Cine
AVATAR 3: Fuego y Cenizas, es un puente caótico con un toque de oscuridad y rareza
Este nuevo trabajo de James Cameron nos brinda drama interpersonal e intrafamiliar, así como un espectáculo exquisito por lo visual…
Prepara tu alma, corazón y mente, porque volveremos al mundo salvaje de Pandora, el cual se llenará de un ligero toque de oscuridad con un nuevo clan Na’vi y la incesante cacería de Quaritch. Sin olvidarnos del Fuego y Cenizas que esta tercera entrega de Avatar nos trae para la gran pantalla y con la genial visión de su director: James Cameron y el ensamble actoral al cual ya estamos acostumbrados como un nuevo añadido, Oona Chaplin y Miley Cirus con el tema principal: Dream As One.
El camino de Avatar comenzó por el ya lejano 2009, siguió con El Camino del Agua en 2022, y ahora, nos sitúa en la recta final del 2025 con Fuego y Cenizas, saga que busca extenderse con la cuarta y última quinta entrega en 2029 y 2031 respectivamente.
Aunque creo que te preguntarás el por qué mencionamos lo anterior. Pues sin duda alguna, es por las últimas declaraciones que su director mencionó antes del estreno. Y lo cual, parafraseando, se lee de la siguiente manera: “Si Avatar 3 no tiene el éxito esperado, estoy conforme y algo satisfecho con que esta nueva entrega y cierre de tal manera.”

Pero no podemos engañarnos, en que lo creado por el canadiense será ese esperado (por algunos) blockubuster para acabar la temporada decembrina e intentar cerrar bien el año.
En este punto, debemos darle la razón a lo dicho por el personaje que interpreta Sigourney Weaver, la Dra. Grace Augustine en la primer cinta de Avatar: “Pandora está llena de peligros, y uno de los menos conocidos es que puedes acabar amándola demasiado.”
Avatar: Fuego y Cenizas nos llama con Eywa, y nos hace preguntarnos si será una nueva e impresionante tercera entrega de este mágico universo o simplemente, una extensión con ases bajo la manga que pierde conexión con su naturaleza, siendo un puente extraño.

De qué va Avatar: Fuego y Cenizas
Un año ha transcurrido, la familia Sully pudo asentarse con el clan Metkayina y aprender sus costumbres, espiritualidad y camino.
Pero, aunque pareciera que hay luz con ello, Jake (Sam Worthington) y Neytiri (Zoe Saldaña) siguen en proceso de duelo tras la muerte de su primogénito: Neteyam (Jamie Flatters) a mano de uno de los soldados de la RDA.
Mientras él lidia con ello manteniéndose ocupada su mente en buscar armamento perdido y olvidado por la gente del cielo en lo más profundo del agua donde ocurrió una guerra, y así prepararse para lo próximo por venir. Ella, se aferra a los recuerdos de su conexión, al odio por aquellos que no son de su especie y buscar venganza por aquella muerte que le deben.
En medio de ese dolor y tristeza, el camino se divide entre el Fuego y las Cenizas.
Por un lado, Quaritch (Stephen Lang) vuelve al ruedo para reactivar su cacería por la familia Sully, principalmente llevar la cabeza del patriarca a la RDA, y así, terminar de una vez por todas con aquel que lo comenzó todo. Esto hará que la familia tenga que desplazarse de nueva cuenta, pero en medio de ello, aparecen unos piratas aéreos, una nueva y agresiva tribu Na’vi, el clan Mangkwan, conocido como el Pueblo de las Cenizas, los cuales tienen gran odio en su interior y no les importa cortar trenzas y destripar lo que tengan delante suyo.
Ellos serán liderados por Varang (Oona Chaplin) la cual, tendrá una letal alianza con el archienemigo de Jake, Quaritch, y que provocará un conflicto en Pandora de consecuencias devastadoras y cambiará las reglas del juego.
“El fuego de la ira, mantiene viva las cenizas de la tristeza.”

EWYA MÁS CERCA QUE NUNCA…
No puedo engañarlos, aquí habrá amor y un poquito de odio. Porque sí, soy un fan a este universo y el mensaje creado por James Cameron, no por nada mis escritos por acá en Pólvora intentando revivir las dos entregas anteriores para tener todo fresco en la antesala y darle la bienvenida a esta tercera entrega que es Avatar: Fuego y Cenizas.
La nueva entrega de Avatar, nos ofrece un poco más de lo mismo, quizás para algunos es vacía en cuanto al mensaje que nos marca. Pero el guión de James Cameron, Rick Jaffa y Amanda Silver va más allá de adentrarnos al mágico mundo de Pandora y sus grandes destellos visuales.
Nos habla sobre una carrera armamentista, el caos y destrucción del ejército y el toque mortal o maquiavélico que tienen algunos humanos ante algo natural o inexplorado. El crear tu propia guerra apoyado de aquello que odias; sobre los engaños, mentiras y la dura verdad dentro del mismo odio y las decisiones de nuestro pasado.

