Pólvora Live
Rave del Bienestar: “La Fiesta Electrónica Más Grande del Mundo” encendió Paseo de la Reforma para recibir el 2026
Ocho horas, 250 mil almas en movimiento, beats que retumbaron del Ángel a la Estela de Luz y un gobierno capitalino que sigue apostando por la cultura como motor social y político.
El reloj marcaba las 18:00 horas del 31 de diciembre de 2025, entonces Paseo de la Reforma dejó de ser una de las arterias más emblemáticas de la Ciudad de México para convertirse en una de las pistas de baile más grande y vibrante del planeta. No se trataba solo de música: nuevamente fue un fenómeno social masivo que congregó a más de 250 mil personas a lo largo y ancho de la avenida, desde el Ángel de la Independencia hasta la Estela de Luz, transformando el paisaje urbano en una fiesta electrificada de sensaciones, luces y ritmos intensos.
La llamada “Fiesta Electrónica Más Grande del Mundo”, organizada por el Gobierno de la Ciudad de México a través de la Secretaría de Cultura capitalina, fue diseñada no solo como un espectáculo de música sin precedentes sino como una declaración de intenciones: demostrar que la cultura y el entretenimiento gratuito pueden ser herramientas para la convivencia, la apropiación del espacio público y el dinamismo económico de la ciudad.


La cultura como motor de ciudad
México ha visto, especialmente en la administración capitalina más reciente, una apuesta clara por convertir el espacio público en epicentro de experiencias culturales gratuitas. Tras el éxito del concierto con Polymarchs para despedir el 2024 —que reunió a más de 200 mil personas en Paseo de la Reforma— esta nueva edición amplió la fórmula para invitar a talentos internacionales y nacionales de la escena electrónica, reforzando la idea de una ciudad que celebra sin barreras económicas.
Aunque aún no se ha publicado un desglose oficial transparente del costo total del evento, el enfoque presupuestario indica que el financiamiento proviene de fondos públicos asignados a eventos culturales masivos, con inversión en producción audiovisual, seguridad y servicios urbanos que fomentan una derrama significativa para el sector turístico y de servicios.
Estimaciones de la temporada navideña en la ciudad sugieren una derrama económica global superior a 38 millones de pesos para las festividades decembrinas, de las cuales las celebraciones musicales forman una parte importante. Se calcula también que, para eventos de esta escala, centenares de trabajadores estuvieron involucrados en producción, montaje de sonido, luces, escenarios y control de multitudes durante días previos al evento.


Montaje monumental: luces, pantallas y estructura.
Desde la tarde que se tendió el tapiz de beats, el corredor de Reforma cobró vida con una arquitectura de sonido y luz digna de un gran festival internacional. Cientos de altavoces estratégicamente colocados mantuvieron los niveles perfectos para que cada beat explotara con precisión; pantallas gigantes y juegos de luces sincronizadas definieron el ritmo visual del evento, bañando de color y geometría láser el pavimento y los rostros de la multitud.
La estructura principal estuvo instalada a los pies del Ángel de la Independencia, pero la música y visuales se expandieron a lo largo de varios kilómetros para que —como buscaba la organización— nadie quedara fuera de la experiencia. La escala estuvo a la vista: enorme, ambiciosa y efectiva en su misión de convertir toda la avenida en un único escenario global.


Lineup de calidad mundial:
Ramiro Puente, el preludio nacional
Ramiro Puente, pionero del techno y la electrónica mexicana, abrió la fiesta con una selección que fue desde pulsos profundos hasta ritmos que parecían anticipar lo que se avecinaba. Su set sonó como una bienvenida íntima antes del estallido universal de beats que estaba por llegar.
VEL y Jehnny Beth, texturas y contrastes
VEL aportó una mezcla refinada de percusiones y ambientes densos, ideal para hacer vibrar los primeros compases de la noche. Más tarde, Jehnny Beth —con un set que abrazó el techno oscuro y texturas post-punk— elevó el tono emocional del evento, provocando que la audiencia se moviera no solo con el cuerpo sino con un tono introspectivo y visceral.
3BALLMTY y Mariana BO, energía y fusión
El colectivo regiomontano 3BALLMTY inyectó alegría con su fusión de electrónica con ritmos urbanos, haciendo que cientos de miles saltaran al compás de ritmos que trascendieron géneros transformando el asfalto en un antro gigante. Mariana BO, por su parte, sorprendió con un set que mezcló hardstyle con violín en vivo, creando momentos que parecían salidos de una escena audiovisual futurista.


