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El Pasajero del Diablo: Una de las películas más decepcionantes de André Øvredal

Más ruido que terror: El Pasajero del Diablo se pierde entre clichés, jumpscares y oportunidades desperdiciadas.

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El Pasajero del Diablo
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Después de que hace tres años André Øvredal nos presentara Drácula: Mar de Sangre, una película que dividió opiniones entre los fans del terror y del relato de Drácula, ahora el director noruego regresa con una producción que, increíblemente, nos hace valorar mucho más lo que hizo con aquella cinta.

De qué va El Pasajero del Diablo

Tras presenciar un terrible accidente en la autopista, una joven pareja pronto descubre que no salió ilesa del lugar del siniestro. Una presencia demoníaca conocida como “El Pasajero”, que no descansará hasta atraparlos, convierte su viaje por carretera en una auténtica pesadilla.

El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures
El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures

El Pasajero del Diablo, terror “carretero” sin rumbo

Realmente cuesta trabajo asimilar que alguien detrás de películas como Trollhunter (2010)La Morgue (2016) pueda entregar un producto tan inferior como El Pasajero del Diablo.

Y es que la premisa sobre la que se construye la película sí tenía potencial. ¿Cuántas veces no hemos escuchado leyendas de terror relacionadas con carreteras? Son espacios solitarios, oscuros y perfectos para construir historias inquietantes. Incluso en México tuvimos algo similar con Kilómetro 31 en 2006.

El problema es que El Pasajero del Diablo desperdicia prácticamente todas sus oportunidades. La producción intenta adaptar este concepto al entorno estadounidense utilizando elementos como la cultura vanlifer y su sistema de señales en carretera, algo que funciona, pero que jamás termina de desarrollarse de forma interesante.

El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures
El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures

En cambio, la película opta por construir una mitología superficial que termina mezclando elementos religiosos sin demasiado impacto. A esto se suma un manejo del terror bastante predecible: literalmente parece que André Øvredal decidió colocar a la entidad exactamente donde el espectador espera verla, acompañando cada aparición con screamers exageradamente altos para intentar provocar sobresaltos fáciles.

Creo que uno de los mayores problemas de El Pasajero del Diablo es que jamás consigue construir una identidad propia. Durante gran parte se siente como otra película moderna de terror obsesionada con resolver todo a base de jumpscares y apariciones repentinas, sin realmente trabajar una atmósfera que le dé personalidad.

Pero lo más extraño es que, de repente, la cinta intenta cambiar de tono y mete una secuencia que parece salida directamente de Destino Final, dejando al espectador preguntándose qué tipo de película está viendo realmente. Y es justo ahí donde termina de derrumbarse todo, porque la historia nunca define hacia dónde quiere ir: si busca ser un relato sobrenatural serio, una experiencia de terror psicológico o simplemente una colección de sustos fáciles unidos por una trama improvisada.

El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures
El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures

La película, al menos en términos de producción, sí deja ver que hubo dinero detrás. La fotografía luce bastante bien y los escenarios en carretera están bien seleccionados. El problema es que todo ese apartado técnico termina sintiéndose desperdiciado cuando el terror entra en escena.

Y no es que una película necesite efectos enormes para funcionar; muchas veces el terror más efectivo nace justamente de propuestas sencillas. El detalle aquí es que El Pasajero del Diablo jamás logra transformar esa simplicidad en algo verdaderamente inquietante. La entidad luce genérica y llega un punto donde todo parece una versión light de otras películas de carretera que ya vimos antes.

A eso también se suman unas actuaciones bastante flojas por parte de Jacob Scipio y Lou Llobell. Ninguno consigue entregar un momento realmente memorable y la química entre ambos tampoco termina de convencer. Incluso la propia película parece olvidarse por largos lapsos de que estamos siguiendo a una pareja, ya que el guion abandona por momentos al personaje de Scipio para enfocarse casi por completo en Llobell, solo para después acordarse repentinamente de que ambos deberían importar dentro de la historia.

El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures
El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures

La confrontación final tampoco ayuda demasiado. Además de sentirse apresurada gracias a varios “guionazos” bastante convenientes, termina convirtiéndose involuntariamente en una secuencia cómica que le resta seriedad a los pocos elementos rescatables de la película. Si decides aventurarte a verla, probablemente entenderás exactamente a qué nos referimos.

Irónicamente, lo mejor que hizo El Pasajero del Diablo fue su publicidad. El promocional que circula en redes sociales es breve, efectivo y vende bastante bien esta idea de horror en carretera. De hecho, esos pocos segundos generan más tensión que varias secuencias completas de la película. Lástima que todo termine quedándose en una gran promesa que jamás logra cumplirse.

El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures
El Pasajero del Diablo | Imagen: Paramount Pictures

André Øvredal pasó de construir atmósferas incómodas en La Morgue a entregar una película incapaz de generar tensión real por más de unos minutos. Y quizá eso es lo más aterrador de El Pasajero del Diablo: no su entidad demoníaca, sino ver cómo una premisa con tanto potencial termina convertida en otro producto genérico de jumpscares.

¿Vale la pena verla en salas? Honestamente, no. ¿Esperar al streaming? Sinceramente, ni eso. Y si algún día aparece en plataformas, quizá lo mejor sea ignorarla… aunque siendo justos, al final quizá lo más rescatable de toda la experiencia sea escuchar “The Passenger” de Siouxsie And The Banshees durante los créditos finales.

Metalhead, reportero de Pólvora desde el 2014 y redactor para noticieros de televisión desde el 2021. Apasionado de escuchar discos de principio a fin, las películas de más de dos horas, además de un gran entusiasta y escucha de la escena de metal de México.

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