Pero nivelado con el mensaje de esta Eywa, aquí igual nos hablan sobre el haber perdido a un ser querido, la depresión y cómo algunos lidian con ello; sus consecuencias y la manera que buscamos culpar, saciar o sanar ese hueco dentro del cuerpo y el alma.
Ambos arcos e historias componen una canción tribal de Fuego y Cenizas para Avatar.
Y aunque pareciera que no tiene un mensaje, al menos es lo poco que hemos podido rescatar de esta entrega algo inconexa por momentos.
Más cuando hace que algunos personajes importantes en entregas anteriores, Ronal (Kate Winslet) y Tonowari (Cliff Curtis) tengan unos destinos y desarrollos bastante cuestionables, así como traer de vuelta a Selfridge (Giovanni Ribisi) y justificarlo por medio de un diálogo.

Soy fan, pero debo mencionar que yo no la sentí como una nueva entrega, es más como un 2.5 del trabajo anterior, una leve extensión donde temieron jalar un gatillo y cambiar todo al romper la fórmula, así como la sustancia establecida con anterioridad. Se permite arriesgarse muy poco al enmarcarse como un genial blockbuster para cerrar el año 2025.
Claro, Cameron nos entrega desde la primera algo estimulante, único y enriquecedor, mientras que, en la segunda, nos explica la complejidad de esto que yace dentro de Pandora, dentro de los clanes. Pero ahora, en la tercera, nos da un retroceso, algo sin alabar, quizás lo visto aquí es una conexión para entender que hay cientos de clanes na’vi dispersos y solamente hemos visto la punta de lanza.
Así como explicarnos cómo funciona y por qué Eywa intercede -o no- ante grandes eventos de Pandora.

Puede que el guión sea irregular, mientras ostenta unas actuaciones geniales que se comprometen con su personaje y sus momentos. Cameron continúa superándose tecnológicamente y haciendo un espectáculo de proporciones taquilleras, pero el relato se siente repetitivo, en donde desperdicia cruelmente a la tribu de las cenizas, no aprovechando toda su temática salvaje, oscura y provocadora para así liberar su máximo. Nos da leves destellos de lo que pueden hacer con su crueldad.
Entre los tropezones que esta nueva entrega de Avatar puede tener, vamos por lo interesante pero que queda un poco a la deriva.
Avatar: Fuego y Cenizas se siente como un puente a pequeña escala (o un final nada satisfactorio si pintan mal los números en la taquilla); este nuevo capítulo ocupa un alma espiritual y casi religiosa que en sus anteriores entregas no se veía tan reflejado, todo siendo llevado de la mano por el personaje de Kiri (Sigourney Weaver) y que se convierte en algo mesiánico al dejarnos ver el camino extraño de Eywa y entender su funcionamiento y rol.
Dejando pistas, claves, un extraño camino que nos lleva al todo, a la conexión, a lo oculto y al mismo crecimiento; algo lento y sin mucho desarrollo este punto pero se adentra en entorno seguro, mostrando como va cambiando el tablero de juego dentro de la misma Pandora y como Eywa observa detenidamente.

Añadido a lo de Kiri, tenemos a Spider (Jack Champion) quien toma una fuerte presencia y lugar aquí por algo importante que ocurre aquí, el poder respirar el aire puro de Pandora. De qué forma, no te lo diremos porque necesitas ver la cinta. Pero con ellos, las reglas se rompen y cambian el juego; más con ese final que puede tomarte demasiado desprevenido para ser procesado luego de los créditos, lo cual se acompaña de la siguiente frase que es muy: “Sabes lo que dicen de Pandora, nadie que muere aquí muere en realidad.”
Pero si de algo estamos seguros, esas dos tramas tienen mucha relevancia dentro de este viaje, pero no se fortalecen de una manera óptima o en la escala correcta que se esperaría.

