la música, el paso del tiempo y las letras del amor
El director James Griffiths nos entrega una reflexión inteligente y realista sobre las relaciones, el dolor, el tiempo, las decisiones y el cómo deberíamos seguir adelante al salir de nuestra zona de confort.
Desde Reino Unido llega a nosotros La Balada de la Isla (The Ballad Of Wallis Island) una entrañable, contundente y extraña comedia que se atreverá a reunir al dúo musical (ficticio) de McGwyer Mortimer en un lugar tranquilo pero olvidado por el mundo, para que ambos toquen una última vez para una persona. Dirigida por James Griffiths, cuenta con las actuaciones de Tim Key, Tom Basden y Carey Mulligan.
Este trabajo demuestra que pueden hacerse cosas desde el corazón, con alma y tocar una que otras fibras sensibles sin caer en un drama telenovelesco pero si reflexivo, siendo acompañado de una visión muy diferente y británica de las líneas que se retratan en este tipo de trabajos.

De qué va La Balada de la Isla
Charles (Tim Key), un excéntrico ganador de la lotería, sueña con cumplir una promesa, volver a reunir a sus músicos favoritos: McGwyer Mortimer. Hará todos los preparativos necesarios para que esta fantasía se haga realidad y ese show se lleve acabo sin ningún contratiempo.
Los miembros del dúo musical aceptarán su amable invitación para tocar en un concierto privado en la Isla Wallis, la cual no tiene hoteles, estadios y solamente el escenario de una pequeña playa con vista al mar como gran testigo, y una humilde tienda manejada por Amanda (Sian Clifford) y la cual no tiene muchas cosas a la disposición.
El primero en llegar al lugar en una lancha motora es el cantante de rock folk, Herb McGwyer (Tom Basden), el cual parece nervioso, y se percata de que este show será diferente y un poco extraño a lo acostumbrado, así que tiene muchas dudas de permanecer en el lugar.
Y antes de que tome una decisión, llegará Nell (Carey Mulligan), vendedora de salsas, antigua compañera musical y ex pareja de Herb, la cual viene acompañada de su esposo Michael (Akemnji Ndifornyen). Para el cantante este momento y reencuentro será algo incómodo, ya que él decidió romper ese dúo hace muchos años por seguir una carrera de solista.
Con esta reunión inesperada pero muy planeada, las viejas tensiones resurgirán entre la antigua pareja pero algunos nuevos momentos llegarán a sus corazones y mentes. Aunque no todo será felicidad, porque Charles va a intentar desesperadamente salvar el concierto de sus sueños como un fan devoto y un inocente humano. Todo con tal de que Herb con Nell le den alma y sonido a ese lugar silencio, un sentido de camino y que se deje escuchar en su interior La Balada de la Isla.

“Amas el pasado, pero ya se fue. Siempre tendremos esta isla… y tu bella música.”
La historia que acá se nos contará en La Balada de la Isla, vio la luz hace dieciocho años a través de un pequeño cortometraje que el mismo James Griffiths dirigió.
Ahora, él busca redoblar su anterior trabajo en un largometraje que se apoya del guión escrito por Tim Key y Tom Basden, así como de sus actuaciones principales en el escenario. Sin olvidarse del elemento visual que es natural e impresionante, y el cual dentro de ella desarrollará su comedia, nostalgia, dolor y tragedia como su propia música folk y original.
El director James Griffiths sabe capturar y aprovechar en cada escena o secuencia el alma de aquella isla, la cual encuentra su sonido propio y cimientos con la música de Basden y Mulligan. Sin olvidarnos de la fotografía de G. Magni Ágústsson, la cual nos hace maravillarnos hermosamente con la intimidad de un cuarto, lo desnivelado y cautivador de la playa que se acompaña del golpeo de las olas siendo cubierto por un cielo gris, azul y nocturno.

La Balada de la Isla es inspiradora y detallada por las voces y momentos que tienen sus personajes e historia, el cual busca darnos una belleza abrumadora del mundo y tiempo en el que vive cada protagonista. Es claro que Griffiths entiende el guión de Tom Basden y Tim Key, pero no se olvida de su origen.
Aquí hay una reflexión inteligente y realista sobre el dolor, el tiempo, las decisiones y el cómo deberíamos seguir adelante al salir de nuestra zona de confort. No hay color rosa en esta historia, no hay un final feliz o espectacular ya que La Balada de la Isla tiene un factor humano así como su final, que de cierta forma es conmovedor dentro de una pequeña historia, la cual busca en nuestro interior lo necesario para entender lo que sucede.
La Balada de la Isla es un coda muy interesante. Este producto no busca quedar en armonía con el espectador; el tono británico que maneja este trabajo es una tragedia menor pero bien planteada sobre el aprender a pasar página, estar solos y lidiando con nuestros recuerdos así como algunos demonios personales, pero el saber salir adelante luego de una tormenta.

