Cine
Lecciones de un pingüino: Un dramedia reflexivo con toque británico e inesperadamente conmovedor
Tras deleitarnos en 1997 con su ópera prima y comedia británica entrañable: The Full Monty, así como algunos proyectos más, Peter Cattaneo, vuelve a la silla del director con la película que oscila entre el drama y la comedia, Lecciones de un pingüino. Cinta que cuenta con las actuaciones de Steve Coogan en el papel principal, siendo acompañado por el genial actor Jonathan Pryce y apoyado del siguiente elenco, Micaela Breque, Alfonsina Carrocio, Vivian El Jaber, Ramiro Blas y David Herrero.

Dicho trabajo se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto en el 2024, y por fin, las Lecciones de un pingüino ha llegado ante nosotros directamente a la pantalla grande con un relato nada perfecto, pero único por su tema social, la fuerza de su reflexión y el cual, al menos, debe tener un visionado en tu vida adulta para apelar a nuestros sentimientos.
Pero todo lo que nos lleva hasta este punto vio la luz por allá del 2015, a través del libro homónimo, el cual nos narra algunas memorias de Tom Michell y su andar en Argentina en el año de 1976 y su inesperado encuentro con ese pingüino que le cambió la vida y perspectiva de la misma. Así que con ello en mente y papel, Jeff Pope se dio a la tarea de adaptar en guión este andar, y fragmento de la vida para la pantalla grande, contando con el apoyo y asesoría del mismo Michell.
¿Qué Lecciones de un pingüino obtendremos de este filme?

De qué va Lecciones de un pingüino
Tom Michell (Steve Coogan) un hombre inglés desilusionado de la vida, sarcástico y frío, va a trabajar a una escuela de alta categoría en Argentina, durante el año de 1976. Lugar donde espera tener un panorama tranquilo que no le exija mucho y tener un camino fácil tanto en lo laboral como en lo personal.
Pero tras su llegada descubrirá una nación llena de desapariciones, complicada y dividida por la política, así como un miedo por el ejército y que la misma justicia es silenciosa. Así como tener que enseñar a una clase de niños prácticamente imposibles de enseñar, los cuales no están interesados en aquellos conocimientos que el profesor quiera compartir.
Algo acontece y hacen que la escuela cierre por una semana.
Así que al tener un momento para vacacionar, y como si el destino lo hubiera llevado directo hacía allá, conoce a Carina (Micaela Breque) en una noche de baile, bebidas y charla reflexiva que los lleva a andar en una playa tras el primer rayo de sol. Ambos descubrirán un grupo de pingüinos bañados en petróleo. Entre la escena triste y devastadora, hay un pingüino que trata de luchar por su vida. Así que Carina pide la ayuda de Tom para salvarlo de tal escena.
Lo que el maestro no sabe es que dicho momento dará un vuelco a su vida, y el pingüino se convertirá en un compañero de viaje único, así como un valioso amigo y maestro de las lecciones más importantes que Tom necesitará para cambiar su vida, y porque no, de igual forma la de todos aquellos que lo rodean.

“Solía ser joven e idealista como tú. Pero perdí algo. Y tuve miedo. La vida te cambia.”
El guión de Jeff Pope para Lecciones de un pingüino oscila entre el drama y la comedia, manteniendo la esencia y espíritu de aquellas memorias del verdadero Tom Michell, y aquellas cintas de video que lo inspiraron a dar a conocer este viaje e historia única.
Pope no se olvida de añadir el toque y sentido del humor británico, así como dejarnos ver como ellos ven algunas veces la vida misma. Pero también se encarga de compartir momentos personales de reflexión social e interior, al igual que las conexiones humanas que tenemos en nuestro mayor tiempo de oscuridad.

Claro que el guión funciona por los personajes de Tom Michell y el pingüino: Juan Salvador. Aunque la historia nos puede resultar conmovedora hasta las plumas, Lecciones de un pingüino, utiliza una pequeña parte del panorama sociopolítico de Argentina como trampolín para adornar el entorno, traer a ciertos personajes a la puesta en escena y añadir ciertos momentos que nutrirán este trabajo. Y donde podría añadir un dramatismo más potente, se diluye en un desacierto, pero se decanta por la evolución de nuestro protagonista y las relaciones como evolución que tiene con ciertos personajes a su alrededor.
Pese a que Lecciones de un pingüino no es perfecta por no tomar en su totalidad las riendas de ciertos temas como la política y las desapariciones, pues apela más a esa dramedia, es claro los mensajes acertados que nos quieren dar con tan poco, aunque a veces es mordaz como bella en sus palabras, también no hay tanta profundidad.

Como diría (parafraseando) el personaje de Michell a María Álvarez (interpretada por Vivian El Jaber) la cual sufre por una desaparición de alguien cercano en cierto momento del filme: “No necesite cambiar ninguna palabra de esta carta. Porque viene desde el alma, y si esto no llega a donde tiene que ser. Te apuesto que el tiempo hará llegar estas palabras al lugar esperado.”
Sí, hay cosas que en Lecciones de un pingüino se pasan por debajo de la mesa, no se exploran del todo y solamente sirven para nivelar la historia principal la cual toma un camino más seguro y fácil pero garantiza el dibujar una sonrisa en nuestro rostro, una lágrima y sensación de paz y tranquilidad tras terminarla. Porque el guión de Pope y la astucia de Cattaneo se acerca al tono preciso y la historia que Tom Michell vivió y escribió.