DEJA QUE EL FUEGO TE MARQUE…
Entre líneas comentamos esos aciertos que su creador tiene, a pesar de los problemas que encontramos en guión, historia y algunos personajes. Pero lo que falta de narrativa o empuje, se sostiene por su ensamble actoral y el juego visual y mágico que está entrega de Avatar puede dar.
Por momentos inmersiva, la cual se vuelve un destello visual para nuestras pupilas y nuestros sentidos si estás comprometido desde la primera entrega.
Como en búsqueda de la adelita, tiene un gran despliegue de efectos por aire, tierra y mar. Dejando que la producción se luzca con sus elementos, haciendo de este trabajo algo difícil de resistir y disfrutar su intensidad que va de menos a más en un viaje de más de tres horas y cuarto.
James Cameron nos da un dominio innegable tras la cámara, brindando una aventura épica en la que el drama interpersonal e intrafamiliar tapa los raspones y caídas que el más reciente trabajo de Cameron pueda tener en este espectáculo exquisito

Podemos ver que, aunque este sea un puente, la tercera entrega de Avatar es grande, intensa y contundente (más o menos) en cuanto a la oscuridad y toque salvaje que Cameron quiere darle a un trabajo sombrío pero lleno de colores por la nueva incorporación que trae de historia y personajes.
Cambiando y caminando por el apartado de las actuaciones, tenemos a Sam Worthington como Jake Sully, quien sigue comprometido con este personaje, pero algo desorientado (dentro de la misma historia), dejando ver que ese dolor silencioso lo abruma por haber perdido a su primogénito en medio de una guerra. al heredero perfecto y aquél que le haría limpiar todos sus errores y pecados.
Hay cierto reflejo y punto agridulce como dramático entre Jake y Lo´ak, aunque ambos entablaron una conversación rápida en la entrega anterior. Se puede notar y sentir ese espejo con ciertas grietas entre ambos, así como cambios durante ese desarrollo indirecto y a veces, directo. Lo cual nos hace notar la imperfección, el error y la impulsividad que padre e hijo comparten, donde Worthington y Britain Dalton logran explorar de cierta manera.
Pero si esto fuera poco, también hay un juego actoral con Jack Champion que interpreta a “Spider”. Ambos para el trayecto final, se unirán en una escena tensa, maquiavélica y llena de referencias biblicas, donde podemos apostar, vas a clavar las uñas en el asiento si te comprometiste con esta historia desde entregas anteriores.
Quizás la actuación de Worthington no es espectacular, pero logra compartir emociones humanas y anteponerse a la gran tormenta que lo azota para poder ser el mecanismo que apoya y sostiene a Dalton y Champion cuando comparten escena.

Mientras que su compañera en pantalla, Zoe Saldaña encarnando a Neytiri, será alguien que cargará con el drama, negación y odio que la historia busca.
Donde su pilar será el mismo Worthington y nos dejará ver una capa extra de su personaje, lo cual será un punto de desafío para las escenas ya antes mencionadas y punto de inflexión interesante. Haciendo que quizás sea insoportable por sus decisiones (justificadas o no) y actitud. Pero disminuyendo su participación y fortaleza en el tramo final, para ser opacada de cierta forma por un Deus Ex Machina y siendo algo contraproducente para el camino mostrado.

No olvidamos que, en esta ecuación, tenemos a Quaritch (Stephen Lang), aquel que le debe una muerte a Neytiri. Lang vuelve al ruedo como un némesis, un villano que en cada entrega toma fuerza y llega a ser más letal sin ser catastrófico. Aquí el actor logra darle por momentos a su personaje unos destellos de humanidad, miedo, debilidad y oscuridad única que nos hace amar y odiar como se debe al personaje.
Debo mencionar que con Quaritch y Jake, ambos personajes nos muestran un choque de cosmovisiones del aprendizaje y la práctica, la tranquilidad y el caos, algo de opuestos y donde solamente uno quedará en pie. Con dichos personajes hay una balanza entre el equilibrio natural que la madre espiritual proporciona, así como la destrucción y caos que el mismo destino otorgó al nuevo clan. La ley del más fuerte.

Aquí la simbología tiene un gran sentido y peso para esa tribu del fuego y las cenizas, en donde la hostilidad es su carta de presentación del día a día, el fuego es el lado espiritual y de creencias, mientras que las cenizas, es el hogar que reemplazó todo el bonito paisaje que los Omatikaya y Metkayina tuvieron pero no llegaron a ellos porque la misma Eywa los abadonó.
¿Y qué tiene que ver todo ello con los personajes antes mencionados? Que Quaritch, de manera indirecta, encontró a su tribu, se entendió con lo que más odiaba y que, de cierta manera, le dio un poder que antes no tenía.
La relación de ambos es como padre e hijo, en la cual, el primero (Quaritch) se encuentra decepcionado de él (Sully). Hubo confianza, enseñanza y estrategia que se perdió por culpa de un hijo estratégico dentro de una guerra. Mientras que Jake busca proteger la nueva vida que tiene en Pandora y comenzó a amar como comprender. El antiguo coronel no ama, solamente odia, no comprende e impone su devastación.