La Balada de la Isla nos cautiva, nos llama por ser adorable e indirectamente personal. Lo que Tom Basden y Tim Key realizan en el guión es algo con corazón, haciendo que la Isla Wallis cobre vida a través de momentos y ciertos diálogos, pero también añadiendo en estos un humor espontáneo y un par de juegos de palabras, así como iluminar el escenario con la música y el mismo silencio que nos provee la naturaleza.
A parte de que Basden y Key escriben el guión de La Balada de la Isla, también aportan sus tablas y talento en la actuación con los personajes de Herb McGwyer y Charles Heath respectivamente.
Basden nos entrega a un Herb realista y deprimente que es un workhaolic de primera, quien llena un vacío haciendo muchas colaboraciones para un nuevo álbum donde olvida ese sonido con el que creció y era alguien con la música. En el primer acto de La Balada de la Isla, el personaje será ruin, aburrido y nada interesante, quizás hasta que canta y toca bien en el segundo acto es cuando realmente vemos el alma de este personaje y lo conocemos. Pero es su soledad, su cansancio e indiferencia lo cual se vuelve algo atractivo o funcional para el guión.
No lo amas y tampoco lo odias, solamente te será algo indiferente hasta el tercer acto, donde todo cambiará y nos sentiremos muy identificados. O bien, cuando comparte con Key y Mulligan un poco de verdad y evolución que hay en su interior. Y es con Mulligan donde nos regala un momento musical cercano, esperanzador a su manera cuando ambos cantan en dúo: ´Give Me Your Love To Me´ mientras el personaje de Key los observa con esperanza, mientras los tres yacen en un comedor, en una escena íntima y bien lograda.

Lo realizado por Basden no va por si solo y con mano propia, ya que durante La Balada de la Isla se deja acompañar y arropar para complementarse con el mismo Key y su personaje de Charles. Los cuales juntos, son como una pareja explosiva pero de chistes ingeniosos. El visual amargado y el divertido, el fanboy y el artista. Pero Tim Key logra armar a Charles tan bien, que nos encariñamos con él y su dolor intenso que no ha soltado en años, así como aceptar que es un alma vieja que busca en el anhelo cumplir un gran sueño.
Charles es molesto con su mar de preguntas, pero bondadoso en atención, y casi inocente como un pequeño que no tiene un amigo porque el destino no le brindó esa oportunidad, y cuando lo hizo, se la arrebató. A partir de ese momento él quedó atascado en el tiempo pero teniendo en mente cumplir una promesa.
La habilidad de Key es tan nata, tan certera que va del dolor a la risa, siendo sutil en sus cambios y aligerando el ritmo de todo.

También habría que destacar al personaje de Nell, personificado por Carey Mulligan. Alguien que es una pieza para ambos y ya mencionados personajes. Por un lado Basden se enfoca en el futuro sin disfrutar del presente porque le preocupa ser olvidado. Unido a eso, tenemos a Key, quien se quedó estancado en el pasado, en el dolor y la tristeza sin querer avanzar y soltar ciertas cosas. Y es aquí, donde Mulligan representa el presente, el ahora y el avanzar para vivir, siendo una razón de ser para el personaje del músico y esa pieza necesaria de humanidad y sentimientos exteriores e interiores que necesita La Balada de la Isla.
Ella actúa bien, tiene dulzura, atención y seriedad cuando debe ser, pero no destaca del todo dentro del filme más que en dos o tres momentos donde la mayoría de ellos, debe compartir tabla y canto con Basden (ambos son entusiastas, dinámicos y únicos juntos como alguien importante para el otro) y en otros momentos rápidos con el mismo Key.

Sin duda alguna, estamos ante un proyecto diferente, muy personal y que nos lleva a la vida misma y a los pequeños placeres, el disfrutar del momento, soltar lo que nos cansa o asfixia así como dar el primer paso para lo nuevo aunque sea incierto. A veces, se necesitará volver sobre los pasos ya marcados para explorar pero no cambiar nada y volver al camino para esperar algo incierto con sabiduría.
Es con lo anterior, que lo realizado por James Griffiths es astuto, a la altura que está historia necesita estar, sin caer en una locura al más puro estilo gringo porque hombre y mujer terminen juntos. El alma británica de esta cinta no trata sobre Herb, Nell y Charles con un color rosa, más bien lo escrito desde el guión radica en el alma que está cinta imprime al hablar sobre las decisiones, los sentimientos, el dolor y el tiempo que va sobre nosotros.

Trata sobre esa baladas que hemos perdido por seguir algo rápido y sin sonido, pero La Balada de la Isla de James Griffiths nos conmueve, es una historia para aquellos marineros perdidos en alta mar y para los exploradores que confirman su camino, nos hace prestar atención al momento aunque al final, nos deje reflexionando y mencionando: Así es la vida, de esto se trata, aprender, sanar y seguir viviendo en un tono mayor con nosotros mismos.