Explora una amistad inesperada entre dos mundos, dos almas rotas que buscan sanarse y pertenecer a algo sin que el mundo los olvide. Demostrando que algunos actos y momentos de bondad, pueden cambiar el mundo a nuestro alrededor como nuestra alma y perspectiva.
Todo lo anterior se endulza y enaltece de cierta forma con la banda sonora de Federico Jusid, quien nos deleita con un ritmo amable, personal y encantador por momentos. Sin olvidar deleitarnos la pupila con la fotografía de Xavi Giménez, que va desde los tonos fríos y claros, haciendo igual una mezcla de ambos para contarnos, a veces, lo que los diálogos no pueden.

Adentrándonos en el terreno de la dirección: Peter Cattaneo nos brinda en Lecciones de un pingüino un dramedia divertido, sensible y lleno de capas, matices y momentos con ciertos elementos que construye una adaptación entrañable, fácil de digerir e inteligente para apelar a nuestra vena dramática.
Cattaneo respeta las memorias y acierta por una dirección sincera, profunda pero muy entrañable y divertida en Lecciones de un pingüino. La habilidad tras la cámara de él es contar mucho con tan pocos recursos y dar cierta importancia a ciertos momentos de este trabajo, aunque no sea su fuerte lo político pero si esa extravagancia que existe entre Steve Coogan y Juan Salvador.

Hablando sobre Steve Coogan en el papel de Tom Michell en Lecciones de un pingüino, es hablar sobre un personaje bien balanceado, qué dice todo aquello que tiene en mente y todo lo que desea sin importarle a quien tenga en frente. Primero un educado, seco, ácido y muy serio hombre de estudios pero que con el paso del tiempo encontraremos a alguien que se hunde en su propia mente, y se castiga en silencio por algo del pasado sin saber apreciar lo que tiene a su alrededor, el cual disfruta de ciertas banalidades para evadir ese vacío que ostenta.
Es ahí, donde Coogan aporta igual una desfachatez mientras es observador del camino de un pingüino y en lo que él encuentra un lugar en este mundo triste donde habita, así como entender lo crueles que pueden ser algunos adolescentes y como ciertas ideas como miedos, pueden ser un golpe de estado potente.

Así que tras conocer al pingüino, Juan Salvador, vendrá un toque oportunista, real, pero sobre todo introspectivo, el cual lo ayudará a tener conexiones con otras personas y salir adelante junto con la misma historia. Por su lado, Juan Salvador, será el punto clave para abrazarnos, darnos ese toque de ternura y atención al detalle que sus momentos en pantalla nos brinda.

Sin olvidarnos de mencionar a Jonathan Pryce como Timothy Buckle, un director elegante y estricto, que formará a ser una menor fuerza antagónica para nuestro protagonista pero muy importante, y quien nos deja claro que en su institución: NO SE ACEPTAN ANIMALES. Punto por el cual, nos encantará ver la química de ambos y como el personaje de Michell se las ingenia y sortea para que no descubran a su amigo dentro del colegio y las Lecciones de un pingüino sigan su curso.
Otros tres pilares y no menos importantes serán, Björn Gustafsson como el compañero de ciencias de nuestro protagonista. Y quien pondrá a prueba al personaje de Coogan para soportar a alguien que habla hasta por los codos pero puede ser su ancla de salvación para sobrevivir a la vida académica y fuera de los muros de aquella escuela.

Mientras que Alfonsina Carrocio como Sofía Álvarez, sobrina de María Álvarez (Vivian El Jaber) le enseñarán al personaje de Michell lo que es la toma de decisiones, los cambios inesperados y ver todo lo que sucede a su alrededor. Igual El Jaber con su personaje ayudará a sobrevivir al principal en esa Argentina (bajo el contexto de la premisa) que destruye los pensamientos diferentes, quema ideas y te hace vivir con miedo de la justicia comandada por un cruel y frío agente del orden (Ramiro Blas) que con su voz y presencia impone sin decir mucho.
Lecciones de un pingüino es un triste pero reflexivo fragmento de la historia, el momento donde un hombre tras un suceso inesperado, debe buscar su propia paz y luz en un panorama de miedo y caos, esto para compartir en los demás una pequeña parte de esperanza que les ayudará en ese momento lleno de oscuridad y tristeza.

Jeff Pope da pinceladas de profundidad con un contexto social y político que permite que la historia dentro del guión cobre frutos y sea de un irresistible impacto que nos apapache el corazón.
Peter Cattaneo nos entrega visualmente un viaje profundo sobre la amistad, las conexiones humanas y los momentos que nos forjan y nos brindan una segunda oportunidad; Coogan es alguien que sabe balancearse entre el drama y la comedia de una forma sencilla y sin mucha complicación, haciendo que su presencia en ciertos momentos se sienta cansada, desinhibida, reflexiva y ácida.
Lecciones de un pingüino tiene su lado divertido y su seriedad, lo cual nos arroja un entretenimiento reflexivo, sensible y recordándonos que las mejores lecciones de la vida, se encuentran en lo inesperado.