Kavinsky: el viaje retrofuturista
Si hubo un momento que cristalizó la magia de la noche, fue la aparición de Kavinsky. Con su estilo synthwave que recuerda a una película de ciencia ficción ochentera, su set en vivo fue un viaje sonoro que combinó nostalgia con futurismo. Las líneas de sintetizadores, los ritmos hipnóticos y el juego visual que acompañó su presentación convirtieron su hora en una revelación, una especie de cine sin pantalla donde cada escucha era un frame lumínico que recorría el cuerpo de la multitud en una noche fría.
Las últimas notas musicales del 2025 no pudieron ser mejores pues el francés cerró set con su mayor éxito: el tema “Nightcall”; los minutos finales del año se extinguían al ritmo de la misma canción que Kavinsky tocó durante su participación en la clausura de los Juegos Olímpicos hace más de un año.
La euforia del público se elevó a tope y se mezcló automáticamente después con la frecuencia aguda ejercida por la voz de la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, que saltó por un breve instante al escenario para dar el conteo de los últimos 10 segundos del año y gritar: “¡Feliz Año Nuevo 2026!” y luego desaparecer entre las sombras del escenario; eso sí, no sin antes haber declarado a todo pulmón: “¡Qué no pare la música y que siga la fiesta!”.
Arca: el caos como celebración
Apenas con un minuto de haber comenzado el 2026, Arca saltó a escena y tomó el control de las tornamesas dando un giro radical a la fiesta. Su presentación fue un acto de ruptura: beats fragmentados, bajos abrasivos y texturas digitales que parecían tensar el aire de Reforma. No fue un set complaciente, sino uno desafiante, corporal, casi performático.
Arca convirtió la avenida en un laboratorio sonoro donde el reggaetón mutante, la electrónica experimental y los ritmos industriales convivieron en tensión constante. Hubo momentos de desconcierto —miradas que buscaban entender lo que estaba ocurriendo— seguidos de explosiones colectivas de baile cuando el groove emergía entre el caos. Fue, quizá, el set más político de la noche: una declaración de libertad sonora frente a cientos de miles de cuerpos dispuestos a dejarse llevar.


MGMT: el cierre épico
Finalmente, MGMT tomó el control de la cabina en formato DJ set, cerrando la fiesta con una mezcla ecléctica que fusionó el electro-pop con energía bailable y matices psicodélicos. Su selección musical alargó el espíritu de baile más allá de la medianoche, manteniendo a todos en movimiento hasta bien entrada la madrugada.
Los visuales que acompañaron su acto generaron la conexión necesaria entre el público y los cerradores de la novena entrada, imágenes de un ajolote sonriente, la máscara de un luchador, el interior de un vagón de metro, la cabeza de Quetzalcóatl en “motion graphics”, la figura de Coatlicue en un render de “maping”, el símbolo del Calendario Azteca materializándose en tiempo real desde datos computarizados; una narrativa de tecnodioses, donde la música electrónica se presenta como un acto chamánico contemporáneo que fusiona la identidad cultural con la estética digital.
Una noche para recordar —y para querer repetir
El 1 de enero de 2026 llegó, Paseo de la Reforma aún vibraba. La emblemática avenida volvió a ser escenario de una celebración intensa y vasta: beats, luces, rostros celebrando, familias y jóvenes compartiendo un mismo pulso, una misma vibración colectiva.
Esta no fue solo una fiesta; fue una demostración palpable de cómo la cultura electrónica puede ser puente de convivencia, placer y sentido de comunidad. Y si algo quedó claro al terminar la noche, entre abrazos y la nostalgia del año viejo, fue que la música no solo recibe años, los transforma.
Por un 2026 donde no pare la música, la rumba y los buenos momentos a su lado.
Nos leemos en la siguiente fiesta.
