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Entrevista con Los Calzones: todo sobre su nuevo disco Huella

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Con casi cuatro décadas de trayectoria y un sonido que ha resonado desde los barrios más profundos hasta los estadios más imponentes de Latinoamérica, Los Calzones regresan a México para reafirmar su vigencia en la escena del ska. No son solo una banda; son un pilar fundamental del género, un referente de energía inagotable y poseedores de letras que, con una ironía punzante, mantienen una actualidad social y política sorprendente. Antes de su doble desembarco en el Lunario y el festival Tlaskalita, nos sentamos con los argentinos para desentrañar los secretos de su esperado nuevo material y entender cómo se mantiene viva la llama tras 37 años de camino.

La euforia es palpable entre los seguidores mexicanos, quienes han respondido agotando las localidades VIP del Lunario a semanas del evento. Esta visita no es una más en el calendario; representa la culminación de un proceso creativo que dio a luz a Huella, su primer disco en cinco años, grabado con una mística casi artesanal. En medio de esta expectación, la banda nos abre las puertas a su filosofía actual: una mezcla de madurez sonora, “mañas de viejitos” en el estudio y esa mirada crítica hacia un mundo que parece no aprender de sus errores.

El ska, como la vida misma, es un género de contrastes: es fiesta y es reflexión; es comunidad y es rebeldía. Pocos entienden esa dualidad tan bien como ellos, quienes se mueven con la misma naturalidad en la pulcritud de un recinto profesional que en el sudor y el desenfreno de la periferia urbana. En esta charla franca y directa, Los Calzones nos hablan de su inquebrantable espíritu, la meticulosa creación de su nuevo álbum con sabor añejo, y esa “mierda” de la política que, aunque cambie de color, sigue alimentando himnos que no conocen la fecha de caducidad.

¿Cómo están los ánimos de cara al Lunario y a la “Escalita” (Trascalita) aquí en México?

Estamos muy contentos por ambos. En el Lunario nos acaban de confirmar que se agotaron las entradas VIP y ya se vendió más del 50% de los tickets faltando más de un mes, lo cual es una alegría enorme. El Trascalita nos encanta porque es una fiesta de toda la tribu ska.

Son dos conciertos muy diferentes: el Lunario es un foro experimentado y el otro es la periferia, el barrio. ¿Cómo vive la banda esta dualidad?

Haces bien en remarcarlo. En el Lunario armamos un listado de dos horas; les preguntamos a los fans por redes qué querían escuchar y estamos ensayando temas que hace mucho no tocamos. El Tlaskalita son 40 minutos donde la tribu ya está enfervorizada. En el Lunario tienes a la gente cara a cara, es íntimo; en los festivales le hablas a una gran masa y esa energía también es increíble cuando te abraza.

El Lunario es un lugar de bandas consagradas. ¿Ustedes se sienten ya en ese estatus dentro de la escena?

Nosotros no nos sentimos consagrados de nada. Disfrutamos hace 37 años que tocamos juntos y cómo nos recibe la gente. ¿Quién dice qué es ser consagrado? En una carrera tienes picos de popularidad, subes y bajas. Tenemos la tranquilidad de la trayectoria y la alegría de tocar en un lugar que suena tremendo.

Hablemos de Huella. ¿Qué hay detrás de este nuevo disco tras cinco años desde el anterior?

Son 13 canciones grabadas en Miami y mezcladas en Los Ángeles con Gustavo Borner, nuestro ingeniero de siempre. Siento que toda nuestra experiencia está plasmada aquí. Hay un abanico más abierto; temas como “Juntos” tienen una cosa íntima que quizá antes nos guardábamos para nosotros, pero por supuesto tiene todo el ska y el power que nos gusta.

¿Siguen una línea de composición definida hacia el ska-punk o permiten que entren otros estilos?

Cuando nos juntamos a ensayar, todos suman. Las canciones nacen como “zapadas” (improvisaciones); grabamos todo, probamos estilos, más o menos distorsión, hasta que quedamos conformes. El reto es plasmar esa energía en el estudio. Con Huella estamos orgullosos porque, a nuestro criterio, es el mejor de nuestros diez discos en cuanto a sonido.

Sobre las letras, además de lo íntimo, ¿veremos esa parte contestataria y de lucha que los caracteriza?

Sí, por supuesto, son infaltables. Siempre tenemos algo de qué quejarnos y más en estos días. De la “mierda” de la política no esperamos nada, no pasa por si es derecha o izquierda; en Argentina vivimos todas las especies y no nos sentimos representados. Pero siempre elegimos la democracia, aunque sea una “mierda” más clara o más oscura, porque no va eso de que no te dejen elegir. No podemos caer en el conformismo de estar frustrados y ya.

¿Creen que el arte y la música realmente pueden cambiar el mundo tras tantos años de intentarlo?

Nosotros no vamos a cambiar nada por más que empujemos, pero sabemos que nuestro granito de arena está ahí. Nos encantaría que cambie, pero da la sensación de que va para peor: los de arriba se enojan, tiran misiles, muere la gente y ellos siguen en su lugar de poder.

¿Qué nuevos aprendizajes les dejó grabar Huella después de tres décadas en esto?

Elegimos un estudio donde grabó gente como Stewart Copeland (The Police). Nos pusimos “mañáticos”: usamos micrófonos vintage, grabamos en analógico lo más posible, consolas antiguas y teclados acústicos. Las reverbs son naturales de la sala. Pusimos en marcha todas las mañas de viejitos de 37 años de carrera.

Si tuvieran que elegir un himno, ¿cuál sería? Se dice que “Levanten las copas” es fundamental…

Esa nació de una tremenda borrachera nuestra cuando éramos más jóvenes. Ahora nos cuidamos un poco más (risas). En esa época, en el disco Mugre, empezábamos a investigar lo digital pero veníamos de lo análogo. La gente se enganchó de forma increíble. Nosotros hacemos las canciones para nosotros; hay una parte de ego ahí, pero sentimos que si las disfrutamos nosotros, ese disfrute le llega a la gente.

Muchos de sus temas terminaron en las tribunas de fútbol como porras. ¿Cómo se vive esa popularidad?

La primera vez en Argentina casi me pongo a llorar. Es fuertísimo porque marca un pico de popularidad gigante. No compones para que eso suceda, pero si pasa, la energía que te vuelve es lo máximo. Somos muy agradecidos de que pase en muchos países de Sudamérica. Y prepárense, que cuando escuchen “Juntos”, va a pasar lo mismo.

Periodista musical egresado de la UNAM; ahora editor SEO, reportero y fotógrafo de esta H. revista digital, con más de siete años en el mundo de las notas, reseñas y opiniones de la industria musical. Interesado cien por cien en la búsqueda de nuevos sonidos, tendencias y datos históricos.

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