Pólvora Live
Nortec: Bostich + Fussible: 25 años de un Tijuana electrónico que conquistó al mundo
Nortec, el colectivo que llegó de Tijuana hace 25 años liderado por Bostich y Fussible, festejó en grande su aniversario en la CDMX.
El Pepsi Center de la Ciudad de México se llenó de nostalgia y celebración con el concierto por los 25 años del Nortec: Bostich + Fussible, el colectivo tijuanense que revolucionó el los dos miles al fusionar norteño con electrónica; visuales, beats y memoria, miles revivieron la banda sonora de su juventud.

El eco de una revolución sonora
Nortec Collective nació a finales de los noventa, justo en un momento en que la frontera de Tijuana hervía de creatividad y contradicciones. En 2001 apareció el álbum “The Tijuana Sessions Vol. 1”, un manifiesto que llevó a la agrupación a escenarios internacionales. Desde entonces, sus mezclas únicas de música norteña y electrónica se convirtieron en una marca cultural que trascendió géneros y territorios. Estuvieron nominados al Grammy y al Grammy Latino, musicalizaron exposiciones de arte y festivales globales, y pusieron a México en el mapa electrónico de forma irrepetible.
La celebración de 25 años en la CDMX fue un repaso de toda una historia. Los asistentes, en su mayoría millennials que rondan hoy la cuarentena, regresaron a sus años de juventud, cuando un grupo de músicos tijuanenses mezcló acordeones, tubas y tarolas con sintetizadores, beats electrónicos y bajos retumbantes para crear un sonido que nadie había escuchado antes: el Nortec. Desde los primeros beats, el público sintió esa descarga nostálgica que conecta directamente con los primeros años de los dosmiles, cuando canciones como “Tijuana Sound Machine” y “Tengo la Voz” eran el soundtrack alternativo de fiestas, raves y noches interminables en bares de culto.

Nortec, unos vaqueros galácticos rockanrolleros
Bostich (Ramón Amezcua) y Fussible (Pepe Mogt), el dúo más visible, se encargaron de conducir la narrativa sonora, mezclando beats clásicos con visuales renovadas. La trompeta, el acordeón, la guitarra y la tuba incorporaron influencias de jazz y texturas experimentales que aportaron la sensibilidad conceptual de los primeros discos. Ver de nuevo a Nortec juntos, recordó que se trataba de un colectivo más que de una banda.
En las pantallas se proyectaron imágenes de archivo: flyers de los primeros toquines en Tijuana, fotografías en blanco y negro de la frontera, y visuales geométricos que siempre acompañaron la estética del grupo. Esa combinación de memoria y presente hacía sentir al público parte de una crónica viva.
El público fue protagonista. Miles de personas corearon y bailaron con la misma energía de hace dos décadas, un recordatorio de cómo la música logra congelar momentos de vida. La mayoría de los asistentes fueron millennials que descubrieron a Nortec en los albores de su juventud, cuando el internet apenas empezaba a expandir las escenas underground y MySpace era la ventana a la música emergente.

La nostalgia como protagonista
Las parejas bailaban al ritmo de polkas sintetizadas, los amigos levantaban vasos de cerveza como si regresaran a una fiesta universitaria, y muchos no podían evitar grabar fragmentos para compartirlos en redes, pero también se dejaban llevar por la vibra de estar en una comunidad de música electrónica pero con sombrero norteño. Hubo un instante en que todo el Pepsi Center cantó al unísono, “Tijuana Sound Machine” con un aire de ritual colectivo, como si los años no hubieran pasado.
El setlist recorrió todos los momentos clave: desde “Norteño Minimal” hasta “Tijuana Makes Me Happy”, pasando por colaboraciones con músicos de banda sinaloense y reinterpretaciones electrónicas que mostraron lo vigente de su propuesta.
Y cuando llegó el turno de “Tijuana Sound Machine”, las luces estallaron y el público brincó sin descanso, coreaba cada palabra y se abrazaba como si ese beat pudiera detener el tiempo.
La noche terminó con una sensación clara: lo que comenzó en Tijuana como un experimento electrónico terminó convertido en una identidad cultural que trascendió generaciones. Nortec cumplió 25 años y lo celebró con un concierto que no fue solo un aniversario, sino un ritual de memoria colectiva. Quedó flotando en el aire del Pepsi Center la certeza de que, al menos por unas horas, todos volvieron a ser aquellos jóvenes que descubrieron que un acordeón también podía sonar en una pista de baile electrónica.