Alguna vez el personaje de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en la serie True Detective mencionó: “Este es un mundo en el que nada nunca se resuelve. Alguien una vez me dijo: ‘el tiempo es un círculo plano’. Todo lo que hemos hecho y todo lo haremos, lo repetiremos una y otra vez. Y ese pequeño niño y esa niña, estarán en esa habitación una y otra vez, una y otra vez, para siempre”.
Lo anterior lo traigo a colación, porque ambos personajes representan un ciclo, una balanza y un yin yang bastante atractivo pero que, si nos encaminamos a algo natural, terminará con uno de los dos solamente de pie. Donde no hay victorias, donde uno perdió la vida y el otro perdió a uno de los suyos, donde ambos perdieron algo pequeño o grande al mismo tiempo. Donde la esperanza se pierde al igual que la humanidad. Nadie gana.

Por último y no menos importante, se encuentra la magnífica: Oona Chaplin, quien encarna a Varang, la letal líder del pequeño clan de las cenizas. Una villana que no es mala porque sí. Ella y su clan fueron abandonados por las creencias que los rodeaban, por una madre naturaleza que los concibió, una líder que vio cómo todo se quemaba a su alrededor, y que indirectamente, les permitió tener otro enfoque y espiritualidad para así, de entre las cenizas, levantarse e imponer un poder oscuro que hará temblar a otros clanes.
Oona logra cautivarnos con sus expresiones faciales, con su lado más siniestro e ingenuo dentro de la historia en este nuevo capítulo de Avatar, así como sus movimientos al danzar u ocupar el fuego a su favor. Ya sea en ruido o silencio, en compañía de Lang o por separado, Oona logra destacar y tomar fuerte presencia en su interpretación y apariciones. Su actuación hace que nosotros veamos reflejado todo aquello que odia y respeta; el poder no se inclina, lo demás sí ante su presencia erguida y letal.

CONTEMPLA LAS CENIZAS
Y ante todas las conexiones, caricias, golpes o tropezones que puede tener esta tercera entrega de Avatar… ¿Qué nos hace querer volver a Pandora y amar el mundo de Avatar?
Resultará repetitiva y agotadora, pero al final seas o no fan, se vuelve una experiencia visual que enamora la vista y llena el alma. Donde la acción es salvaje y épica como apabullante, no tan elegante como en entregas anteriores, pero si segura de sí misma, feroz y oscura.
Ofrece una que otra recompensa que el público anhela. No es spoiler, pero prepárense para ver de nuevo por los aires a Toruk Makto liderando otra emboscada y gran golpe; aunque Cameron tiene problemas con el guión y la manera de contar ciertas cosas dentro de este trabajo, vaya que sabe cómo ser el emisor de Eywa para el espectador y hacernos disfrutar de algo cautivador y único.

Avatar: Fuego y Cenizas no es perfecta, la historia está bien al ser un puente, pero no logra consolidar con fortaleza única lo nuevo que trae y plantea.
La acción que llena la pantalla es delirante y llena de emoción; un añadido dentro del cine de género, una gran aventura que encontró su alma y voz con algunos fans. Donde su aspecto tribal y espiritual es más complejo y no tan desarrollado. Pero es sugerente con el espectador, aunque algo extraña y llena de casualidades.
Creo que amo este mundo de Avatar por su sinceridad, que es realizada con amor y ostenta una delicadeza para hacernos voltear a ver lo que tenemos a nuestro alrededor en el tiempo y naturaleza. Por su magia y belleza visual en sus escenas, por la fortaleza, quiebre y alma que tienen sus personajes.

El guión de Avatar: Fuego y Cenizas no tiene miedo en alargar, estirar, juntar y romper todo lo que nos quiere contar a un ritmo diferente. Y con su cierre lo demuestra, puede que no sea lo mejor; nos deja con más dudas que respuestas y con un sentimiento de extrañeza, pero sin amargura. Algo que yace ahí por estar y dejando huecos que podrían haberse llenado si ciertas decisiones se tomaran fuertemente y sin miedo.
Donde otras sagas pierden fuerzas, la tercera entrega de Avatar se levanta con dificultad para volver a tomar fuerzas y emocionarnos con lo que trae con su entretenimiento fantástico y espectacular.
